Vengo por los enfermos y los pecadores

Un día antes, el sábado por la noche, haciendo mis oraciones una alegría invadió mi cuerpo. Cuando terminé empecé a adornar con globos blancos y amarillos el espacio donde él iba a estar.

El domingo, desde que el Santísimo bajó del altar,  mi corazónempezó a palpitar, ya sabes como taquicardia. Mi hijo se coloco del lado derecho y yo del izquierdo y los jóvenes del coro y todas las personas que lo acompañaban lo alababan. No sentía mis pies, fue el caminar más hermoso de mi vida.

Cuando llegamos a mi casa abrí la puerta y cuando Él entro ya no supe de mi. Cuando le di la bienvenida se me hizo un nudo en la garganta, le agradecí: por mis hijos, mi familia (que nadie fue). Por mis pies y mis ojos que lo buscan y lo pueden ver. Por mis manos, porque puedo trabajar y por la nueva familia que me ha dado.

Cuando paso mi hijo a dar las gracias me sorprendió. Le agradeció por su papá, su hermano, por mi, por estar nuevamente estudiando, por un día más de abstinencia, por su historia, por los nuevos amigos que esta conociendo, ” por amarlo como es”. Cuando termino y lo vi tenia sus ojos llenos de lágrimas, sabes, él no llora.

Soy nueva en estos menesteres, pero cuando la ministro partió la hostia y comulgué. Bueno. Bueno. Me sentí sobre las nubes, mis pies no tocaban el suelo.

Por otro lado, yo no miré cuanta gente había, jamás volví mi vista, estuve absorta, ida, bueno puse café y compre galletas para compartir con ellos y cuando todo termino no les di nada, sólo las gracias, se me olvidaron.

La sensación que sentía en mis piernas es difícil de describir pero me duro casi todo el día.

Amigo mio dice la palabra: “vengo por los enfermos y los pecadores” ¡que grande es la misericordia del Señor!

Francisca Mojica Alvarez

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