Carta a los sacerdotes

Hermano Sacerdote que has recibido la unción para Sacramental por la gracia de Nuestro Señor para rebelar el misterio de su Amor.

De pronto la labor de la administración parroquial se convierte en el lastre que confunde la verdadera vocación del sacerdote. Con los Sacramentos el Señor, por su Divina Providencia,  te dio en tus manos la Llave del Reino, pues es Cristo la puerta que nos llevará al encuentro del Amor profundo y eterno del Amor de Dios. La verdadera administración parroquial del sacerdote está en la administración de los sacramentos, es la entrega que el Señor espera de ti que has recibido la unción para entregarlo a los hombres a tu entorno. Las obras del mundo las hará el mundo, pero ¿que serían si dejaran de tener espíritu? Tu labor incansable está en limpiar el espíritu y hacerlo brillar con la luz del Espíritu Santo por la presencia de nuestro Señor Sacramentado.

Una de las grandes tentaciones es administrar las riquezas del mundo y el confort para descansar en la dura labor, pero esa cosecha es de la comunidad es a nosotros los laicos a quienes corresponde rodear de apoyo a nuestros hermanos que están confundidos en la ruta hacia el Padre Nuestro. Las palabras que tenemos hacia los sacerdotes, muchas veces son de halagos para solicitar su bendición pero sabemos que el único que es merecedor de la gloria del Señor es nuestro Señor. Nuestros halagos son temor del hombre y son cadenas que paralizan y atan al sacerdote.

Hermano Sacerdote vuelve tus ojos para reunir las ovejas que te acompañan y enseñarles a orar, a tener ese diálogo profundo con el Señor, a descubrir en el amor el mapa del verdadero camino. Orar es escuchar ¿que respondería el amor? ¿cual es el camino? ¿Cual es la verdad que nos sostiene? ¿cual es la vida? Sabes bien que sólo Cristo es Camino, Verdad y Vida. Todo esfuerzo es pequeño pero con Su fortaleza toda debilidad se transforma en aliento. Con su Espíritu Santo todo error se transforma en una lección que te muestra el rumbo a seguir. Tu misión de amor está en corromper las debilidades del temor con la luz del amor. Es el ánimo brillante de la luz del Espíritu Santo aquella que vence la adversidad del temor.

El templo es lugar donde se administra la misericordia y la compasión del Señor. Así pues concentra tu energía en sacramentar a la comunidad y que sea la comunidad quien cuide la viña y el pequeño rebaño. Corre por las ovejas perdidas. ¿qué merito tiene tener un rebaño unido olvidando a las ovejas perdidas? Acaso ¿pagarías a un pastor que te entrega un rebaño menor que el que le entregaste a su cuidado?.

La orden a los laicos es mantenernos unidos mientras vas por las ovejas perdidas, acaso la palabra del Señor en el evangelio no es el grito del pastor buscando ovejas perdidas. Grita con fuerza para que escuchen su voz, deja el descanso para el tiempo eterno. La orden a los laicos es hacer eco de la palabra del evangelio y crear un espacio de alabanza y adoración a las puertas del Señor Sacramentado, es preparar las señales para que luzcan a la distancia. Es dar testimonio del encuentro con la puerta de la salvación, curar las heridas de quienes han caído y llevarlos a la presencia del Maestro para sanar en la reconciliación que a ti se te ha entregado, hermano Sacerdote. Seguramente levantarías a tu hermano enfermo,lo prodigarías de cuidados para que pronto se restableciera para ir al banquete. La unción que has recibirlo tiene el Don del Espíritu Santo para reconfortar a quienes se han perdido, a quienes están perdidos y hambrientos, a quienes tiene sed del amor que les ha sido negado a muchos de ellos. muchas veces desde antes de su nacimiento.

De los laicos unidos en torno a los Sacramentos es de quienes el Señor espera el servicio de la hospedería para administrar la salvación en la condena de las heridas y confusiones del camino. Tantas veces hemos escuchado los relatos de una Jerusalén celeste y estando a sus puertas nos comportamos como ciudadanos del mundo. ¿Cómo dejarías entrar a los seres de pensamiento humano que pervertirían y destruirían la gloria prometida a quienes han sacrificado lo mundano? Dejaría de ser Justo el Señor si uniera gloria y mundano como si fueran una misma. Por eso nos baña, nos corrige con su palabra y nos cura con su perdón, nos alimenta con el cuerpo de su trabajo y la sangre de su sacrificio. Está presente en las encrucijadas de la vocación y en la debilidad de la enfermedad. Está presente en los Sacramentos que tu,hermano sacerdote, tienes para entregar.

Para que todos seamos uno, que sea la fe en su presencia y su presencia la que nos guíe. Que sea la esperanza en su palabra y sus acciones Sacramentales las que nos sostengan en el tránsito por el mundo. Que sea la caridad la que nos encamine pues en el Amor está el cielo que nos tiene prometido.

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