La Sabiduría

Hermanos queridos, mientras yo siga oyendo a la gente de mi comunidad del Buen Tono lamentarse de todo, tengo que reconocer, con tristeza, que no he podido ser instrumento de sabiduría para ustedes: nos hemos pasado unas mañanas a todo dar, con sus chistes y sus alusiones políticas y sus críticas al
clero.
Nos la hemos pasado sabrosa riéndonos en la Iglesia: —Fíjate, y nos pasamos a todo dar, riéndonos en la Iglesia. Ay!, mira qué sabiduría. En la carpa, con Palillo, se divierten más. Si quieren les digo dónde está, para que se vayan para allá. Y le digo a Palillo que a las once y media ponga una función, que al fin y al cabo el boletaje está asegurado. Todos se van a ir para allá…
Hermanos queridos, no se trata de eso. Si en algún momento me permito hacer uso de todos esos elementos, es para hacer más llevadero el momento de reflexión, porque estamos poco acostumbrados a reflexionar largamente.
Para que no se me distraigan, para que no se me duerman, para que no se me aburran, pero la finalidad no es que no se duerman, o no se distraigan, o no se aburran, sino que vayan descubriendo la sabiduría que Dios nos presenta en sus palabras.
Mientras yo oiga que se quejan de todo, mientras oiga que quieren encontrar solución inmediata a todo, que no son capaces de esperar a que las cosas maduren, no podré concluir más que no han podido encontrar la sabiduría ustedes, ni yo he podido dárselas a conocer.
Se muere alguien profundamente querido para ustedes, y a la semana o al mes quieren que ya no haya ninguna angustia en su corazón. ¿Cómo hacer eso? Es como querer que les hagan una herida de 20 cm., y que al día siguiente ya esté cerrada.
Una cosa es que el médico los pare rápido para que no se hagan adherencias, para que el organismo empiece a caminar y otra cosa es que ya esté cerrada la herida, que podamos hacer tontería y media.
Si pues una herida en nuestro cuerpo necesita un tiempo mínimo para cerrarse, una herida en nuestro corazón no puede acelerar el proceso, por más evangelizados que estemos, por más sabios que seamos. Y la sabiduría
consiste en tener esa capacidad de soportar el dolor durante esa semana, durante ese mes, durante ese tiempo, que es lógico que tengamos, porque
nadie nos ha predicado que seamos insensibles, al contrario, siempre se nos ha exhortado a conservar nuestra sensibilidad.

padre Xavier González Tescucano.
(1935-2009)

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