Está presente ¿Qué más necesitas?

Alma mía en esta día reconoce que el Señor es el presente de la historia. Regresa al presente y mírate en Él como Él se mira en ti. Hoy no le pidas favores, quédate solo en su presencia. Que tu corazón responda a su Amor.

Anídate y habita el corazón del Señor, míralo en el trono de tu conciencia y siente como sus manos te tocan para formar tus pensamientos, tus sentimientos, tu imaginación.Mira como busca que seas amor a imagen y semejanza, descubre como quita esos rastros de rencor y resentimiento, de dolor por experiencias que te lastimaron y te desviaron del gozo de la plenitud de su amor. Alma mía, déjate crear por su misericordia, su paz. Recibe su perdón y amor.

Mira cómo has vivido en su presencia y amor cada día de tu vida, recuerda cada momento que ha pasado mirando en tu memoria también su presencia. Observa tus experiencias buenas y luminosas en su presencia, agradece al Señor y contempla aquellas acciones que fueron sombra de su presencia, donde el egoísmo se apoderó de tu conciencia. Mira el dolor del Señor mientras lo negabas pensándote único y separado. Mira el endurecimiento de tu conciencia por esos actos de egoísmo, aprende de ellos, perdónalos y levántate nuevamente a la presencia del Señor. Toma la valentía del Señor y anda en su presencia.

Alma mía, observa el temor que anidas en tu conciencia por querer descubrir las respuestas del futuro olvidando que vives en el Señor. Temor al mirarte abandonado de su Amor y su Paz. Reconoce su misericordia que a pesar de tus errores siempre se vence por amor a tus ofensas y deudas. Alma mía, tu existencia está salva en la presencia del Señor. Lleva a tu prójimo a la presencia del Señor y verás la salvación.

¿Por qué te entristeces? Seguramente no han sabido aceptar tu amor y no has sabido leer las palabras de amor que el Señor te da para alentarte. En la historia del Señor, tantos no han sabido leer el amor en su corazón y aunque lo desean con fervor han equivocado la vista. Alma mía deja la tristeza de tu historia y reconoce la palabra del Señor en tu vida. Él es el presente de la historia. Míralo en la historia de tu prójimo y en la tuya. ¿Qué más necesitas? Siempre está presente aún en la noche oscura.

La Palabra de Dios

Lucas 9, 51-56

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: “Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?” Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.

 

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.