Somos tu mensaje, soy tu mensajero.

Mi Señor, me cuesta trabajo pensar que soy tu mensajero. Parece muy ostentoso sentir que me has enviado para hablarles de ti. Se me dificulta descubrir tú presencia a mi corazón y al corazón de los demás, a través de mis obras, por eso acudo a ti. Fuente de misericordia y de sabiduría. Me llamas insistentemente. Tocas la puerta de mi alma y me dices “Abre” pidiendo que se exprese el amor.

Tú eres el mensajero

Tú eres el mensajero del Padre, en quien, el Padre Nuestro, se complace. Antes vinieron los ángeles y los profetas, mensajeros a quienes ignoraron los padres de nuestros padres, luego el Padre nos mandó el mensaje contigo, su Hijo. Y lo mataron creyendo que matarían al heredero. Y resucitó el heredero, y sigues mandando lo que manda el padre. Eres el heredero que sigue llamando a la humanidad para que sea mensajera del amor en la humanidad.

Que agradable es compartir tu palabra con las personas y siento que la toman como el pan y disfrutan tu sazón. O lo beben como el vino que tu conviertes en tu sangre y reconocen el celestial alimento, donde compartes el alma y conversamos con tu espíritu. Todos somos enviados, mensaje y mensajeros, es un gozo descubrirte, descubrir tu palabra y tu presencia de amor y vida. Aún en los momentos más difíciles, sigues entregando la vida plena que viene del amor.

Nos envías para ser mensajeros del amor, especialmente con la pareja con quien decidí compartir el amor. Tu nos alimentas de amor, del que estamos hechos. Mensajeros con los hijos, que son la bendición que tú nos has compartido, son renuevos en nuestra vida. Y nos insistes en que también son tus mensajeros los amigos, y quienes pasan por la calle, los desposeídos, los abandonados, las viudas, los huérfanos y los niños. Son mensajeros quienes nos contradicen, los enemigos… todos somos mensajeros algunos han consagrado su vida a ese llamado. Seres humanos en sacerdotes y religiosos, quienes han decidido libremente ofrecer su humanidad para ser tus mensajeros, mensajeros de “la vida eterna”.

¿Y cómo recibo a tus mensajeros?

Los ángeles son tus mensajeros y algunas veces los ignoramos más que aquellos ángeles que fueron a Sodoma y Gomorra, no estoy atento al mensaje de mi ángel de la guarda. Algunas veces quiero destruirlos, como Herodes a Juan el Bautista. Profetas, reyes, apóstoles que escriben las cartas con tu mensaje, y que leemos en la misa. Se me olvida que Apóstol significa “enviado” y pienso que los apóstoles sólo existieron en aquellos tiempos del inicio del evangelio. Pero todos somos tus enviados, tus apóstoles, tus mensajeros del amor, la verdad, el camino y la vida misma.

Algunas veces recibo a mis prójimos, a tus mensajeros consagrados, agradeciéndoles con la boca, con cara de comprensión, arrepentimiento y aceptación, y los juzgo y castigo. Y les doy unas monedas para alejarlo a los mendigos de nuestra conciencia. También los desprecio, ignorándolos como nuestros sirvientes. Que fácil olvido que el amor se vive al servir y dar. Es el mensaje y son los mensajeros.

Dar es lo mismo que recibir

Hijo amado del Padre Nuestro tu das y sirves con las manos abiertas y extendidas, abierto, pleno, libre te entregas todo, todo, hasta la última gota de sangre. Tú entregas todo para abrir el cielo.

Somos el mundo de los mensajeros, somos los sarmientos de la vid, para dar fruto y nos pides que nos abramos, que expresemos el amor del que estaos hechos a imagen y semejanza.

Ayúdame a no entregar con la mano cerrada tratando de mantener mis bienes materiales.

Ayúdame a abrir mi mano, como ayudaste a San Antonio quien abrió sus manos desde el espíritu, abrió sus manos con el espíritu de amor. Y tan grande era el amor que fluía por su vida, por sus manos. Tan claro era tu mensaje que buscaba pan para darlo al necesitado, porque el necesitado era mensajero de Dios. Y buscaba pan para quien que no conocía a Dios, porque que quien no conocía Dios lleva el mensaje de la ausencia de Dios.

Ayúdame a reconocer a los otros, a mis prójimos, a los seres humanos como tus mensajeros. Tu amor se expresa en todos, abre mi conciencia para verte con la conciencia sin la codicia o el egoísmo que solo pretende mirar tu bondad en quien “yo decido” en quien “me cae bien”, en quien me complace, llena de lujos, o de regalos y elogios vanos.

Quiero abrirme, quiero expresar el amor, quiero reconocer a tus mensajeros, para que sentir esta soledad, esta angustia y desesperación si tú estás presente en todos estos mensajeros. Tú estás presente en cada uno de nosotros, tú estás presente para abrazarnos en el médico y en el enfermo, en quién posee y en el desposeído. Todos somos instrumentos tuyos para llevarnos el mensaje. Te Amo Señor porque estás presente en todos, porque en todos te reverlas, porque en todos, de una forma o de otra has mostrado el soplo divino del que estamos hechos. El soplo de amor del que estamos hechos. Miente quien dice que el amor termina, pues el amor eres Tú, eres lo que nos sostiene. El amor es lo único que somos. El amor es lo único que podemos dar.

Abre mi mano y mi conciencia para que antes que entregar una moneda, comparta los frutos de mi trabajo, que te entregue mi amor en vida, a ti que eres la vida, el camino, y la verdad. Compartiendo el amor con el prójimo, con los mensajeros. Porque Dar es lo mismo que recibir, Dar el mensaje es recibirte.

Recibo el mensaje de amor pleno a manos abiertas en tu eucaristía que te entregas una y otra vez plenamente, una y otra vez. Como decía San Agustín: “Mira que lo que está colgado en el madero es lo que está en la eucaristía”. Ven amor, estás en nosotros, abre mis ojos, abre mi conciencia, porque tú estás presente en todos los mensajeros.

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