Deja el miedo y recibe el amor

Alma mía, cuando el temor se apodera de ti, aún el más bello amanecer te parecerá oscuro. Dejarás de distinguir la bondad pues tu alma se mira desprotegida y sin auxilio. El temor no convive con el amor como la luz no puede vivir en el mismo cuarto que la oscuridad. El temor es muestra que has olvidado que eres una semilla de amor que Dios ha sembrado en esta tierra para dar frutos de amor, eres un amor, vuelve a mirarte buscando el amor que te sostiene y estate atento a la voz del Señor, la voz del amor.

Tantas acciones has realizado huyendo del temor, tratando de ocultarlo y aún de negar su existencia. Cuánto temor hay en la vanidad hay al tratar de distinguirse para no ser menospreciado. Cuánto temor se esconde tras la lujuria, la ira, la avaricia, la envidia, la pereza, la soberbia y aún en la gula. El egoísmo es el gran temor que oculta el brillo del amor.

¿Hace cuánto tiempo que no te detienes a iluminarte dialogando con el amor? Escuchas palabras que juzgan y condenan, que separan y desprecian. Son consejos que llenan de tizne tu conciencia y oscurecen la plenitud que tanto añoras. Alma mía habla con el Señor, siempre está en el templo del fondo de tu corazón, nunca te abandona y procura tu bien supremo. Deja la desesperación en el olvido, junto con los juicios, las condenas y las sentencias. Niégate a ti misma y descubre el amor de Dios sobre todas las cosas y en tu prójimo como en ti misma

Alma mía, la vida tiene dolor, tiene cruz que cargamos. Cuanta fortaleza para llevarla hasta la resurrección si permitimos que el amor nos sostenga y sea nuestra fortaleza. Sólo el amor es capaz de llevar la más pesada cruz por el calvario, perdonar, negarse plenamente y resucitar de entre el egoísmo para multiplicar el amor en el mundo. Al Seguir a nuestro Señor Jesucristo contempla cómo su vida, muerte y resurrección fue de cara al amor, a amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a su presencia en este valle de lágrimas.

En tu loca carrera por huir del temor en cualquiera de sus formas, detente un momento alma mía, mira al Señor, todo amor, todo en ti, todo en todo. Mírate en el Señor, en su conciencia, sabiendo cada error, cada caída, cada muestra de egoísmo y a pesar de todo insiste en que despertemos al amor, Mírate en el Padre Nuestro, amoroso y pleno al entregarnos su creación, su encarnación y su Espíritu Santo. Mira como quiere que salves a quien merece codena, acompañes a quien padece soledad, alimentes a quien tiene hambre, ames al enemigo, cobijes y vistas al desnudo, des amor como medida de la justicia, visites al marginado. Salva en el amor y verás la luz del amor disolver el temor.

Ahora lo sabes alma mía, tu temor oculta la plenitud del amor que es el gozo del cielo que tanto añoras como pan de cada día. Tu temor se transforma en el amor cuando perdonas, bendiciendo al mundo con la bendición que recibes y ayudándolo a que deje su temor, se levante de su parálisis y camine en el amor, en la verdad y la vida. EL padre buen y misericordioso te llevará y arropará, te alimentará y te formará. Siempre está empeñado en eso. Pídele su abrazo en nombre de Jesucristo nuestro Señor y sentirás la providencia con su Espíritu Santo. No te faltará casa, vestido ni sustento.

Pide la gracia de librarte de tus preocupaciones y estar atento a escuchar lo que Dios te diga… Deja el miedo y recibe el amor

La Palabra de Dios

Mateo 4:23

Jesús recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

(RDP)

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