Frutos del retiro del sábado 23 de octubre

Mosto de mandarina en fermentación
Mosto de mandarina en fermentación

Dice el Señor:

El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo. (Mateo 13,34)

Y en el retiro del sábado 23 de octubre, de un día, tuvimos la oportunidad de experimentarlo, con la meditación del evangelio “Dios, apiádate de mi que soy un pecador”, comenzamos saludando a María con el Ángelus, para que nos acompañara en este espacio que habíamos decidido para ir a lo profundo. Luego revisamos la fórmula, buscamos en la huerta las mandarinas que alcanzaban la madurez, con una cesta logramos hasta alcanzar las más lejanas. “Dios, apiádate de mi que soy un pecador”

Nuevas formas de separar la cáscara y prepararla para sacarle su aceite, del sumo quitándole el amargor. Algunos descubrieron su malestar, la rebeldía “Dios, apiádate de mi que soy un pecador” Separamos el amargor de la capa blanca y el aceite esencial. El sumo se licuó, el resultado tuvo el color del amanecer. Se preparó la levadura. Reposo. “Dios, apiádate de mi que soy un pecador”. La levadura comenzó a burbujear fermentando. Cuidando la acidez preparamos el mosto con el sumo y metimos la levadura en un bidón de fermentado.

“Dios, apiádate de mi que soy un pecador”, reservamos el mosto que se fermentará durante muchos días, cambiará el azúcar en alcohol, y predominara la mandarina. Habrá que separar los alcoholes fuertes en un trasvasado y dejar reposar y tener paciencia hasta que se revele el fruto de nuestro esfuerzo con la gracia de la creación.

Fuimos a Cocoyotla, a una casa, más de una docena de personas nos esperaban “Dios, apiádate de mi que soy un pecador”, comenzamos el Taller del perdón. Algunos llegaron, otros se retiraron, algunos permanecieron todo el tiempo. El tiempo de tránsito no nos permitía concentrarnos “Dios, apiádate de mi que soy un pecador”

Se estabilizó la reunión, entramos a meditar en el perdón casi una hora. “Dios, apiádate de mi que soy un pecador” y al final los primeros frutos, mirar la alegría de haber tocado el perdón y mirar levadura del cielo en la fermentación de la vida: Los testimonios de gratitud al Señor, los deseos de compartirlo en casa, los arrepentimientos de algunos que fueron y regresaron y que no pudieron darle el tiempo al perdón.

“Dios, apiádate de mi que soy un pecador”.

Gracias a Dios, encontramos frutos en el retiro.

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