¿Por qué arrodillares frente a Cristo en la Eucaristía?

Tal vez las personas que permanecen de pie en el momento de la consagración estén mal informadas o pretendan guardar una actitud de respeto solamente ante este evento. Pero déjenme afirmarles que el evento más importante para la humanidad es precisamente la consagración de nuestro Señor en la Eucaristía.

La Sagrada Eucaristía no es un símbolo o signo de la Iglesia. Es la Encarnación de Cristo en las especies del pan y del vino. Se que los ojos no saben mirar, ni la boca gustar, pero esté milagro que ocurre en las celebraciones de la Santa Misa es el milagro más grande de todas las religiones del mundo. Dios se encarna para estar con nosotros. De otra forma seríamos unos buenos aprendices de una magnifica enseñanza, en esa actitud distante y cumplidora del domingo nuestra oración parece perderse en la creación del padre nuestro y no llegar a ningún lado a menos que vivamos la experiencia de su presencia en la Eucaristía.

Tal vez estemos esperando que el mar se vuelva a abrir o mirar a un resucitado caminar entre nosotros, o al leproso limpiar sus heridas, o al endemoniado transformarse en el amor. Dios quiera que tengamos la fe para sentir su presencia en la Sagrada Eucaristía, su santa y sacramental presencia. ¿Queremos ver lo que no vemos? o preferimos quedarnos con la imagen bellamente tallada de un crucifijo o una medalla. Pidámosle con fe a nuestro Señor que aumente nuestra fe y nos conceda ver el Milagro Eucarístico.

El milagro que vivió San Antonio

En la vida de San Antonio hay una historia que bien vale leer para descubrir la forma digna ante tan misericordioso milagro de nuestro Señor.

En la vida de San Antonio y su Estancia misionera en Rimini . Sabemos que era una ciudad saturada de herejes, a los que Antonio se enfrentó con sus armas evangélicas: El efecto de su predicación fue notable tanto entre los católicos como entre los cátaros; cabe destacar la conversión de Bononillo, veterano dirigente cátaro.

1223: Predica en Rímini, único de los lugares evangelizados por Antonio al que se refieren las fuentes históricas. Era una ciudad saturada de herejes, a los que Antonio se enfrentó con el Evangelio vivido coherentemente, las discusiones públicas, las exhortaciones al pueblo y los consejos personales. Cabe destacar la conversión de Bononillo, veterano dirigente cátaro. Aquí ocurren los milagros de la predicación a los peces, y el de la borrica que adora la Eucaristía (este último otros lo sitúan en Toulouse, dos años más tarde).

Relato del Asno

Así relata el hecho el Hermano Asno, de la Orden Franciscana Seglar. Fraternidad de la Purísima Concepción de Celaya:

Cada vez que reviso mi historia familiar, encuentro la presencia de algún antepasado mío en escenas de la historia de la Iglesia Católica, como ya en algunos otros espacios he narrado aquí. La novedad para mí es saber -porque no lo sabía, burro al fin- que las mulas también son parte de mi parentela.

Mi mamá, la hermana Asna me explicaba que el amor no tiene fronteras y en alguna ocasión un tío bisabuelo mío, Asnaldo, se casó con una yegua fina y de esta unión salió una especie medio rara que los arrieros conocen como mula.

Fue precisamente una de estas criaturas, quien se vio involucrada en un hecho trascendental e histórico, aparte de que se les señala como seres que tienen fuerza y capacidad para cargar y las que hicieron posible el transporte de mercancías a todo lo largo y ancho de la Nueva España y otras partes del mundo.

Bueno, el asunto a tratar aquí no es la capacidad de flete de las mulas, sino que precisamente por llevar en la sangre parte de nuestra burrez, también llevan el amor por y de Cristo en su corazón, mitad jumento mitad caballo.

Prueba de ello es esto: las que mejor saben ponerse de rodillas frente a Cristo, son precisamente las mulas. Esa es una de las gracias que tienen estos parientes. Mientras que nosotros, los burros tuvimos la dicha de cargar en el lomo al Rey de Reyes, Jesucristo Señor Nuestro, las mulas son todavía más humildes: se ponen de rodillas ante Él y lo adoran. Dios nos conceda a todos tener la humildad de una mula para saber ponernos de rodillas cuando pasa frente a nosotros la Sagrada Eucaristía o a la hora de la consagración durante la Santa Misa, ya que Él esta ahí, con su presencia viva, patente, real, del cuerpo, alma y divinidad de Cristo, el único y verdadero Rey y Maestro de este cabezón mundo que pareciera quererse alejar más del Señor, quien todos los días toca a nuestro corazón.

Fue precisamente una mula, la que le demostró a un hombre rico y a un pueblo de Italia, que antes de comer, primero está Dios y que antes de sentarse a disfrutar los alimentos, primero hay que rezar y dar gracias a Dios. Aclaro que las mulas no se sientan, se echan, y para comer lo hacen paradas en cuatro patas, así como yo.

Fundamento esto, como hermano franciscano que soy, con lo siguiente. No podía dejar pasar ante la Fiesta del Cuerpo de Cristo y el inicio del mes del Sagrado Corazón de Jesús un hecho que le tocó vivir a un hermano fraile nuestro: San Antonio de Padua y a una parienta italiana mía, y que se vieron involucrados para desengañar a aquellos que se expresan tan despectivamente de la Hostia consagrada llamandola de las más irreverentes maneras y burlándose de lo más valioso y sagrado que tenemos los cristianos católicos, la Sagrada Eucaristía.

La labor de San Antonio de Padua

En la biografía de nuestro hermano San Antonio de Padua, conocida como La Asidua, se cita la conversión de un hereje cátaro a raíz del milagro eucarístico en el que se ve involucrado el Doctor Evangélico, como es conocido este taumaturgo santo, acaecido en la ciudad de Rimini.

La Asidua narra lo siguiente: “Como dice el Señor, no puede permanecer escondida una ciudad edificada sobre un monte. Y así, no mucho tiempo después, informado el ministro provincial de cuanto había acaecido, fue obligado Antonio a interrumpir la paz del silencio y a salir al público. El amante del retiro es enviado con la imposición del oficio de la predicación, y su boca, largamente cerrada, se abre para anunciar la gloria de Dios”.

“Apoyado en la autoridad de quien lo enviaba, tanto empeño puso en el desempeño de su misión de evangelizar, que llegó a merecer el nombre de evangelista, por su ingente actividad. Lo mismo visitaba villas que castillos, las aldeas que los campos; a todos esparcía la semilla de la vida con tantísima abundancia como fervor”.

“Discurriendo sin tomarse ningún reposo por el celo de las ánimas, aconteció que por voluntad del cielo llegó a la ciudad de Rímini. Viendo allí que a muchos tenía engañados la maldad de los herejes, convocada presto toda la población, comenzó a predicar con fervor de espíritu; y el que no había aprendido las sutilezas de los filósofos, confutó con razonamientos más claros que la luz del sol las sofisticadas opiniones de los herejes. Tan hondas raíces echaron en los corazones de los oyentes su vigorosa palabra y la doctrina saludable, que, eliminada la impureza del error, no pequeña masa de creyentes se adhirió fielmente al Señor”.

“Entre estos convirtió el Señor al camino de la verdad, por medio de su siervo Antonio, a un heresiarca llamado Bonovillo a quien desde hacía treinta años tenía envuelto en sus redes el error de la infidelidad. El cual, aceptada la penitencia, obedeció sinceramente hasta el fin de sus días a los mandatos de la Santa Iglesia de Roma”.

Año de 1227: El milagro eucarístico de Rimini, San Antonio de Padua y la mula

Este milagro eucarístico fue obrado directamente por San Antonio de Padua, luego de haber sido  desafiado, por un cierto Bonovillo, en la demostración clara sobre la verdad de la real presencia de Jesús en la Eucaristía. La más antigua biografía de San Antonio, La Asidua, trae las palabras exactas con las cuales Bonovillo desafió al Santo: “¡Fraile! Te lo digo delante de todos: creeré en la Eucaristía si mi mula, teniéndola tres días en ayuno, comerá la Hostia que le ofrecerás tú y no la cebada que le daré yo”.

El milagro:

Este episodio está citado también en la Benignitas, obra considerada una de las fuentes más antiguas de la vida de San Antonio: “Este Santo hombre discutía con un hereje que estaba contra el sacramento de la Eucaristía y a quien el Santo lo había casi conducido hacia la fe católica. Pero este hereje, después de varios y numerosos argumentos declaró: si tú, Antonio, logras demostrarme con un prodigio que en la Comunión está realmente el Cuerpo de Cristo, entonces yo, después de haber renunciado totalmente a la herejía, me convertiré inmediatamente a la fe católica. ¿Por qué no hacemos una apuesta? Tendré encerrada por tres días una de mis bestias y le haré sentir el tormento del hambre. Luego de tres días, la traeré aquí, delante del público y le enseñaré un alimento preparado.  Tú estarás al frente con aquello que tú consideras el Cuerpo de Cristo. Si la bestia, despreciando el forraje se apresura a adorar a tu Dios, yo me convertiré a la fe de tu Iglesia”.

San Antonio, iluminado e inspirado desde lo alto, aceptó el desafío. La cita fue fijada en la Plaza Grande (la actual plaza Tres Mártires). En el día indicado se reunió una gran muchedumbre de curiosos. A la hora indicada, los protagonistas de la singular apuesta se presentaron en la plaza, seguidos cada uno por sus simpatizantes. San Antonio por los fieles católicos, Bonovillo (el nombre del hereje cátaro) de sus aliados en el escepticismo.

El Santo se presentó teniendo entre las manos la Hostia consagrada, depositada en una Custodia; y el hereje teniendo entre manos las riendas de la mula hambrienta. El Santo de los Milagros, después de haber pedido y obtenido el silencio, se dirigió a la mula con estas palabras: “en virtud y en el nombre de tu Creador, que yo siendo indigno, lo tengo en mis manos, te digo y te ordeno: avanza con prontitud y rinde honores al Señor con el debido respeto, para que así los malvados y los herejes comprendan que todas las creaturas deben humillarse delante de su Creador, a quien los sacerdotes tienen en sus manos en el altar”.

Inmediatamente, el animal, rechazando el alimento del patrón, se acercó dócilmente hacia el religioso, dobló las patas delanteras ante la Hostia y permaneció así, reverentemente. Antonio no se había engañado en juzgar la lealtad de su adversario quien se arrojó a sus pies abjurando públicamente sus errores. Desde ese día se convirtió en uno de los cooperadores más activos del Santo taumaturgo.

Tras leer esto viene a mi ásnica memoria el recuerdo de mi párroco, el que celebra misa en El Burral, cuando me dice que me arrodille a la hora de la Consagración y que pudiendo no lo hago y reflexiono: Una mula, con toda su irracionalidad, hace más caso que un burro.

En la ciudad de Rimini, aún hoy es posible visitar la iglesia erigida en honor al Milagro Eucarístico obrado por San Antonio de Padua en el año 1227.

Milagro eucaristico de San Antonio xon la mula

¿Quiénes eran los cátaros?

Se les llamaba así por su raíz griega kataros, que significa “puros”. Era un grupos de herejes (llamados también albingenses por Albi, su ciudad de origen) que aparecieron en el siglo XII. Tenían creencias maniqueas: un dualismo filosófico, en el que hay dos principios, dos dioses creadores: uno bueno y otro malo.

Creían que el espíritu fue creado por la deidad buena mientras que la materia, incluso el cuerpo humano, fue creado por la deidad mala (el demonio) el cual tiene dominio sobre ella. Sostenían además que la deidad buena envió a Jesucristo como criatura para liberar nuestras almas del cuerpo. Creen que Jesús es un ángel y que su muerte y resurrección tenían un sentido meramente alegórico. Sus actitudes muchas veces fueron violentas y generadoras de enfrentamientos.

En conclusión: de ahora en adelante cada vez que vaya a la Santa Misa y se dé la Consagración o pase frente a mi una procesión con el Santísimo Sacramento, me arrodillaré ante la Sagrada Eucaristía como una humilde mula y evitaré quedarme parado como un burro.

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