Para confesarte bien

No hay pecado que no pueda ser perdonado, si nos acercamos a la misericordia de Dios con un corazón contrito y humillado. En este consolador Sacramento, altamente personal, Cristo continúa encontrándose con los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Restaura la unidad donde hay división derrama su luz donde hay oscuridad y concede una esperanza y alegría que el mundo no podría dar. Mediante este sacramento, la Iglesia proclama al mundo las infinitas riquezas de la misericordia de Dios, esa misericordia que ha derrumbado las barreras que nos separaban de Dios y de los demás”.

San Juan Pablo II

El nombre de este sacramento

1423 Se le denomina sacramento de conversión porque realiza sacramentalmente la llamada de Jesús a la conversión (cf Mc 1,15), la vuelta al Padre (cf Lc 15,18) del que el hombre se había alejado por el pecado.

Se denomina sacramento de la penitencia porque consagra un proceso personal y eclesial de conversión, de arrepentimiento y de reparación por parte del cristiano pecador.

1424 Se le denomina sacramento de la confesión porque la declaración o manifestación, la confesión de los pecados ante el sacerdote, es un elemento esencial de este sacramento. En un sentido profundo este sacramento es también una “confesión”, reconocimiento y alabanza de la santidad de Dios y de su misericordia para con el hombre pecador.

Se le denomina sacramento del perdón porque, por la absolución sacramental del sacerdote, Dios concede al penitente “el perdón […] y la paz” (Ritual de la Penitencia, 46, 55).

Se le denomina sacramento de reconciliación porque otorga al pecador el amor de Dios que reconcilia: “Dejaos reconciliar con Dios” (2 Co 5,20). El que vive del amor misericordioso de Dios está pronto a responder a la llamada del Señor: “Ve primero a reconciliarte con tu hermano” (Mt 5,24).

Sólo Dios perdona el pecado

1441 Sólo Dios perdona los pecados (cf Mc 2,7). Porque Jesús es el Hijo de Dios, dice de sí mismo: “El Hijo del hombre tiene poder de perdonar los pecados en la tierra” (Mc 2,10) y ejerce ese poder divino: “Tus pecados están perdonados” (Mc 2,5; Lc 7,48). Más aún, en virtud de su autoridad divina, Jesús confiere este poder a los hombres (cf Jn 20,21-23) para que lo ejerzan en su nombre.

1442 Cristo quiso que toda su Iglesia, tanto en su oración como en su vida y su obra, fuera el signo y el instrumento del perdón y de la reconciliación que nos adquirió al precio de su sangre. Sin embargo, confió el ejercicio del poder de absolución al ministerio apostólico, que está encargado del “ministerio de la reconciliación” (2 Co 5,18). El apóstol es enviado “en nombre de Cristo”, y “es Dios mismo” quien, a través de él, exhorta y suplica: “Dejaos reconciliar con Dios” (2 Co 5,20).

Por qué un sacramento de la Reconciliación después del Bautismo

1425 “Habéis sido lavados […] habéis sido santificados, […] habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Co 6,11). Es preciso darse cuenta de la grandeza del don de Dios que se nos hace en los sacramentos de la iniciación cristiana para comprender hasta qué punto el pecado es algo que no cabe en aquel que “se ha revestido de Cristo” (Ga 3,27). Pero el apóstol san Juan dice también: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros” (1 Jn 1,8). Y el Señor mismo nos enseñó a orar: “Perdona nuestras ofensas” (Lc 11,4) uniendo el perdón mutuo de nuestras ofensas al perdón que Dios concederá a nuestros pecados.

1426 La conversión a Cristo, el nuevo nacimiento por el Bautismo, el don del Espíritu Santo, el Cuerpo y la Sangre de Cristo recibidos como alimento nos han hecho “santos e inmaculados ante Él” (Ef 1,4), como la Iglesia misma, esposa de Cristo, es “santa e inmaculada ante Él” (Ef 5,27). Sin embargo, la vida nueva recibida en la iniciación cristiana no suprimió la fragilidad y la debilidad de la naturaleza humana, ni la inclinación al pecado que la tradición llama concupiscencia, y que permanece en los bautizados a fin de que sirva de prueba en ellos en el combate de la vida cristiana ayudados por la gracia de Dios (cf DS 1515). Esta lucha es la de la conversión con miras a la santidad y la vida eterna a la que el Señor no cesa de llamarnos (cf DS 1545; LG 40).

Modo de Confesarse:

Para hacer una buena confesión es necesario:

1º Examen de conciencia.
2º Dolor de los pecados.
3º Propósito de enmienda.
4º Decir los pecados al confesor.
5º Cumplir la penitencia.

1434 La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el ayuno, la oración, la limosna (cf. Tb 12,8;Mt 6,1-18), que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás.

Examen de conciencia

Al final encontraras preguntas para el examen de conciencia, puedes hacerlo a manera de oración de dialogo profundo buscando tu transformación y feliz reconciliación, de la siguiente manera.

Oración de examen de conciencia

Espíritu Santo, del Padre en el Hijo, vamos juntos a hacer mi «Examen de conciencia». Ayúdame a recordar los errores cometidos.

Quiero hacer este examen con diligencia, seriedad y sinceridad; pero sin angustiarme. Confesarme lo antes posible. Pues ser sincero contigo en el Sacramento de la confesión No es un suplicio ni una tortura, sino un acto de confianza y amor a ti, mi Dios.

Tomaré las horas y minutos necesarios para hacer el examen de conciencia a «conciencia» procurando recordar los pecados cometidos de pensamiento, palabra y obra, o por omisión, contra los mandamientos de la ley de Dios, de la Iglesia o contra las obligaciones particulares. Todo desde la última confesión bien hecha.

Hecho el examen de conciencia

  1. Acércate al Confesionario
  2. Arrodíllate
  3. Sigue el rito que prescribe la Iglesia para una buena confesión diciendo: “Hace (tantos) días, semanas, meses o años que no me he confesado, sí cumplí la penitencia que me puso el sacerdote; le pido perdón a Dios de los siguientes pecados”. Ahí manifiesta tus pecados al confesor de manera clara y sincera determinando el número y clase de pecados.
  4. Escucha al confesor buscando la experiencia de sentir la presencia de Cristo en tu reconciliación.
  5. Dialoga con el sacerdote si tienes alguna duda.
  6. Escucha la penitencia que te entregan para mostrarle al Señor tu propósito de enmienda
  7. Al final repite en conciencia el acto de contricción: “Dios mío, me pesa de todo corazón haberte ofendido, porque eres infinitamente bueno y el pecado te desagrada. Propongo firmemente, con la ayuda de tu gracia, no volver a ofenderte y hacer penitencia”.

Oración de propósitos de enmienda.

Mi Señor Jesús, desconozco cuanto es el trecho que me falta caminar en esta vida, pero tomado de tu mano podré hacerlo en paz y amor. Ayúdame a mirar cuales son mis defectos de carácter para enmendarlos apoyados en tu infinita misericordia y así gozar de tu gracia en el año que comienza.

Mi Niño del pesebre. Me miras y me amas con mis defectos de carácter, abrázame para resolver mis errores.

1.- Egoísmo.

2.- La auto justificación.

3.- Falta de honradez en la manera de pensar.

4.- Engreimiento

5. – Resentimiento

6.- Intolerancia

7.- Impaciencia

8.- Envidia

9.- Hipocresía

10.-Morosidad

11.- Auto – conmiseración

12.- Susceptibilidad excesiva

13.- Miedo

Espíritu Santo. Quiero acercarme más a ti para descubrir las virtudes que has depositado en mi:

A. Virtud de la fe

Teniendo como norma diaria «Hágase tu voluntad», perderemos el miedo y encontrándonos a nosotros mismos, encontraremos nuestro destino.

B) Virtud de la esperanza

La esperanza se traduce en la fuerza motriz que hace que nuestra vida tenga y adquiera propósito.

C) Virtud de la caridad

«La caridad es paciente, es benigna; no es envidiosa, no es jactanciosa, no se hincha, no es descortés, no es interesada, no se irrita, no piensa mal. no se alegra de la injusticia, se complace en la verdad. todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera (1- Corintios-13).

Santa providencia del Padre Nuestro, en el hijo con el Espíritu Santo. Acompáñame para enmendar las pequeñas virtudes donde fallo:

a) Cortesía.

b) Jovialidad.

c) Orden.

d) Lealtad.

f) Puntualidad.

g) Sinceridad.

h) Comedimiento al hablar.

i) Bondad.

j) Paciencia.

k) Tolerancia.

l) Integridad.

m) Equilibrio.

n) Gratitud.

Mi Señor, Amor de los Amores:

Considerando las «pequeñas virtudes» ¿en cuales fallé y cómo contribuyeron mis fallas a mi problema acumulativo?

¿A cuales de estas «pequeñas virtudes» necesito prestar particular atención para formar mi nueva personalidad?

¿Las he aplicado con mis allegados?

El mejor día para empezar a aplicarlas es hoy. La mejor manera de empezar, es practicar tres o cuatro hoy mismo. Es preferible empezar con unas cuantas, porque si tratamos de hacerlo con todas, puede dar por resultado que el día siguiente estemos tan agobiados, que decidamos descansar.

Luz de la Sagrada Familia, ilumíname para reconocer honestamente mis Actitudes, y así enmendarlas, tomado de tu mano, y reafirmarme hacia tu voluntad:

A) Actitudes hacia Dios.

B) Actitudes hacia mí mismo.

C) Actitudes hacia la familia.

D) Actitudes hacia mi trabajo.

E) Actitudes hacia mis amigos, vecinos y mi comunidad.

Amor del padre y del Espíritu Santo, se mi maestro para meditar y vivir mi Responsabilidad.

A) Responsabilidad con Dios

B) Responsabilidades conmigo mismo.

C) Responsabilidad con mi familia.

D) Responsabilidades con mi trabajo.

Preguntas para hacer tu examen de conciencia

1. ¿Conozco bien las principales verdades de la fe católica?; ¿las he negado o dudado alguna vez?
2. ¿Creo en supersticiones?; ¿Acepto doctrinas contrarias a las que enseña la Iglesia?
3. ¿He comulgado alguna vez con conciencia o con duda de pecado mortal?; ¿cuido el ayuno eucarístico?
4. ¿He faltado a Misa los domingos o días de precepto por culpa mía?
5. ¿Cumplí con los días de ayuno y abstinencia?
6. ¿He callado en la Confesión, a sabiendas, algún pecado mortal?
7. ¿Manifiesto cariño y respeto a mis padres y familiares?
8. ¿He dado mal ejemplo a los que me rodean? ¿los he inclinado o ayudado a cometer algún pecado?
9. ¿Corrijo con enojo o injustamente a mis padres, hermanos y a otras personas?
10. ¿Peleo frecuentemente con otros? ¿he perdonado a los que me han ofendido?
11. ¿Procuro ayudar a resolver los problemas de los demás? ¿he negado mi ayuda cuando me lo piden?
12. ¿Descuidé mis deberes familiares y cívicos?, ¿fuí causa de que otros no cumplieran con los suyos?
13. ¿He hecho daño a otros de palabra o de obra?
14. ¿Siento odio o rencor contra alguien?
15. ¿Me he embriagado?; ¿he animado a otros a hacerlo?; ¿comí mas de lo necesario?
16. ¿He realizado actos impuros, solo o con otra persona? ¿cuántas veces y por qué?
17. ¿He aceptado pensamientos o miradas obscenas?
18. ¿Me he puesto voluntariamente en peligro de pecar o pecado viendo revistas, fotografías, películas, Internet, programas de T.V., o leyendo novelas inmorales?
19. ¿He tomado o retenido dinero o cosas que no son mías?
20. ¿He devuelto las cosas prestadas a tiempo, o me he tardado en devolverlas causando daño en ese retraso a quien me lo prestó?
21. ¿He engañado a otros cobrando mas de lo debido?
22. ¿Doy limosna según mis posibilidades?
23. ¿He malgastado el dinero en vanidades o caprichos, comprando cosas innecesarias o que van mas allá de mis posiblidades?
24. ¿He dicho mentiras? Con alguna de ellas he perjudicado a alguien?
25. ¿He hablado o pensado mal de otros? ¿levanté falsos testimonios contra alguien?
26. ¿He tenido envidias? ¿he sido orgulloso? ¿desprecio a otros?
27. ¿Me dejé llevar por la pereza sin darme cuenta que es uno de los vicios capitales?
28. ¿Trabajo con cuidado y responsabilidad, y cumplo puntualmente mis horarios?
29. ¿Ofrezco a Dios mi trabajo cada día? ¿me acuerdo de Dios, por lo menos por la mañana y por la noche?

 

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