La infidelidad condena, el Amor rescata

Siembra esta Flor de Amor

Hoy buscaré sentir la cercanía de Dios cuando caminamos juntos y me abraza con su amor

La infidelidad es un síntoma en alguno de los dos en la pareja. Es una falta de contacto con el espíritu pues uno de los frutos del Espíritu Santo, es la fidelidad.

Mira al infiel

Quien mira al infiel escucha en su conciencia a la mente condenar, la emoción separa, el cuerpo rechaza, las personas claman por la separación. Sin embargo el espíritu tiene una visión diferente y es con misericordia. De hecho el Amor quiere salvarlo quitando la justa condena.

Lo que Dios a unido, no lo separe el Hombre. Es la sentencia que se reza en la bendición a los esposos en la celebración de su sacramento matrimonial, en la celebración de invitar a Jesucristo a ser parte de la vida matrimonial. Por eso, ya no son dos vidas, sino dos individuos en una sola vida consagrada a Cristo. Por ello observen que lo que uno realiza al otro le afecta. ¿No es acaso normal ir en las penas el consuelo y la ayuda a Dios nuestro Señor? entonces sabemos que el Señor está presente en nuestra existencia y escucha y responde a nuestros ruegos. 

¿Acaso no santifica al matrimonio el acercamiento de uno o del otro al consuelo y la fuerza de los sacramentos? En el matrimonio lo que uno realiza al otro le afecta. Si el Señor entrega su misericordia para no juzgar las acciones en contra del Amor, por el contrario viene a levantar al caído para que camine en la verdad y la vida. Gracias a la misericordia que entrega con el Amor es posible salvar al matrimonio de la infidelidad. Si Jesús, deja de juzgarnos y nos llama a que no pequemos más ¿Quienes somos para condenar y apedrear, según la ley al adultero? ¿Somos más que el Justo Juez?

La infidelidad es una negación del Amor, para el mundo es una traición. Al recibir una traición como actúa el Señor ¿cómo hizo con Pedro? Luego de la resurrección tres veces le pregunto y le pidió que continuara «¿Pedro, me Amas? apacienta mis ovejas» ¿Acaso no es Jesús nuestro Maestro y nosotros sus alumnos? Pues bien, aplica su enseñanza y deja de usar el reclamo, el silencio, la condena, la separación y todas aquellas reacciones que recomiendan las personas que están listas para lapidar a quien se comporta con infidelidad. Aquellas personas que están prestas a juzgar y condenar para ocultar sus propios errores.

Salva con misericordia a quien cae en la negación del Amor. Hazlo rogando la bendición, la presencia y la ayuda del Señor Sacramentado en tu matrimonio, deja de mirarlo separado del Amor que los une. Restaurar es despertar el Amor que se negó. Si permites que se niegue el Amor y la salvación, la condena será como la de Judas Iscariote, al negar la misión del Amor, más te valdría no haber nacido. Pues el Amor es camino, verdad y vida. En la negación perderás el camino, ocultarás la verdad y perderás la vida que viene del Amor.

Justificarás la infidelidad siempre, pero será un juicio que huye de la misericordia y afirma la condena.

¿Aceptaste ser infiel?

La infidelidad es una decisión que oculta el Amor. Aunque busques justificarte en las debilidades, maltratos, soberbias, rencores y vanidades de otros. La decisión de la infidelidad es tu responsabilidad personal y habla de ti. De los efectos del pasado, los temores del futuro y la ausencia del Amor en tu consciencia. La justificación viene de la mente, las acciones arrebatadas vienen de la memoria y emociones, los deseos vienen del cuerpo, los vicios y las seducciones de las personas, las fantasías de tus sueños e imaginación. Pero el Amor viene de tu espiritualidad. 

¿Como encontrar el Amor? en la mente, las emociones, la memoria, el cuerpo, el dicho de las personas, las fantasías y los sueños. ¿Has olvidado tu espíritu? en el espíritu y con la espiritualidad se domina a la mente, las emociones, el cuerpo, el dicho y las fantasías. Un beso pagado o forzado no tiene la profundidad del beso profundo desde el Amor, confiando el espíritu a la otra persona.

Equivocas el camino, pues tu vocación es Amar. El Amor es tu origen, camino y destino. Eres una expresión del Amor de Dios, eres un Amor y Amor es lo que en verdad puedes dar. Ama y así permitirás que el Amor exprese sus frutos: Paz, Gozo, Paciencia, Amabilidad, Generosidad, Fidelidad, Auto-Control. La castidad en la fidelidad y cualquier fruto del Espíritu Santo, no es un sacrificio, es una donación de Amor hacia tu pareja.

Ama, perdona y perdónate con el perdón que te entrega el Padre Nuestro, que espera entregarte el cielo, la plenitud de cada día, el gozo de su presencia. Abre la puerta, ha enviado su Espiritu Santo en Jesús para rescatarte y compartirte la vida que viene del Amor. Su misericordia no te condena, no te condenes, levántate y no peques más. Vive la vida que viene del Amor.

La vida que viene del Amor es hacer la voluntad del Padre Nuestro, habla con Él. Pon pie firme en el Padre Nuestro para dar el paso de amar a tu prójimo y a ti. Bendice el Sacramento del Matrimonio, del Bautizo, de la reconciliación y la encarnación de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía.

Alocución a los esposos

No digo a los varones que sean celosos al respecto de sus mujeres, porque sé que lo son. ¿Quién soporta que su mujer sea adúltera? ¡Y se pide a la mujer que tolere los adulterios de su marido! ¡Qué justicia! —¿Por qué?, te ruego. ¿Por qué? —Porque yo soy varón. —¿Eres varón? Has de mostrar con tu fortaleza que lo eres. ¿Eres varón? Vence la pasión. ¿Cómo puedes ser varón, si tu mujer es más fuerte que tú? Tú, varón, eres, en verdad, cabeza de la mujer. Si es la cabeza, sea guía y sígale la mujer. En la casa bien ordenada, el varón es la cabeza de la mujer. Si eres la cabeza, haz de guía; siga la mujer a su cabeza. Pero mira a dónde vas. No vayas a donde no quieras que ella te siga; no vayas a donde no quieras tenerla de acompañante, para no caer juntos en la fosa del adulterio, no sea que, al hacerlo tú, le enseñes a hacerlo a ella. Te dolerá el alma si caéis ambos juntos en la fosa del adulterio; pero ha de dolerte aunque sólo caigas tú. Sientes celos, no quieres que caiga ella; teme, no caigas tú.

Mas vosotras, mujeres castísimas, no imitéis a vuestros maridos impúdicos. ¡Lejos de vosotras tal cosa! ¡Que vivan con vosotras o que perezcan ellos solos! La mujer no debe su castidad al marido impúdico, sino a Dios, a Cristo. Manténgase fiel no por el marido, que no lo merece, sino por Cristo. Considere el propio precio, lea sus tablas.

Por último, piense lo que le venga en gana quien tal vez se indigne porque hablo de estas cosas, pues sé que quienes juzgan rectamente me aman por ello, pues no sin motivo está escrito: Corrige al sabio, y te amará; corrige al necio, y aumentará su odio hacia ti. No dijo que comenzará a odiarte, sino que aumentará su odio, puesto que ya lo tenía. Por tanto, sé que los sabios me aman por este punto.

Prívense de la comunión quienes saben que conozco sus pecados, para no ser expulsados del interior de las cancelas. A aquellos cuyos pecados ignoro, los cito ante la presencia de Dios. Hagan también ellos penitencia y absténganse en adelante de la inmundicia de sus fornicaciones.

San Agustín, SERMÓN 392

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