LA MISIÓN DE AMOR

En la libertad podemos mirar el amor
y mirarnos en el amor
y mirar cómo nos mira el amor.

Hemos recibido la libertad y con ella la responsabilidad de ser quienes somos.

Somos del amor, somos un amor por eso digamos “Padre”, sintiéndonos hijos amados, hijos y herederos del amor. “Nuestro” ¡todos! sin excluir a nadie. Padre Nuestro que envía a su Hijo y al Espíritu Santo a la misión de amor, de amar. Padre Nuestro de nosotros su hijos, hermanos y herederos del espíritu del amor.

Amor que perdona, amor de verdad que nos deja libres.

Ama a Dios

Vivo el amor, al amar a Dios sobre todas las cosas. La primera forma de descubrir el amor es sentimos sus hijos amados, es traer el amor de Dios a nuestra conciencia humana. Cuando nos descubrimos hijos de Dios y vivimos a su imagen y semejanza cada día tiene sentido, cada día significa: “Camino, Verdad y Vida”. Porque descubrimos día a día que el amor es “el principio y la meta”.

Ama a tu Prójimo

Al amar a Dios sobre todas las cosas, es fácil amar a tu prójimo, porque también es creación del amor de Dios, es su hijo, es su milagro, porque está hecho de amor. Si te cuesta trabajo amar a tu prójimo, deja que Cristo te guíe en este valle de lágrimas, en nuestro calvario, en nuestra cruz. Al guiarnos nos pide que veamos al prójimo que creó Dios. A través del amor de Dios ama a tu prójimo, porque también es el amor de Dios, Dios lo ama como te ama a ti.

Amate a ti mismo

Amate a ti mismo. Es posible y necesario. Amate a ti mismo como Dios manda en su hijo, Cristo, como Dios manda en ti: Amate a ti mismo como a tu prójimo. Ten caridad hacia ti mismo, ámate para poner a salvo tu espíritu de la obscuridad, para gozar de la herencia y los frutos de tus de méritos. Amate gobernando tu cuerpo, mente y corazón con el amor de Dios, con el amor que Dios te ha dado

Amate a ti mismo y ama al prójimo, porque eres y son un amor, el amor de Dios.

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