Sé paciente

Ten paciencia, contempla la paciencia del Sagrado Corazón, mírate en su paciencia y mírate mirnado en la paciencia que te mira, mientras tu lo miras. Mirarte en quien miras y mira la paciencia del Sagrado Corazón dentro de ti. Así verás en conciencia, así descubrirás el amor  y la paciencia en ti y en lo que te rodea. Descubrirás el Espíritu Santo que te alienta y anima a formar el amor con bendiciones, precisamente en este mundo que ama el Sagrado Corazón, Sigue leyendo «Sé paciente»

Reconcilia a mi familia

Alma mía, que sufrimiento cuando veo que mis padres se separan y llegan al divorcio, los dos pies de mi vida caminan en conflicto. La paz y seguridad que ellos significaba en mi vida se tambalea y rompe. Al verlos me pregunto si soy yo causa de sus desavenencias y discusiones, si lo que me procuran de bienestar en las limitaciones es causa de sus peleas. Me pregunto ¿donde esta el Señor? Sigue leyendo «Reconcilia a mi familia»

Recibe el amor de Dios

Confía en el amor de tu noviazgo, en el amor de tu matrimonio, en el amor de Dios y deja que su milagro de caridad se exprese en su vida. Permítele a Dios ser Dios, especialmente en los momentos en que las caídas, la obscuridad del dolor y el rencor, la debilidad y la falta de voluntad nos hacen flaquear.

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No podemos callar ante ataques al matrimonio y la familia, Cardenal Rivera Carrera

(ACI) El Arzobispo Primado de México, Cardenal Norberto Rivera Carrera, reiteró que los pastores de la Iglesia, como él, no pueden callar ante los ataques al matrimonio y la familia, como el perpetrado por los legisladores del DF que aprobaron las uniones homosexualesy les concedieron a estas parejas la capacidad de adoptar.

Ante una serie de agresiones de sectores minoritarios que han reaccionado a la firme declaración que hizo el Purpurado sobre esta ley que calificó como inmoral, inadmisible y condenable, el Arzobispo Primado agradeció las muestras de solidaridad, primero de la Conferencia del Episcopado Mexicano, y luego de diversos líderes de otras confesiones cristianas en el país.

En el texto, el Cardenal Rivera señaló que «la Palabra de Dios será siempre la guía de nuestra fe y un consuelo lleno de paz que nos conforta en las persecuciones y tribulaciones; por ello, no puede menos que venir a la memoria aquel pasaje de los Hechos de los Apóstoles cuando los enemigos de Jesucristo, llenos de odio, prohibieron a Pedro, Juan y a los Discípulos hablar y enseñar en el nombre de Jesús, pero ellos, llenos del Espíritu Santo, respondieron con valentía. ‘No podemos obedecer a los hombres antes que a Dios’«.

El Primado de México dijo luego que «a nosotros, venerables hermanos, también nos quieren prohibir hablar en nombre de Jesús, predicar su doctrina, cumplir con el mandato del Señor de anunciar la Buena Nueva, defender el vínculo sagrado del matrimonio al que San Pablo comparó con el amor con que Cristo ama a su Iglesia, Y no, no podemos callar, pues podremos escapar de los tribunales de los enemigos de Cristo, pero no evadiremos el tribunal supremo de Dios, quien nos pediría cuenta de nuestra cobardía por avergonzarnos de su nombre y por no defender al rebaño del lobo que mata y dispersa a las ovejas».

«Nosotros, Pastores del Pueblo de Dios, tampoco podemos obedecer primero a los hombres y sus leyes antes que a Dios, pues la ley suprema, y perenne es la de Dios; toda ley humana que se le contraponga será inmoral y perversa, pues al ir contra su voluntad termina por llevar a la sociedad a la degradación moral y a su ruina».

El Arzobispo aseguró además que «México es Cristiano, México es un país que ama a la familia, es su célula fundamental y el centro de cohesión social; es por ello que vemos con profunda preocupación cómo se ataca al matrimonio, cómo se burlan de los valores cristianos y de nuestras creencias más sagradas. Pero lejos de replegarnos ante las persecuciones ideológicas, descubrimos que el Señor nos brinda una gracia inmerecida: la de ser sus testigos, de abrazar con alegría su Cruz para completar su Santa Pasión, completar en nosotros la pasión de Cristo».

Tras agradecer las muestras de solidaridad, alentó a no perder de vista «que nuestra fe es la que vence al mundo, y mantengamos presente la promesa del Señor de que los poderes del infierno no prevalecerán contra ella«.

«Consolémonos –concluyó– con la bienaventuranza inmerecida que nos augura nuestro Amado Señor: ‘Dichosos serán ustedes cuando los injurien y los persigan y digan contra ustedes toda clase de calumnias por causa mía. Alégrense y regocíjense, porque será grande su recompensa en los cielos, pues así persiguieron a los profetas que vivieron antes de ustedes’.