¡Me las van a pagar!

¡Es mío! Poseo, me siento dueño, poderoso, con control. Tengo algunos sentimientos que esconden mi paz, mi verdadera vida, el amor que has puesto en mi vida.

¿En cuánto vendo mi paz? ¿Por cuánto entrego un día de mi vida?¿Cuánto vale sentir tu abrazo de cada día?

La Presencia de Dios

– POR LA SEÑAL DE LA SANTA CRUZ. PIDAMOS PERDÓN A DIOS:

– Tú me entregaste mi vida sin condiciones. Señor, ten piedad.

– Tú me entregaste tu vida perdonando. Cristo, ten piedad.

– Tú estás prisionero en el Sagrario por el amor que nos tienes. Señor, ten piedad.

La Libertad

Dios de amor, hoy quiero que resucite el amor al trabajar y al vivir. Amor al cocinar y comer. Amor al correr y caminar. Amor al despertar y dormir. Amor que recibe al dar.

Quiero conectarme con la experiencia de crear en el amor, de servir en el amor. Conectarme con el amor para sentirme bien. Dejar que el amor resucite en mi vida para estar en paz

Quiero resucitar el amor con que me creaste, el amor con que me das vida, el amor con que me esperas.

La Palabra

Lucas 6

27 «Pero yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien,

28 bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen.

29 Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica.

30 A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames.

31 Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente.

32 Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman.

33 Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto!

34 Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente.

35 Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los ingratos y los perversos.

36 «Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo.

37 No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados.

38 Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá.»

¿Qué me estás diciendo Señor?

La Conciencia

¡Me las van a pagar!

Señor, la sensación de que me deben, me la deben. Me la tiene que pagar. Es un pensamiento, una emoción que me oculta tu presencia y la paz a mi espíritu.

Tengo enojo, tengo posesión, tengo miedo, tengo tristeza, ¡tengo coraje!.

¡Es mío! Poseo, me siento dueño, poderoso, con control. Tengo algunos sentimientos que esconden mi paz, mi verdadera vida, el amor que has puesto en mi vida.

¿En cuánto vendo mi paz? ¿Por cuánto entrego un día de mi vida?¿Cuánto vale sentir tu abrazo de cada día?

En la oración, al Padre nuestro, lo único que nos pides es que perdonemos para vivir en el cielo. Y cuantas veces prefiero comer del árbol prohibido juzgando el bien y el mal, en lugar de alimentarme del fruto del perdón para gozar la «Paz del paraíso». El precio del paraíso es perdonar las deudas.

Nos miras libres de ese sentimiento de posesión, de ese mal que nos esclaviza. Nosotros nos hacemos esclavos de quienes nos deben, nos convertimos en sus prisioneros, perdiendo la herencia de la libertad.  Que sentido tiene levantarnos en la mañana  como esclavos de nuestras deudas y molestarnos esclavizando al otro porque me debe y así  llenar de tizne el cristal con que miraremos la vida de cada día.

Cristo nos enseña a prestarles a hombres libres, ser libre es ser responsable de lo que se pide, el hombre libre le dará cuentas al Padre si, viendo al hermano hambriento,  no le compartió su pan. Pídele cuentas a quienes prestaste  y deja que él pague en conciencia su deuda, que Dios siempre te dará, como te dio para prestar, que no te faltará techo,  vestido ni sustento. Pero sobre todo recuerda que está tu cuarto esperándote en la casa del Padre, el Padre no quiere que te pierdas, que no llegues a sus brazos por una deuda.

Guíame para perdonar a mis deudores, a quitarme ese sentimiento de posesión que me esclaviza de quien llamo deudor. A pagar el precio de mi libertad que yo he vendido a tantas personas al hacerlas responsables de mis emociones y mis sentimientos, de mi paz, mi vida y amor.

Hago a otros responsables de mi vida. Pero Señor, la única forma de vivir es en Ti, en tu voluntad.

Dame ese ánimo, ayúdame a encontrar esa manera del alma, sin deudas que cobrar, porque pierdo mi vida, pierdo mi paz.

Te amo. Yo soy quien debería estar en deuda contigo, pero tú miras más allá y nos compartes el paraíso, pagaste con tu vida para que no pagara con mi vida, con mi esfuerzo, mi cuerpo, mi sonrisa, mi paz. Compartiste tu libertad y tu amor Sencillamente me pides que me reconozca como parte de la creación y como hijo del Padre Nuestro, del que está en los cielos, de donde surgimos todos como creaturas. Y hoy, gracias a tu intercesión, gracias a la puerta que tu abres, somos hermanos todos, por la gracia de Dios padre. ¿Cuando me has cobrado eso?. ¿Cuando me has cobrado el canto del pájaro, el saludo del sol en la mañana, las nubes llevando el agua, la tierra que me sostiene. El amor que me da vida?. Y sin embargo a manos llenas me has dado la vida y la vida rodeada de vida para disfrutarla. Si, con problemas, pero también llena de ti, del amor que eres.

Gracias por no hacerme sentir uno de tus deudores y sin embargo que hermoso haber recibido de ti. Cuanto debiera estar comprometido contigo y lo único que nos dices es: «Ama a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo» y lo haces para nuestro «Bien estar», para que recibamos el reino de Dios, el paraíso aquí en la tierra. El cielo del amor en vida.

Gracias señor y, sin embargo, cuanto creo que te debo, pero tú nos diste el don de la libertad y y nos miras libres y responsables, como Padre bueno que espera que se reúnan sus hijos en la mesa de cada día.

Sabes que nos quedamos en la puerta de tu casa sin entrar, pues nos llenamos de tierra, de basura, de esclavitud, de maleza, de tizne, de cochambre, de piedras que llamamos preciosas. Quiero comer contigo de tu pan y mirarte como Padre.

Conversación

Imagina a Jesús parado frente a ti o a un lado, dile: Padre Nuestro, perdona nuestras ofensas, como perdono a quien me ofende. Escucha…

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio ahora y siempre por los siglos de los siglos Amen.

Conclusión

Siembra en tu vida una o varias flores de amor:

Le hablaré a Dios de cada uno de mis familiares y sus necesidades.

Tiraré un resentimiento cuando escuche alguna campana y no volveré a recogerlo.

Miraré a alguien que esté enfadado: como una persona que pide ayuda, en lugar de una persona que me agrede.

Separaré parte del dinero de un día, para entregarlo a las necesidades de mi comunidad.

 

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