Somos un Amor

  • Alma mía quisiera explicarles a todo mundo lo que significa la misión de amor, que somos un Amor.

Cultivar en la tierra

La misión de Amores como se aceptarnos en nuestra calidad de jornaleros, de misioneros para ir descubrir el espíritu que está dentro de nosotros, para ir a cultivar el espíritu que está dentro de nosotros. Es el espíritu que nos alienta, que nos da vida, que nos ama, que nos muestra y comparte el amor el espíritu de Dios: el Espíritu Santo.

Como jornaleros, misioneros de amor, lo primero que tenemos que hacer es descubrir la semilla y mirar el campo donde hemos de cultivar la semilla. Es el Amor el Espíritu Santo que se encarna en nosotros, gracias al Padre Nuestro. Y cuando se encarna su Espíritu Santo se encarga también la presencia del Hijo.

El Espíritu Santo es la semilla del grano de mostaza: el cielo, el abrazo del Padre Nuestro ,el sacrificio del Hijo. Está semilla está y se expresa a través de nuestro espíritu. Nosotros somos una expresión del amor de Dios, somos amor encarnado, eso es nuestro espíritu, esa es nuestra misión de Amor: Amar.
Amar porque es nuestro origen, porque es nuestro camino y es nuestro destino; así, como jornaleros, sembramos la semilla de Amor. En el fondo lo que queremos es descubrir esta cosecha de amor. Todos buscamos ansiosamente cosechar el amor. Hacemos tantas cosas para cosechar este Amor y este Amor surge de nosotros. Y es en nosotros donde descubrimos los frutos que vamos a cosechar.

Así como una fruta tiene hojas que la cubren, que la adornan, que la sostienen, que la nutren, que le dan sentido. Los frutos del espíritu tienen muchos tonos, muchos colores, muchas expresiones que son las que, en el fondo, tenemos que cosechar. Y las descubrimos desde el fondo porque surgen desde nuestro interior, cuando tenemos ese contacto con el espíritu.

Así pues, cuando el jornalero va a sembrar la tierra, tiene que remover todas esas piedras que estorban el crecimiento; tiene que remover toda esa maleza que estorba el crecimiento y que chupa la energía de esta semillas que hemos de sembrar.

Generalmente el jornalero, cuando llega a sembrar tiene pena y dolor. Le cuesta trabajo porque no ve el fruto sino solamente una semilla; La semilla de la esperanza, la semilla de la fe y esta semilla es el Amor. Y la siembra en la tierra, limpia esta tierra, reconcilia y perdona esta tierra; La cultiva.

Formar en los surcos

La cultiva preparando los surcos. Y a partir de que empieza a sembrar, la semilla reconoce que va a resurgir, que va a dar frutos. Así cuando nosotros abrimos nuestra conciencia a la semilla de Amor, que está en nosotros; la semilla inmediatamente reconoce que está en tierra fértil, que está lista para crecer.

Se hace el surco en la siembra, se cubre cuidadosamente la semilla para que florezca y dé frutos, es como cuando vamos a un retiro; o como cuando nos damos esta oportunidad de tener una experiencia interna; o bien, cuando viene un accidente o un incidente doloroso. Muchas veces la semilla cae en tierra y se cubre por un evento doloroso. Y de pronto descubrimos la presencia de Dios ahí.

De pronto descubrimos nuestra ansia de crecer, entonces el Señor manda la lluvia, el Señor manda a la semilla que crezca. Entonces pasa uno, dos, tres días y la semilla despierta y empieza a echar raíces de en nuestra conciencia. Al sexto o séptimo día, empieza a crecer un pequeño tronquito. Este pequeño tronco empieza a expandirse, a tratar de surgir dentro de la tierra.

La maleza nos ahoga

Pero, no solamente es la semilla de Amor la que pretende crecer en esta tierra, también hay mucha maleza que está revuelta con esta tierra, donde esta pequeña semilla tímidamente crece; al cabo de diez o 15 días empieza a surgir esta fe, esta esperanza, esta expresión del Amor surge desde dentro de nuestra vida. Entonces el agua la reconforta, el agua le da fuerza, el agua de la oración, el agua de las buenas obras, el agua de la meditación, el agua del perdón como cuendo llegamos a desyerbar aquellas plantas que están tapando el espacio donde crece la semilla del Amor.

Así continúa creciendo esta semilla, como de un grano de mostaza, dentro de nuestro corazón y nuestra misión es seguir cultivando el Amor.

De pronto parece que no tiene sentido cultivar a este pequeño brote de amor, que no es más grande que las grandes malezas que existen alrededor. Tratamos de crecer y nos hacen sombra, y toma los alimentos de la tierra que nos alimenta. Hasta que continuamos cultivando, nuevamente limpiamos esta tierra y continúa creciendo.

El Señor manda la lluvia y la envía con mucho cuidado, con pequeñas gotas, con expresión de Amor la remoja, nos da fuerza; esa fuerza interna impresionante que suba la energía a través de las raíces desde una pedazo de tierra. Impulsa este tronco para dar las primeras hojas; estas hojas empiezan a oxigenar y a crear estos vasos capilares, por donde sube nuestra fe, por donde sube nuestra esperanza, por donde se expresa nuestro amor.

Los primeros frutos del Amor

Así pasan los días, pasan los meses, el viento llega, la maleza crece, continuamos cultivando y, poco a poco, empezamos a encontrar los frutos del espíritu del Amor: el color de la Paz. Es decir, este amor, que surge de nosotros, empieza a tener estas ramas de paz; comenzamos a distinguir en nosotros esta paciencia; Surge la amabilidad, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre, el dominio de sí.

Las plagas

Todos estos frutos empiezan a surgir, pero todavía son débiles y todavía el exterior, el ambiente puede estarnos atacando, puede estarnos molestando, puede estar nos hostigando, es decir, la maleza y las plagas nos asechas. Y de pronto sentimos que la paz desaparece, que la amabilidad no está presente, que perdimos la paciencia, el auto-control y nos desesperamos y nos miramos como maleza. Nos miramos otra expresión, que no es la expresión del amor, es decir nos identificamos en temor.

El temor, que crece alrededor de nosotros, nos confunde en nuestra misión de amor. Pero nuestra misión de amor es seguir cultivando este amor: Insistir, permitir que la raíz llegue profundo y podamos leer en el Espíritu Santo esta expresión que surge de nosotros. Y encontrar este gozo de vencer las adversidades; esta paz de poder enfrentar el conflicto; esta paciencia esperando que las cosas se den; esta amabilidad para tratar los conflictos y no engancharnos en esta co-dependencia; está bondad para buscar el bien en la relación que tenemos con otras personas, el bien que tenemos con el mundo; está fidelidad a nuestra expresión de amor para ser un amor; está mansedumbre con la seguridad de que somos quienes somos y no tenemos por qué alterarnos, ni porque confundirnos con el temor; este dominio de sí, que es lo que nos hace ser, nosotros mismos, una expresión clara del amor de Dios.

Al seguir cultivando el amor en la adversidad, el conflicito, el temor y el rencor, empezamos a ver este cultivo que hicimos con una semilla, abriendo el corazón a nuestro Señor; empezamos a descubrir que estos frutos son reales.

La maduración

Cuándo llega el tiempo del gran árbol, de este gran arbusto enorme, como el grano de mostaza que se expresa; realmente es muy difícil que algo o alguien pueda darnos el temor suficiente para poder abandonar nuestra misión de amor; nuestra identidad con el Señor; nuestro nuestra conciencia de que somos un Amor, somos una expresión del Amor para transformar con amor y dar frutos: de alegría, de paz. No por que seamos mejores o peores sino porque hemos aprendido a perdonar, a corregir, a transformar; a levantarnos de esa parálisis que ante la maleza, el temor, el rencor, una contradicción, una contrariedad que dificulta llegar a ser un árbol de frutos de Amor.

El bosque de Amor

Lo maravilloso es cuando tomamos conciencia de que: “todos los seres humanos bosque pleno de amor”. Cuando miramos la ciudad, las personas que viajan en el transporte junto a nosotros, quienes caminan hacia un lado o el otro, aquellos a quienes saludar, a nuestros vecinos, nuestros amigos, nuestros enemigos. Todos somos un bosque de expresiones de amor. Todo esa humanidad son semillas de expresiones de Amor. A lo mejor no se dan cuenta, ese es nuestro jornal en la misión: hacer que se identifiquen con su verdadera identidad, con que son, exactamente eso, “un amor “. Ayudarlos a descubrir que no son temor, rencor, maleza tizne o piedras que paralizan.Que ellos son verdaderamente una expresión del Amor de Dios.

Cuando logramos que el bosque a nuestro alrededor se identifique como lo que és. como una expresión del Amor Dios, como un extensión del Amor de Dios, como un medio donde el Amor de Dios transforma la tierra, entonces contemplaremos este gozo del cielo, con una plenitud increíble; esta alegría al descubrir, que este árbol que creció junto a nosotros, ese con quien nos asemejamos; como pareja y estos hijos que crecieron, desde las semillas que aportamos, también son parte de esta fuerza del Señor que ha puesto para que nosotros demos semillas de Amor.

Al mirar como bosque de Amor a la humanidad, entonces descubrimos que el amabilidad tiene sentido, que la bondad tiene sentido; que la fidelidad tiene sentido que la mansedumbre tiene sentido.

Somos un Amor

Entonces la misión de amor es reconocer ese bosque de amor en toda la humanidad, que somos una expresión del amor de Dios para amar en esta tierra; para aportar el amor a esta tierra; para transformar la adversidad en esta tierra; para resolver los conflictos con nuestra propia esencia que es el Amor. Esta es la misión de amor

Esto dice el Señor:

Evangelio según San Mateo 7,6.12-14.

No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos.
Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.
Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí.
Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran.

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