¡Empate!

Las dos fuerzas que se enfrentaron en la inauguración del mundial de futbol dieron por resultado un empate. Muchas palabras de los comentaristas se han dado a justificar las circunstancias que se vivía en la cancha. La misma cancha, el mismo país, la energía que se enfocaba en un instante. Al ir por las calles de México todos parecían tener un lugar para sentarse y contemplar el esfuerzo de nuestros aguiluchos. Todos éramos una circunstancia queriendo influir en el resultado.

Ahí entre los caldos de gallina con muslo o con pechuga, el tendero brincaba y le ponía más enjundia para que su energía llegara a Sudáfrica. Entre los transeúntes, la cebolla, el limón, la salsa, la tortilla y un refresco se notaba el deseo de trascender de enfocarse, de empujar al “Yovani”, de hacer que se luciera el “Cuauh”, de comenzar la batalla con el triunfo.

Lo cierto es que faltó algo para que concretara el tan esperado resultado. Pero, si se dio una lección nuevamente. Todos somos una circunstancia en las circunstancias. Algunos somos los actores directos de la transformación de la realidad. Algunos somos la circunstancia que transforma la realidad. Desde donde estemos somos creadores de este mundo, somos la circunstancia que le da ganancia a esta humanidad. Y el resultado pude ir siempre de un empate a un triunfo como comunidad. Con cada hojas se hace la fronda del árbol y de los arboles el bosque.

Valor para empatar el quehacer de cada quien para lograr el triunfo.

Misión de Amor, México

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