No pierdas el ánimo

Alma mía, tu eres el ánimo mío y pareces perderte en este momento difícil, como una tormenta que abate tu vida y con su fuerza te hace temer por tu debilidad. Se escucha como cruje la voluntad y la maldad queriendo arrancarte del amor. Escuchas  unos golpes en tu conciencia y temes abrir, no sea algún bandido  Esperas lo peor, pero a tu puerta está tocando el Señor.

Eres tú quien ha cerrado la entrada a su presencia, pues atrapada por tu egoísmo con el rostro de pereza, lujuria, vanidad, ira; has permitido que el temor se apodere de tu conciencia, te has encerrado en una pequeña obscuridad cubierta por la inmensidad de la presencia del Señor.

Basta ya de escuchar a tu egoísmo y las condenas que promueven la separación. Está frente a ti, contigo y en ti el peregrino del amor infinito, eterno y lleno de misericordia y pretendes mirarte como la víctima del universo. Se ha encarnado dejando la gloria del Padre Nuestro para ungirte con su Espíritu Santo y levantarte de la mortalidad de la miseria que has construido.

Alma Mía abre tus labios y saluda al Señor; agradece su presencia en los dones que te entrega y el abrazo del mundo que te rodea, el aire que respiras y en conciencia puede inspirarte para transpirar el dulce perfume del amor del que estás hecha.

Luego de agradecer pide perdón al que te envuelve con los brazos de la misericordia y te sostiene con la vida eterna, y perdona a quien tenga deuda o te haya entregado su ofensa, así como el Señor toma tus sandalias para formarte, así toma las sandalias de quien te ofende y mira con sus ojos su debilidad y muéstrale su salvación. Deja de condenar hombre y al hijo del hombre validando tu egoísmo.

Podrán cortar tu cuerpo en pequeños pedazos y arrojarlos por el camino, pero nunca podrán separar tu alma, ni atraparla, ni ofenderla, ni mancharla, pues en el Señor siempre tu anima serás la razón y el sentido para sufrir el pago de la sanación en la salvación.

Alma mía, corre abre la conciencia, esta el señor tocando a la puerta, que privilegio a grande y tu lamiéndote tus heridas en la desolación. Apresúrate, abre le al Señor que trae el gozo del cielo para cruzar cualquier tormenta. Deja de desanimarte o perder el alma, no la extravíes, el Señor ha llegado.

La Palabra de Dios

Mateo 7:21, 24-27

Jesús les dijo: “No todo el que me diga: ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de Dios, sino el que haga la voluntad de mi Padre del cielo. Así pues, quien escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a un hombre prudente que construyó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos y se abatieron sobre la casa; pero no se derrumbó, porque estaba cimentada sobre roca. Quien escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a un hombre sin juicio que construyó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos, golpearon la casa y ésta se derrumbó. Y todo fué un gran desastre”.

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