Continuamos deformando tu rostro.

Que difíciles es ver Señor cuando tu rostro es deformado. Deformado por nuestra ignorancia, deformado por nuestra soberbia, por nuestra falta de humildad, por querer distinguirnos. Como en aquellos tiempos, cuando te escupían, te golpeaban y te lastimaban. Te pusieron una Cruz de espinas, que demostraba desprecio. Y en este tiempo, 2000 años después, a pesar de todas las obras y todos milagros que tú nos haz regalado día a día. Continuamos deformando tu rostro.

Continuamos deformando hasta tu Sagrado Corazon, con lo que lo que llamamos “una expresión artística”, que lo único que hace es mostrar nuestra carencia de vida, apoyada en tu Santa Presencia.

Hemos hecho pinturas, fotografías, películas, tratando de hacerte parecido a nosotros y no de parecernos a ti.

Hemos deformado tu rostro de Cristo en los pobres, juzgándolos como si fueran solamente holgazanes.

Hemos deformado tu rostro en quien sufre, justificándonos a nuestra conveniencia, tal vez para no sentir su sufrimiento o para no comprometernos con su vida.

Hemos deformado tu imagen en el doliente, tu imagen en el enfermo, el solitario, el prisionero, para no mirarte Señor.

Señor abre nuestros ojos y nuestro corazón para que no olvidemos tu Santa Presencia, para que no confundamos con pintura y desprecio a nuestra mente, a nuestra imaginación y a nuestra conciencia.

Hemos creado el caos y escuchado al demonio que lo único que busca es negar el bien; y nos hemos convertido en cómplices de un ángel que, por su soberbia, se quiso mirar distinguido y no admite la adoración de tu Santa Presencia.

Ayúdanos madre María Santísima, madre tuya y nuestra para que seamos sensibles a tu rostro en los dolientes y en los desposeídos. Ayúdame Arcángel San Miguel que nos dices “quién como Dios”. Ayúdanos ángel de la guarda para compadecernos de aquellos que han equivocado el camino siguiendo a Satanás, el ángel de la maldad que reniega alabarte a ti Señor.

Hemos deformado, y digo hemos, porque para Ti, somos una humanidad. En nombre de mis hermanos te pido perdón, porqué no he sabido llevarles el testimonio de tu gloria, paz y amor. Decirles con el ejemplo que Tú eres nuestro origen, camino y destino.

Perdón porque no he sabido dar testimonio de que soy tu seguidor, con el orgullo de ser oveja de Cristo. Que Tú eres mi maestro, guía y mi amor.

Perdón Señor por todas esas injurias, por todos esos sacrilegios en donde hemos deformado tu rostro y tu presencia.

Perdón señor por aquellas personas que te comulgan, ignorantes o en pecado y no saben, que al hacerlo como si fueras un símbolo o para saciar sus intereses. Se están comiendo su propia condena.

Perdón Señor porque a mi voz le falta llenarse más de tu amor, de paz, de consuelo, de sabiduría. No he sabido entregarte mi debilidad para que tú seas esta fortaleza.

No son “ellos”. Somos una humanidad. No son mis prójimos, somos todos tu creación, quienes, de una forma o de otra, te hemos dado la espalda. Por eso en expiación te pido perdón. Perdón Señor por haber deformado tu rostro y tu presencia.

Gracias por tu infinita paciencia y misericordia, por tu caridad. Te pido que encarnes tu Espíritu Santo en nuestras vidas. Que nos toques con tu presencia amorosa desde la eucaristía y nos abraces con tu creación. Conmuévenos para que nos quede cierto que Tú estás presente. Que Tú eres el camino, la verdad y las vida. Que todos en el fondo de nuestro corazón te añoramos y deseamos la bendición de tu paz y tu amor. Bendito y alabado seas en el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amen.

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