Frutos retiro 22 de noviembre

“Dio todo lo que tenía para vivir” (Marcos 12, 44)

Hacienda de Cocoyotla, Morelos

El retiro es dar todo lo que tienes para vivir, dar la vida misma al encuentro de Dios. Ese encuentro siempre concluye en el gozo de su presencia amorosa, en la paz y el descubrirte en la vida que viene del amor.

11 personas abandonaron su casa para asistir al retiro del lunes, su comodidad, la seguridad que las cosas pueden brindarte para retirarse. En el camino se detuvieron en la zona arqueológica de Xochicalco y todavía no estaban consientes de que el retiro empieza desde que tomas la decisión de ir al encuentro. Venía con ellos el Pbro.  Juan Marcos Cadena, nuestro Director espiritual y capellán, que cada 15 días, en su día de descanso, él mismo hace su retiro .  Como cuando este día se subió a la pirámide y les habló con voz clara y quienes estaban a 300 metros lo escuchaban y el escuchaba a quienes estaban en la parte baja de la pirámide, y el sonido viajaba a la distancia y descubrían el talento para crearlas. Alejarse e intentarlo para descubrir nuevas voces.

Al llegar la oración del Ángelus y escuchar el santo evangelio según Marcos (12, 41-44), para detener la frase  “Dio todo lo que tenía para vivir” y meditarla como jaculatoria en el día. Siguieron las instrucciones para meditar también con la respiración pausada como las olas del mar y el caminar suave, sintiendo cada paso plantarse en la tierra sin prisa. Del huerto donde iniciamos se cortan algunas mandarinas maduradas en el árbol, para el camino. “Dio todo lo que tenía para vivir”.

La llegada a la antigua hacienda de Cocoyotla y Malaquías, dándonos la bienvenida y la guía. “Dio todo lo que tenía para vivir”. La historia personal de algunos pasaba frente a su memoria “Dio todo lo que tenía para vivir” y comenzaba el amor a fluir en la paz del camino que abrazaba la presencia de Dios entre ruinas, árboles empotrados en la pared y jardines silvestres entre cuartos sin techo y rincones de la hacienda. “Dio todo lo que tenía para vivir”. La planta de la calabaza terminaba su ciclo con su fruto “Dio todo lo que tenía para vivir”. Escuchar los procesos que se hacían para el beneficio del azúcar, para transformarlo en alcohol, para dar trabajo en la región “Dio todo lo que tenía para vivir” Subir al campanario, mirar desde ahí el río, descubrir un Coatí vagando. Las golondrinas y el “chacuaco”. La sorpresa de un retiro a cielo abierto sin encerrarse, de un retiro sin monólogos,  dejando presente que el creador toca a nuestra puerta para hablar con nosotros y nosotros le damos ese espacio: “Dio todo lo que tenía para vivir”

Algunas frases abiertas se comparte con el compañero, el promotor o el sacerdote y se dialoga apenas sobre el rumbo que sigue en la vida personal. Porque el dialogo está en lo profundo con Dios. “Dio todo lo que tenía para vivir”

Nos despedimos de la hacienda, de Malaquías, nos regala calabazas “Dio todo lo que tenía para vivir” y llegamos a casa de la Señora Pía, la mesa dispuesta, el jardín de su casa fresco y rodeado de su huerta. El arroz y el pollo. Se bendice la mesa “Dio todo lo que tenía para vivir”. Se comparten nuevos caminos que se descubrieron, otros ya habían comenzado y se refuerzan. El pan de cada día tiene el sabor de la bendición de estar con Dios. La tertulia termina, es tiempo de ir a la Santa Misa, al sacrificio del hijo nos espera. La palabra se comparte con los parroquianos, se comenta en la homilía. Se prepara el sacrificio del Hijo en el altar. Se consagra Cristo. Se inicia la comunión.. Tiempo de recibir la eucaristía, algunos en comunión espiritual. “Dio todo lo que tenía para vivir”. Más profundidad en el encuentro real y consustancial con Cristo. Más frutos del retiro. La bendición y encaminarse de regreso sin pretender que el retiro se termina en un lugar, con el deseo de extenderlo más y más hasta la próxima vez que nos reunamos, por la gracia de Dios. “Dio todo lo que tenía para vivir”

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