Exponerle a Dios que esas personas no merecían el perdón

  • Deseo compartir mi testimonio de mi experiencia con el perdón.

Hace casi 3 años que termine mi relación de trabajo con una empresa transnacional, mi salida fue algo dolorosa, pues creí que mis esfuerzos no fueron bien remunerados; por lo que al salir de ahí, prometí jamás volver a verlos.

Pasaba el tiempo, y de alguna manera estos ex compañeros hicieron lo posible por acercarse: invitaciones a fiestas, reuniones, salidas al teatro entre otros, pero en mi sólo había una negativa, para que vieran lo que sacaron por no valorar a tiempo mi persona. Mis 3 jefes en particular tenían algo que pagar.

La vida pasaba y había algo que me hacia sentir mal, resucitar esa experiencia negativa en alguna cosa, una frase, visitar un lugar o saber algo de esas personas; esos resentimientos me echaban a perder el rato. Quizá tú pases por esa situación y sabes que aunque sea por un segundo existe un mal sabor con ello, hasta la callada intensión de la revancha, que no te deja disfrutar el momento.

Entonces un Domingo de Agosto, asistí a misa, y a la salida me invitaron a un “Taller del perdón”, que era de precio accesible y sólo me gastaría 2 horas. Así que accedí a este valioso regalo. Y sin conocimiento de los cambios que se iban a dar, fui a la función y no di mucha importancia. Escéptico a todo volví a escuchar las canciones, a repasar la palabra de Dios, y pasaron muchas sensaciones como: el llanto, la risa, la dureza, exponerle a Dios que esas personas no merecían el perdón, y a su vez verme rodeado en la carencia de las cosas la gente que un día me hicieron sentirme bien.

Todo esto fue aconteciendo, y un día la magia se dio, era la mañana del 12 de Diciembre, el Día de nuestra madre “Guadalupe”, cuando revisando de rutina la red Facebook, mi amigo Alan (que nunca dejo de ser mi amigo, solo estaba lejano en la distancia y los sentimientos que envolvieron la situación) me envió una invitación, y sin dudarlo acepté por que mi corazón quería escuchar una explicación a todo.

Corrían los días y veía débiles respuestas, solo un saludo, y no fue sino hasta la Navidad que vi una postal electrónica de parte de Alan, a la que dimos una respuesta rápida. Y la propuesta de reunirnos se concreto 3 semanas después, por que tenía que venir del norte de país. Mientras en un esfuerzo de reflexión pude ver que esos puntos en los que el odio estaba sostenido ya no tenían razón de ser.

El día que lo volví a ver, mantuvimos una platica larga, que de mi parte y de todo corazón confieso estuvo en saber de su vida y su avance profesional. Ya que dos días antes de una forma extraña en misa, sentí una compañía que me hizo ver mi mala fe y lo ridículo de mis argumentos para ese amigo.

Cuando estaba compartiendo la mesa con mi amigo, me hizo una observación que jamás voy a olvidar, y era una especia de extraño reclamo, ya que en esta comida no estaba escuchando ninguna recriminación por los hechos pasados, no había palabras obscenas ni groserías de actitud. Así que tuve que explicar de la manera mas sincera que unos días antes, como una revelación de vida pude ver la libertad en la palabra de Cristo, que me regaló la oportunidad de ver con alegría a un viejo amigo que temía por su integridad.

Si alguna ocasión vez la convocatoria a este Taller de perdón, ojala lo puedas vivir, para darte una oportunidad de experimentar la belleza de la libertad, por que el odio en realidad puede estar aprisionando tu vida.

Roberto Aguilera

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