Víctima del Resentimiento

Padre, camino de regreso a tu casa resentido, molesto, enojado, con un grupo de personas, con parientes, vecinos, que se yo… Muchas veces ni siquiera tienen un rostro definido. Simplemente son personas de algún lugar o son un grupo que me significan: daño, temor, resentimiento o rencor. Y camino bordeándolo por mis propios juicios y prejuicios sobre ellos. Son mis resentimientos familiares, vecinales, sociales. Resentimientos que reúno en mi conciencia y ni siquiera es un prójimo, o eres tú mi señor. Es una idea que me he formado y de alguna forma tengo que perdonarme.

Esa insensatez por ambiciones políticas. Borracheras de sociedad en crisis. El poder, cobranza, venganzas y rencores añejos. Mi resentimiento social sale por las venas. No me importa causar destrozos, quebrar vidrios, destruir o incendiar vehículos, bienes públicos o privados. Dentro del hogar castigo a los hijos cuando rompen un vaso o un plato. ¿Qué gano? Seguramente nada, pero sin dudas mi espíritu de grandeza se acrecienta y a lo mejor festejo mis hazañas con otros resentidos sociales.

No me interesa solucionar los problemas y necesidades de la gente sino perjudicar el normal desarrollo de las personas y de los pueblos y de crear más resentimiento social en esta vida»

Este resentimiento es producto de la inconformidad conmigo mismo, mi desconfianza, inseguridad y la necesidad de que me aprueben mis ideas los demás. Quiero que acepten mis verdades como las digo.

Carezco de recursos económicos, falta de amor, tengo una autoestima muy débil y sobre todo vivo dentro de un mundo de desesperanza, desolación, soledad, tristeza, no me merezco el mundo que vivo.

Soy el primero que tienen que acatar las normas y leyes que se van estableciendo a lo largo del desarrollo de las sociedades. No puedo ganarme el sustento y la alimentación diaria, y en la iglesia me presento como pobre, lo mismo con los políticos o con quien les preocupe solucionar el problema de la gente. Pobre o solamente mentiroso para llenarme los bolsillos con dinero de fondos de ayuda.

Mi Señor. Estar con resentimiento social es útil, me convierte en víctima en una sociedad que protege a las víctimas y la víctimas se convierten en los verdugos. Enfermedades que convierten esclavos, carencias que paralizan obras, juegos políticos que hacen marchas, estancamientos que pagan los que luchan día a día por seguir trabajando.

Ayúdame Mi Señor Jesús, pues tú no eres víctima como fortaleza, sino fortaleza de las víctimas. Tú eres el amor encarnado sobre el temor imaginario y perverso. Mis resentimientos surgen de mis errores no superados por mí. Es más fácil culpar al vecino o al pariente que aceptarme responsable en la libertad que tú nos entregaste al crearnos. Pero la conciencia me señala que soy víctima de mis propias debilidades. Soy libre al crear en el amor. Soy un amor de origen, en el camino y destinado al amor.

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