Perdona desde el amor

El perdón es una de las bendiciones que nos lleva a encontrar el gozo del amor.

El gozo del cielo es el amor, la paz, la armonía, la belleza, la capacidad de reconciliación y de bendecir. Mientras que el gozo del cielo está fundado en el amor y la paz, el perdón la reconciliación como expresión del amor de Dios, milagro que descubre la voluntad del amor en la creación. En cambio el gozo de la tierra es temporal y está fundado en el egoísmo.

El egoísmo nos muestra una vida centrada en mí mismo. Las demandas de cualquier conflicto están basadas en qué afectan mis intereses y mis derechos. El perdón de la tierra significa que yo concedo un beneficio al otro, con lo cual, el otro me debe un favor, queda en deuda conmigo.

En el perdón que viene del amor descubro la posibilidad de salvar al otro, de ayudarlo en su debilidad con la fuerza del amor. El amor del que está hecho, el amor que es su camino, el amor que es su vida y su destino.

Perdón del amor significa salvar al otro, lejos de querer condenarlo por nuestros juicios, queremos que descubra el amor del que está hecho. Perdonar es un acto de misericordia, de compasión, que pide el amor para salvar a nuestro prójimo, para llevarlo a los brazos del Padre Nuestro, para encaminarlo a la plenitud, para levantarlo de sus caídas, para bendecirlo en nombre de Dios.

El perdón del amor libera al próximo de nuestros juicios y a nosotros de la esclavitud convertirnos en verdugos guardianes de quienes nos ofenden.

Cristo ha venido a perdonarnos, a liberarnos de nuestros juicios que nos esclavizan en nuestro egoísmo. Somos seres del amor, templo donde habita el Espíritu Santo, creados a imagen y semejanza del creador. Somos amor encarnado para bendecir la creación, para crear una bendición que transforme la ofensa. Somos una bendición de amor para extender el amor. El egoísmo es sólo el capullo qué cubre nuestra presencia, aferrarnos al capullo nos impedirá surgir y volar en el amor. Somos como una gota de agua que recorre el lecho del río, levanta el vuelo en las nubes, que se expande por toda la tierra, que se une a la creación para bendecir y ayudar a dar frutos y semillas. El egoísmo es aferrarse a una piedra, al fondo del río, del océano, a la altura de la nube o a la tierra misma. El egoísmo paraliza y cubre al amor.

La vida que corre en el amor de nuestra vida, es el amor que le da vida. Pues la vida, el camino, la verdad y el amor son uno en Cristo. Y Cristo viene a nuestro encuentro para que no continuemos aferrados al egoísmo y vivamos la vida que viene el amor, por los siglos de los siglos en la eternidad de su presencia.

Cristo ante nuestra parálisis va más allá de decir tus pecados son perdonados. Dice levántate y anda.

Levántate de esa culpa y anda.

Esto es perdonar en verdad, siguiendo al amor, viviendo la vida en libertad.

Te propongo, cierra la puerta unos minutos, ora dialogando con Dios y meditando unos momentos sobre los hechos, las palabras u omisiones que te has tomado como ofensa y qué valen la pena decir: “levántate y anda”.

(RDP)

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