Padre, papa, pa’, viejo, jefe…

Como te llames, como te diga, como estés,
como seas, como te encuentres,
como quiera que sea tu vida.

Eres un regalo de Dios,
una bendición que recibí en mi vida,
eres origen de mi destino,
desde este momento de mi camino te bendigo.

Tal vez estés lejos de lo que las personas
dicen que debe ser un padre ideal, las personas siempre dicen,
pero en el destino es donde se escribe la historia.

Eres semilla y yo destino del Padre Nuestro,
estás hecho de amor como yo del aliento divino,
eres hijo del creador como yo del Padre y por eso somos hermanos.

Tenemos una habitación en la casa del Padre donde somos iguales,
por eso déjame regalarte mi sonrisa para que recuerdes la tuya,
mi lucha para alimentar tus pasos,
darte mi misericordia para que tengas renuevos de paz,
quiero entregarte mi perdón para que laves las ofensas,
deseo llevar tu presencia con los brazos del Padre Nuestro,
y abrazarte y mimarte como siempre lo hace.

Padre, soy también tus brazos,  tus pies,
tu esperanza, tu andar,  tu caricia, tu encuentro,
tu perdón,  tu amor, soy tu labor, tu lucha,
tu paz, tu reconciliación.

Así como el pan y el vino honran la semilla y la vid,
que el creador a criado para entregar a su hijo,
quiero honrarte con mi vida pues así me honro,
dándole sentido a mi origen.

Soy testigo de  vida, de una mujer convertida en madre,
de la cruz y el cielo de cada día.
Eres una de las dos primeras letras de mi historia.
Eres bendición del Padre Nuestro
a Él todo el honor y la gloria de los hijos del amor.
¡Feliz y dar! Padre

Oración a mi prójimo

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