Salva a tu hermano

En el mes de junio del 2012, el sacerdote Juan Marcos Cadena, viacario de la parroquia de San Pedro Apostol, Tlahuac. A quien considero mi capellán, amigo y director espiritual, me permitió compartirles “hallazgos sobre los sacramentos”, en 4 retiros a los padres y padrinos que preparaban a sus hijos para la primera comunión y algunos para la confirmación.

Tal vez estas personas no son asiduas a la iglesia y los volveremos a ver hasta algún evento social, tal vez los convenzamos de que salven a su hermano y que participen de la Santa Misa dominical, sólo Dios sabe  si aprovecharon este espacio de vida que nos regalaron. Pero sin dudas la presencia del Señor fue reveladora en esta encomienda.

Al estudiar el Señor me enseñó que Sacramento significa misterio, que Cristo es el Santísimo Sacramento, misterio por el cual el Padre Nuestro se manifiesta, en esta tierra. Pero también, que nosotros somos sacramento, misterio por el cual Cristo se manifiesta en el mundo. Al ser organismo o cuerpo místico de Cristo, nuestro propósito como iglesia es salvar al otro, es tan clara la misión de amor de Cristo que vino a salvarnos, para que nosotros salvemos a nuestro prójimo.

En el retiro veía a 1,500 personas preparándose para salvar a hijos y ahijados, tal vez hasta su matrimonio y a sus familias y vecinos. De la misma manera Cristo nos dice que podemos salvar a nuestra pareja, a nuestros familiares. Nos apoya con su presencia viva y sacramental para que salvemos a quienes están en guerra, a quien ofende, tiene deuda, se violentan, se deprimen, tiene hambre, desolación, sed, desnudes y no están cobijados por el amor. Salvemos a nuestro esposo, tal vez se convierta en Diácono, a nuestro hijo, tal vez sea sacerdote, a nuestros pequeños para que sean matrimonio y familia de salvación.

El Santísimo Sacramento es el faro, pero la meta es la casa del Padre, miremos al faro, dejémoslo que nos guíe, acerquémonos a esos Santos misterios, esos Sacramentos donde se rebela el Padre a travez de Cristo quien de la mano de nuestros Sacerdotes se nos entrega para darle Espiritu Santo, animo, alma a nuestra labor de ir a salvar a nuestro prójimo. Salvar con nuestros pensamientos, palabra, obras y también las omisiones (hay muchas tentaciones que debemos omitir para no realizarlas). Salvarlo del egoísmo que es el fundamente de cualquier pecado.

Soy un católico sin ningún nombramiento en la organización eclesial, que les pido que, por mis pecados, intercedan por mi ante Dios nuestro Señor,  que acepté, de nuestro Señor Jesucristo, el reto de realizar la misión de amor. El fundamento es muy sencillo: Ama a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo, lo que significa decir con el corazón Padre Nuestro, lo que nos lleva a que, como en el baile, “si tienes problemas para amar a tu prójimo o a ti mismo, apoya bien tu paso en el Amor de Dios”. El crisol para implementarlo fue doloroso, es parte de mi cruz, pero decidí crear, en un pueblo pequeño, un espacio de retiro para que las personas que están en una encrucijada, principalmente las parejas, pudieran cerrar la puerta de su cuarto y abrir la puerta del templo interior para descubrir que Dios está presente en las buenas, en las malas, en lo prospero y en lo adverso y aún en las perversidades. La puerta tiene tres llaves: la oración, la meditación con jaculatoria o responso y la contemplación que es mirarse en el amado que nos mira. Realizo cursos de reconciliación, taller del perdón y retiros personalizados o de grupo. Siempre el Señor es quien se encarga de irme formando, pese a mi soberbia y me muestra nuevas perspectivas de la maravilla de decirle Padre Nuestro, realmente disfruto mirando sus milagros en primera fila y consultando su manual de salvación en el evangelio.

Es fascinante descubrir el manual de salvación que Cristo nos dejó en el evangelio, basta estudiarlo y veremos que tiene respuestas y explicaciones de comportamiento ante cualquier encrucijada, es un manual práctico para salvar al prójimo. Y además leer el camino de la cruz en las cartas de los apóstoles que querían salvar a su prójimo en todo el mundo, los fundamentos del antiguo testamento, el testimonio de y el encuentro Cristo resucitado  y vivo desde las palabras de los santos, sacerdotes, hombres y mujeres, religiosos y aún los ateos, “Dios habla hasta por los codos” basta observar su palabra. Muchas ideas surgen gracias al Espíritu Santo que insiste en compartirnos su amor en nuestro espíritu. De hecho somos flores de amor que el Señor sembró en esta tierra, para extender su amor, para dar flores, frutos y semillas de amor y convertir el egoísmo en una bendición, en salvación. Como el árbol transforma el rudo sabor de la tierra en frutos dulces, y el animal extiende semillas por los campos. El ser humano es capaz de transformar un grano de sal en una bendición, por eso al perdonar transforma una deuda o una ofensa en una bendición. Que gozo descubrir la presencia de salvación de Cristo en este mundo a través de nuestras vidas. Creando en el amor a imagen y semejanza, siendo libres, al decidirnos por amar ante cualquier encrucijada.

De pronto me parece que confundimos el cuerpo místico de Cristo, con la organización de la Iglesia Católica, cuando en realidad por el Sacramento de nuestro Bautismo, el misterio de nuestra primera conversión, somos el organismo de amor de Cristo en la tierra. Cristo se consagra en las manos los sacerdotes y obispos, en ellos está la custodia de la liturgia y el celo del templo y la presencia de Cristo vivo. Sin embargo olvidamos que siendo nosotros células del organismo de Cristo tenemos la función de comunicar salvación y vida eterna, a sacerdotes, fieles, católicos eventuales, hermanos separados y aun a los ateos.. Me impacta descubrir como el organismo Sacramenta do del cuerpo místico actúa, por ejemplo: En los primeros tiempos del descubrimiento de América (1492), mientras Martín Lutero (1483-1546) en cuyas enseñanzas se inspiró la Reforma Protestante y hacía señalamientos al egoísmo y podredumbre en que vivían muchos sacerdotes, incluyendo en el vaticano. Por su parte Ignacio de Loyola (1491-1540) preparaba los ejercicios espirituales que son fundamento no solo de los Jesuitas, sino de la preparación de los sacerdotes hoy en día. Y en América la virgen de Guadalupe iniciaba su evangelización (1531). Lo mismo ocurre con la vida de las personas, todo es cuestión de voltear hacia el templo de nuestro corazón y preguntarle a nuestro Señor. ¿Qué quieres que haga Señor?

Sé que la respuesta es como la que le dice a cualquier bautizado: “Salva a tu hermano”, quita tu egoísmo, transparéntate para que Cristo se manifieste. Aprendan a decir unidos: “Padre Nuestro…”

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.