Tengo miedo de amar

  • Es necesario que él crezca y yo disminuya” (Jn 3,30)

Amar es ser en el amado y con el amado ser. Amar es ser en ti, Señor, y contigo Ser.

Señor que Tu crezcas y yo disminuya significa que Tú el Amor crezca y YO el egoísmo disminuya

Tengo miedo cuando no siento tu presencia y tu eres el Amor. Tengo miedo de sentir el gozo de ser en Ti y Tú en nosotros. Tengo miedo cuando siento que tu Amor se desvanece. Tengo miedo a temer y tengo miedo a Amar.

Miedo a amar

El miedo

Señor dame tu Amor para mirar mi temor. Que tu Amor crezca y mi temor disminuya. Tengo miedo cuando niego a sentirme Amado por ti . Tengo miedo cuando olvido o niego que Tú me Amas. Mi miedo viene de dos momentos, del pasado guardado en mi memoria en bolsas de rencores y resentimientos o lo proyecto al futuro con mi imaginación, y miro un gran velo oscuro frente a mi. Mi error más grande es negarme a reconocer que soy tu Amor y ocultarme ante ti. Mi error es dejar de iluminar con tu Amor el temor. El temor no puede convivir con el Amor,

El Conflicto

Señor pienso que el conflicto es como el horizonte de la conciencia. Es un horizonte entre afirmar tu Amor o afirmar mi temor. Siento paz cuando contemplo como tu Amor crece y yo disminuyo, como el gozo de mirar el amanecer, contemplar el horizonte que une al día y la noche.

Siempre estás presente en el conflicto, el conflicto me plantea caminar amando o paralizarme en el Temor. Tu voluntad es que alcancemos el gozo del cielo, en la paz, el amor y la compasión. Pero soy rebelde para someterme a la voluntad de otro. Aunque al contemplándote, Tú eres en nosotros, y somos en tí. Puedo sentirte en el soplo que anima nuestra existencia en esta vida. Tu Señor, mi Dios eres Amor, somos tu expresión de Amor. Por eso cuando oculto o le niego a mi conciencia el Amor de Dios, le quito la presencia del Amor a nuestra vida. Por eso me pides que me niegue a mi mismo, así tu Amor crece al disminuir mi individualidad, mi egoísmo, así nos haces uno en ti y Dios en nosostros.

La razón

¿Sabes Señor? algunos días el horizonte del conflicto trae relámpagos de rencor, mi rencor ejecuta la condena de mi juicio. Yo mismo me asusto de los juicios con los que me separo de Ti, de mi prójimo y del camino. Mi rencor es miedo y olvido de tu Amor. En lugar de que tu Amor crezca y yo disminuya. Mi rencor niega tu Compasión y Misericordia que nos entregas para amar a nuestro prójimo y a mi mismo. Mi rencor niega tu Perdón que nos das para salvar, para levantarnos y continuar el camino. Por el rencor pierdo el camino donde tu creces y yo disminuyo. Mi rencor ejecuta la condena de mi juicio, en mi juicio, yo mismo me condeno pues pierdo el perdón y la misericordia. Alimentamos el temor con tanta razón que en, nuestro juicio, perdemos el Amor., te perdemos a Ti, mi Señor

La Emoción

Señor, si mirara que tu Amor siempre estás en nosotros, aún cuando en el horizonte del conflicto viene la tormenta con tantos sentimientos que experimentamos y que parecen tomar vida en el corazón. Algunos son agradables, llenos de vida, luz y ánimo, pero otros recuerdos son dolorosos, de angustia, tristeza, enojo… Tu bien nos dices que cada día trae su propio afán, pero cuando esos sentimientos de duelo regresan nos confundimos entre el pasado y la vida que vivimos. Queremos resolver lo que está en el pasado y dejamos de vivir el día, ocultándolo tras los resentimientos. El presente es donde estás, es donde te encontramos, es donde vivimos, es el tiempo del Amor

Los resentimientos son la negación del presente, el presente donde siempre está tu Amor. En el horizonte del conflicto miramos el pasado del resentimiento o y olvidamos vivir Tu amor presente. El resentimiento es otra forma de temor que niega Tu Presencia. Señor que crezca en mi tu presencia y para que disminuya mi resentimiento.

Tengo miedo de amar

Enfrentar sin ti la noche de nuestros temores, rencores y resentimientos es un error. Pecar es un error de conciencia que nos aparta de ti. Señor sabes que en el conflicto decidimos con egoísmo, pudiendo decidirnos por amar. Misericordia Señor, hemos pecado.

Pecar es ignorar tu Espíritu Santo en nuestro espíritu, negar tu Voluntad en nuestra voluntad. Es debilitarnos, pues tu eres quien nos anima, pecar es una forma de oscurecer tu Amor de Dios, presente en nuestro espíritu. Pecar es esconder la lampara en un jarro o ponerla bajo la mesa, es ignorar el brillo de nuestro espíritu. Pecar es la decisión de debilitar nuestra conciencia, dejando que la razón, las emociones, el cuerpo y las relaciones tomen el control de nuestra vida.

Señor en mi debilidad está mi fortaleza y Tú eres nuestra fortaleza. Eres conciencia universal y vida eterna, agua que siempre sacia la sed. Providencia, misericordia y amor incondicional. Eres la roca que nos salva, la piedra angular de nuestra existencia.

Dame tu perdón Señor para perdonarme y perdonar en mi conciencia. Perdón por pretender tapar tu presencia con mi egoísmo, por hacer mi voluntad, sin siquiera considerar Tu Voluntad. Dame tu voluntad Señor que me falta voluntad y perseverancia para amarte sobre todas las cosas. Señor mi fe y esperanza son débiles. Cuanta fe tiene en nosotros. Al punto de encarnarte padecer y resucitar para que te sigamos a la resurrección entre los muertos y alcancemos la vida terna en la casa del Padre Nuestro. Cuanta esperanza nos entregas al darnos aliento y ánimo con el ánimo de tu presencia en nuestro espíritu, sin apartar nunca tu Espíritu Santo de nuestro alcance.

Te entrego mi debilidad, la poca fuerza que creo tener, para disminuir y que Tu crezcas y sea testigo e instrumento de tus expresiones de Amor. Te amor, pues amar es ser en el amado y con el amado ser.

Amar es ser en ti Señor y contigo Ser.

Homilía para el nacimiento de Juan el Bautista

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
“Es necesario que él crezca y yo disminuya” (Jn 3,30)

El nacimiento de Juan y el de Jesús, y sus correspondientes Pasiones, han marcado la diferencia entre ambos. Porque Juan nace cuando el día empieza a decrecer; Cristo, cuando el día se dispone a crecer. La disminución del día es, para uno, el símbolo de su muerte violenta. Su crecimiento, para el otro, la exaltación de la cruz.

Hay también un secreto sentido que el Señor revela… en referencia a esta frase de Juan sobre Jesús: “Es necesario que él crezca y yo disminuya”. Toda la justicia humana… se había consumado en Juan; dijo de él la Verdad: “Entre los nacidos de mujer, no hay ninguno mayor que Juan, el Bautista” (Mt 11,11). Ningún hombre, pues, es superior a él; pero no era sino un hombre. Ahora bien, en nuestra gracia cristiana, se nos pide de no gloriarnos en el hombre, sino que “si alguno se gloría, que se gloríe en el Señor” (2C 10,17): el hombre, en su Dios; el servidor, en su amo. Es por esto que Juan grita: “Es necesario que él crezca y yo disminuya.” Ciertamente que Dios ni disminuye ni crece en sí mismo, sino en los hombres; a medida que aumenta el verdadero fervor, la gracia divina crece y el poder humano disminuye, hasta que llega a su fin la morada de Dios que está en todos los miembros de Cristo, y donde toda tiranía, toda autoridad, y todo poder, mueren, y donde Dios es todo en todos (Col 3,11).

Juan, el evangelista, dice: “Había la verdadera luz, la que ilumina a todo hombre que viene a este mundo” (1,9): y Juan, el Bautista, dice: “De su plenitud todos hemos recibido” (Jn 1,16). Cuando la luz, que en ella misma es siempre total, crece en el que es iluminado por ella, éste decrece en él mismo cuando deja de tener lo que estaba sin Dios. Porque el hombre, sin Dios, no puede más que pecar, y su poder humano disminuye cuando triunfa en él la gracia divina, destructora del pecado. La debilidad de la criatura cede ante el poder del Creador, y la vanidad de nuestros afectos egoístas se hunden ante el universal amor, mientras Juan, el Bautista, desde el fondo de nuestra miseria, grita a la misericordia de Dios: “Es necesario que él crezca y yo disminuya”.

 

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