Habla Padre Nuestro, oracion

Silencio, que el alma mía quiere hablar con el Señor que me dice: “Sin embargo, como ya les dije, ustedes se niegan a creer aun después de haber visto”

Callen mis razones y mis justificaciones, argumentos todos, pensamientos vanos, soberbios y de vanidad. Sólo quiero que mi mente presencie la conciencia de mi Señor en mi alma.

Silénciese también mis emociones, rencores, resentimientos, odios y sinsabores, deténganse emociones pasajeras de temor y oscuridad, de frío y necedad, pues solo quiero que reconozca el alma mía la presencia de mi Señor.

Cuerpo, practica el ayuno de vicios, sensaciones, sensualidad, necesidades y aún de hambre y sed. Ayuna cuerpo de tacto, vista, escucha, sabores y olores. Hoy el alma comerá y beberá la plenitud de la presencia de mi Señor.

Razón, emoción y cuerpo no contraríen el deseo de mi débil voluntad, pues aunque es cierto que el camino que transito parece ser oscuridad y espinos, sufrimiento y tristeza, necesidad y amargura, sin la conciencia del Señor en el alma mía, la muerte será en vida y la vida será la muerte.

Mire toda mi conciencia la verdad de luz que del alma mía se desprende, pues es la puerta directa al Espíritu Santo del Señor, la cuna y el cielo del Amor, la creación de la vida en la vida y la fuerza en la debilidad.

Toda mi conciencia mire y alabe el dichoso templo que alienta el alma mía, iluminando el espíritu con la conciencia del Espíritu Santo del Hijo y del Hijo en el Padre. ¿Acaso hay otro lugar más pleno que el templo que Él mismo ha dispuesto para su presencia?

Abre la puerta del templo, alma mía, donde se mira la luz de la palabra del Padre y se comparte con nosotros en el templo que todos tenemos; porque es del cielo donde surge el mandato santo y de santificación en el nombre del Padre, en el Hijo con el Espíritu Santo.

Alma mía contempla como viene a nosotros su reinado, como se hace su voluntad en la tierra como en el cielo. Mira como recibes el pan de cada día, el pan de vida y te transforma en pan de cada día y en la vida de su creación eterna, permanente, presente y perfecta. Siente sus palabras: “El que viene a mí nunca tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed”. Mira como alimenta el universo con su amor en ti para que lo extiendas y transformes en su amor

Contempla alma mía su misericordia ante tus errores, aun cuando tus debilidades y tu egoísmo deciden detenerse en la sombra del temor. Mira como te levanta el Señor, transforma tus pecados en lección y vida para que camines desde su amor, por su amor. Alma mía mírate en su misericordia y ten compasión del prójimo y de ti mismo y perdona, deja de contrariar la voluntad de amor de mi Señor y por soberbia y vanidad condenes con juicio insensatos a otro, pues así te condenas a ti mismo negando su misericordia en tu compasión.

Alma mía, mira al Señor en el templo del Espíritu y pídele que aparte de ti la tentación de contrariar su voluntad de amor. Que tu razón, emoción y tu cuerpo se sostengan en su amor para no equivocar el camino por soberbia, temor y sensualidad vana. Contempla y alaba al Señor desde el amanecer hasta la oscuridad y aún en la oscura noche, alábalo y llámalo con toda razón, corazón y conciencia. Dile que aparte de ti al contrario, al adversario de tu amor, de tu luz, tu misericordia y tu bondad. El maligno que se empeña en separarnos del gozo del cielo, de la alegría de llamarte Padre Nuestro.

¡Silencio! que el alma mía quiere hablar con el Padre Nuestro. Escucha su palabra que dice: “Todo lo que el Padre me ha dado vendrá a mí, y yo no rechazaré al que venga a mí, porque yo he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. Sí, ésta es la decisión de mi Padre: toda persona que al contemplar al Hijo crea en él, tendrá vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día”

La Palabra de Dios

Juan 6:35-40 Jesús les dijo: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed. Sin embargo, como ya les dije, ustedes se niegan a creer aun después de haber visto. Todo lo que el Padre me ha dado vendrá a mí, y yo no rechazaré al que venga a mí, porque yo he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. Sí, ésta es la decisión de mi Padre: toda persona que al contemplar al Hijo crea en él, tendrá vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».

(AYN)

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