"…y perdona nuestras ofensas…"

Cuántas veces hemos llegado a rezar literalmente este verso y cuántas de esas veces fueron realmente conscientes de lo que decimos. Lo más probable es que no sepamos realmente por qué Jesús lo mencionó en la oración que nos enseñó, pero al menos debemos asumir que a Él le pareció necesario.

Somos seres que por el bautismo somos liberados de nuestra marca primera que es el pecado original, sin embargo somos pecadores confesos y en constante recaída.

La pregunta es, si hemos sido liberados del pecado original y tenemos la oportundiad de liberarnos del peso del pecado en el cual caigamos ¿por qué muchas personas no logran perdonar ni perdonarse? ¿por que es  tan difícil olvidar, enmendar y superar una condición que por la fe sabemos que ya fue perdonada en las más altas instancias celestiales? ¿por qué olvidamos que Dios es amor y que con nuestro arrepentimiento ya nos perdonó y que a nosotros nos cuesta perdonarnos?

La conciencia humana nos permite diferenciar lo bueno y lo malo la cual se activa de cierta manera para tales circunstancias. Si logra identificar que se ha hecho algo bueno no tarda en poner en ejercicio nuestra satisfacción, si logra identificar que se ha hecho algo malo no tarda en poner en ejercicio nuestro remordimiento. Esta palabra es clave porque busca transmitir que el ser humano es capaz de remorderse, de regodearse en el dolor del pecado, de poder hacer notable el sentimiento de miseria, culpabilidad e imperfección. Al ser incapaces de resolver tal sentimiento sin ayuda alguna  nos apoyamos en nuestro Creador, alguien que sea capaz de liberarnos de tal sentimiento negativo. Y así sucede el sacramento de reconcilicación se llama así justamente porque en primera instancia, por nuestra fe, tenemos el perdón.

El tema crucial es sentirnos perdonados ya que Dios nos perdonó. Debemos elevar nuestra humanidad al máximo para poder hallar el amor que hay en  nosotros, ese amor de creación que cargamos con nosotros, ese amor reparador, amor único y especial de sentirnos uno con la naturaleza. Debemos buscar sentir la armonía desde nosotros hacia afuerza, llevando nuestra espiritualidad a su máxima expresión: ser sujetos de amor con capacidad de amarnos para amar, sujetos de amor con  capacidad de volvernos uno con el mundo, sujetos de amor dispuestos a ser “cosmos”.

Amén.

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