Tres vías para llegar a Dios

1ª.. La práctica de la justicia y del bien:

Creemos en el mensaje de Cristo, creemos en el amor paternal de Dios hacia nosotros, sentimos que Dios nos ama, y nosotros, en correspondencia, amamos a nuestros prójimos, aceptándolos fraternalmente como son, compartiéndoles nuestro tiempo, nuestra compañía y nuestra riqueza humana personal con generosidad.

2ª. El Conocimiento:

Creemos que Dios es el origen de la Verdad, y vivimos descubriéndola cada día, a través de la lectura de diferentes temas, a través del estudio de las ciencias físicas y metafísicas, a través del conocimiento de la Naturaleza, creatura de Dios.

3ª. La contemplación de la Belleza:

Creernos que Dios es el origen de todo lo bello y bueno, y disfrutamos contemplando las cosas hermosas que nos rodean, creaturas de Dios: la tierra, el cielo, las montañas, los bosques, los ríos, los mares, los animales, las plantas, los amaneceres, los atardeceres…, y también las cosas bellas creadas por el hombre, que son un reflejo de La belleza de Dios: la pintura, la escultura, la arquitectura, la poesía, la música, la danza…

Por eso la Iglesia ha rodeado de belleza el espacio donde se reúne la Comunidad: la belleza de La arquitectura, la belleza de las pinturas, la belleza de los vitrales y las esculturas, la belleza de los libros litúrgicos, la belleza de los ornamentos sagrados, la belleza de las flores, la belleza de la literatura en las oraciones, las lecturas bíblicas, los himnos y cánticos…

Por eso también ha patrocinado y promovido el arte y los artistas a través de los siglos, entre ellos especialmente a los músicos, quienes, dentro de los recintos eclesiales, han labrado el progreso del arte musical, herencia cultural de toda la humanidad.

La Música es mucho, muchísimo más que un simple entretenimiento intrascendente: es la forma más sutil de la comunicación de Dios en el espíritu del hombre, y la forma más selecta que el hombre tiene para dirigirse a Dios.

Recuerdo del Padre Xavier González Tescucano (1935-2009). Juan Manuel Lara

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