Un día de ejercicio para tu espíritu

Este es un día para ejercitar tu espíritu, puedes repetirlo durante varios días hasta que descubras en tu alma la luz del Espíritu Santo.

Haré comer a tus opresores su propia carne, Y como si fuera vino dulce, con su sangre se embriagarán. Y toda carne (todo ser humano) sabrá que Yo, el SEÑOR, soy tu Salvador Y tu Redentor, el Poderoso de Jacob.”(Isaías 49:26) 

Diálogo preparatorio

Alma mía deja de estar condenando con tus juicios, pues así sólo logras vivir el mundo de la condena. Buscas el gozo del cielo, lo encontrarás en tu espíritu, pues el gozo viene del Espíritu Santo que anima la vida.

`Y les daré un corazón para que me conozcan, porque yo soy el SEÑOR; y ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios, pues volverán a mí de todo corazón.(Jeremías 24:7)

Despierta

Cada mañana reserva un tiempo para tomar la mano del Señor y perdonar aquellas deudas que arrastras de los días del pasado. Ilumina con el perdón que te entrega Su Espíritu los juicios del pensamiento, los resentimientos anidados en las emociones, los dolores del cuerpo y los rencores que encuentres en relaciones con los demás.

Lávate

Cuando laves tus manos, preparándote para comer, observa como eliminas toda impureza que pudiera dañarte y piensa en la limpieza que el perdón hace en aquello que te daña. El Señor te entrega siempre el perdón para que lo apliques y camines limpiar de culpa, pues muchas veces caminamos con las culpas de los otros negando la reconciliación. Descubre como brilla la misericordia del Señor cuando lavas con compasión tu corazón y el mundo que enfrentas.

Mírate

Cuando mires el espejo, observa en el fondo de tu mirada y pregúntale a tu conciencia donde y como está buscando el Animo que anima tu espíritu. Cuando camines observa ¿tu conciencia mira hacia la tierra? o bien, tu visión está en el horizonte que une la tierra y el cielo.

El egoísmo tiene la cabeza baja y no deja de contemplar el gozo del cielo transformando la tierra. Tal vez, has olvidado que los frutos del Espíritu Santo están presentes en tu existencia y vienen desde el cielo y tienen raíces en la profundidad de tu espíritu.

El egoísmo te muestra una vida centrada en ti. Las demandas que haces, se centrar en aquello que afecta tus intereses y derechos. La ley parece el sostén de tu tranquilidad. El perdón del quien mira con la cabeza baja significa: “si yo concedo un beneficio al otro, el otro me debe un favor”. “Perdono pero no olvido”… se mantiene la esclavitud sobre la ofensa y la deuda.

Levanta tu rostro

Si levantas la cabeza al perdonar verás que el perdón viene del Amor y en el perdón descubre la posibilidad de salvar al otro de ofensas y deudas, de ayudarlo en su debilidad con la fuerza del Amor. Así es el perdón que recibes del cielo. Del cielo recibes el Amor que te anima, el Amor que es tu camino, el amor que es tu vida y tu destino. Perdón del Amor significa, encontrar la bendición y salvar al otro, quitar el juicio que condena y esclaviza. Al perdonar descubres el Amor del que está hecha la creación del Padre Nuestro.

Ten compasión

Perdonar es un acto de misericordia, de compasión, de caridad o Amor, para salvar a nuestro prójimo y salvarte, para acunarnos en los brazos del Padre, para encaminarnos en la plenitud, para levantarnos de las caídas, para descubrir la bendición que somos en nombre de Dios.

Se libre

El perdón del Amor libera al próximo de nuestros juicios y a nosotros de la esclavitud de nuestras condenas, de convertirnos en verdugos y guardianes de quienes nos ofenden.

Recibe al Señor

Cristo ha venido a perdonarnos a liberarnos de nuestros juicios del egoísmo que nos esclavizan. Somos seres y expresiones del Amor, templo donde habita el Espíritu Santo, creados a imagen y semejanza del Creador. Somos Amor encarnado para bendecir la creación, para crear una bendición que transforme la ofensa. Somos una bendición de Amor para extender el Amor. El egoísmo es tan frágil ante el Amor, es sólo el capullo qué cubre nuestra presencia. Cuando mires una mariposa descubre como dejó el capullo que limita el vuelo en el cielo. Suavemente libérate del capullo de tu egoísmo y vuela en el Amor.

Contempla el Amor

Contempla el Amor, mírate en el Amor, mira el Amor en ti. Somos Amor del Amor. Somos como una gota de agua que recorre el lecho del río, levanta el vuelo en las nubes, que se expande por toda la tierra, que se une a la creación para bendecir y ayudar a dar frutos y semillas. El capullo del egoísmo se aferrar a una piedra, al fondo del río, del océano, no alcanza la altura de la nube o el horizonte de la tierra misma. Por eso vivir en el egoísmo paralizas y cubres al Amor.

Alma mía, el ánimo que corre en nuestra vida es el Amor que da vida. pues el Espíritu Santo encarnado es la Vida, el Camino y la Verdad. Es Amor, Espíritu del Padre y Cristo. Viene a nuestro encuentro para que dejemos de aferrarnos al egoísmo y vivamos vida que viene del amor, por los siglos de los siglos, en la eternidad de su presencia.

Acepta el Amor

Cristo al mirarnos enclavados y paralizados en la tierra, con la fuerza del perdón de su misericordia, va más allá de decir “tus pecados son perdonados”. Dice “levántate y anda”. Así pues Alma mía, con el Amor que te confiere el Espíritu del Señor: ¡levántate de esa culpa y anda! ¡Levanta a quien ofende y tiene deuda para que ponga el pie en la tierra y la mirada en el cielo! Levantar y andar es perdonar. Así la verdad te hace libre, pones pie en el camino del amor y amas la vida del Amor.

Invoca al Señor

Alma mía, invoca su presencia, que u mente se centre en llamarlo una y otra vez diciéndole: “Señor mío y Dios mio”. Detén tu paso, pon cómodo a tu cuerpo y que respire profunda y pausadamente mientras invocas al Señor. Medita así una y otra vez hasta que te mires dialogando con el Señor, que te aguarda para acunarte en sus brazos y curar tu debilidad, rencores y temores, el duelo y las limitaciones.

Para levantarte de los hechos, las palabras o las omisiones que te han arrojado a la tierra Invoca su presencia al menos 10 minutos al día. Mira hacia tu espíritu y verás su Espíritu Santo en ti. Siente como es uno contigo, recibe su Espíritu en comunión con tu espíritu y en la pena sentirás su presencia que te levanta y para que andes en sus brazos.

Descansa

Por la noche, así como desanudas los zapatos para descansar, desanuda toda ofensa y deuda perdonando. Así como iluminas con una lampara el camino en la oscuridad, recibe el perdón del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y extiéndelo en la oscuridad del camino del egoísmo.

Dios te bendice, acúnate en sus brazos.

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Testimonio de Pablo

Mira como el Señor sana y se muestra a San Pablo. Y Pablo descubre y comparte el Espíritu de su espíritu en la carta a los Gálatas:

Gálatas, 5

Para ser libres nos libertó Cristo. Manteneos, pues, firmes y no os dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud.

Soy yo, Pablo, quien os lo dice: Si os dejáis circuncidar, Cristo no os aprovechará nada.

De nuevo declaro a todo hombre que se circuncida que queda obligado a practicar toda la ley.

Habéis roto con Cristo todos cuantos buscáis la justicia en la ley. Os habéis apartado de la gracia.

Pues a nosotros nos mueve el Espíritu a aguardar por la fe los bienes esperados por la justicia.

Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión tienen valor, sino solamente la fe que actúa por la caridad.

Comenzasteis bien vuestra carrera, ¿quién os puso obstáculo para no seguir a la verdad?

Semejante persuasión no proviene de Aquel que os llama.

Un poco de levadura fermenta toda la masa.

Por mi parte, confío en el Señor que vosotros no pensaréis de otra manera; pero el que os perturba llevará su castigo, quienquiera que sea.

En cuanto a mí, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué soy todavía perseguido? ¡Pues se acabó ya el escándalo de la cruz!

¡Ojalá que se mutilaran los que os perturban!

Porque, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; sólo que no toméis de esa libertad pretexto para la carne; antes al contrario, servíos por amor los unos a los otros.

Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Pero si os mordéis y os devoráis mutuamente, ¡mirad no vayáis mutuamente a destruiros!

Por mi parte os digo: Si vivís según el Espíritu, no daréis satisfacción a las apetencias de la carne.

Pues la carne tiene apetencias contrarias al espíritu, y el espíritu contrarias a la carne, como que son entre sí antagónicos, de forma que no hacéis lo que quisierais.

Pero, si sois conducidos por el Espíritu, no estáis bajo la ley.

Ahora bien, las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje,

idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones,

envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.

En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad,

mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley.

Pues los que son de Cristo Jesús, han crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias.

Si vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu.

No busquemos la gloria vana provocándonos los unos a los otros y envidiándonos mutuamente.

 

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