¿Qué hago?

Alma mía, ante la pregunta ¿Que hago? Pregúntate a quien le estás preguntando: A tu egoísmo, a tu prójimo o al Señor. La guía que recibirás será de acuerdo a los intereses de cada uno.

Alma mía los frutos de tu corazón son la cosecha de tu vida, si lo alimentas con juicios, rencores y temores, sus frutos serán amargos y podridos. Pero si lo alimentas con la presencia del Espíritu de tu espíritu desde tu corazón brotarán los frutos del Espíritu.

“El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley. Si vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu.” (Gálatas, 5)

Alma mía, eres una expresión viva del Amor de Dios, los frutos que en verdad puedes cosechar son los de Espíritu Santo, así que alimenta tus obras con el Espíritu Santo, desechando la inspiración del egoísmo. Hoy proponte reaccionar desde el espíritu, en lugar de juzgar con la mente, separar con rencores de las emociones y dolores del cuerpo. Perdona y Ama se instrumento del Amor de Dios: es tu origen, tu camino y tu destino.

Viñedo

En el evangelio según San Lucas(6,43-49) Jesús decía a sus discípulos:

«No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol malo que dé frutos buenos: cada árbol se reconoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas.

El hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón. El malo saca el mal de su maldad, porque de la abundancia del corazón habla la boca.

¿Por qué ustedes me llaman: ‘Señor, Señor’, y no hacen lo que les digo?

Yo les diré a quién se parece todo aquel que viene a mí, escucha mis palabras y las practica.

Se parece a un hombre que, queriendo construir una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Cuando vino la creciente, las aguas se precipitaron con fuerza contra esa casa, pero no pudieron derribarla, porque estaba bien construida.

En cambio, el que escucha la Palabra y no la pone en práctica, se parece a un hombre que construyó su casa sobre tierra, sin cimientos. Cuando las aguas se precipitaron contra ella, en seguida se derrumbó, y el desastre que sobrevino a esa casa fue grande.»

Esta es palabra de Dios ¿crees en su palabra? entonces dale gloria a Jesús con tus obras

Estoy seguro que el Señor está contento de que reflexiones sobre su palabra, pues abres la puerta a su presencia y con ella alimentas tu vida.

Lee la reflexión de de San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia (Sermón 24 sobre el Cántico) aquí nos comparte el resultado de dialogar buscando creerle al Señor.

Cada árbol se conoce por sus frutos”

Si vosotros creéis en Cristo, haced las obras de Cristo, para que se avive vuestra fe; el amor animará esta fe, la acción será la prueba. Vosotros que pretendéis permanecer en Cristo Jesús, os es necesario caminar a su mismo `paso. Si vosotros queréis encontrar la gloria, si envidiáis a los dichosos de este mundo, si decís mal de los ausentes y devolvéis mal por mal, son cosas que Cristo no ha hecho. Decís que conocéis a Dios, pero vuestros actos lo niegan… “Este hombre me honra con los labios, dice la Escritura, pero su corazón está lejos de mí” (Is 29,13). (…)

Ahora bien la fe recta, no basta para hacer un santo, un hombre recto, si no obra el amor. Quien está sin amor es incapaz de amar a la Esposa, la Iglesia de Cristo. Y las obras, aún realizadas en la rectitud no llegan sin la fe a hacer un corazón justo. No se puede atribuir la rectitud a un hombre que no agrada a Dios; ahora bien, dice la epístola a los Hebreos: “Sin la fe, es imposible agradar a Dios”(Hb 11,6). Aquel que no agrada a Dios, no puede agradarle. Pero aquel a quien Dios agrada no podrá desagradar a Dios. Y aquel a quien Dios no agrada, la Iglesia-Esposa tampoco le agrada. Como pues podría ser recto, aquel que no ama a Dios ni a su Iglesia, a la cual se ha dicho: “los justos saben amarte” (Ct 1,3 Vulgata).

Al santo, no basta la fe sin obras, ni las obras sin la fe, para hacer justa al alma. Hermanos, nosotros que creemos en Cristo nos es necesario procurar seguir una vía recta. Elevemos a Dios nuestros corazones y nuestras manos juntas, afin de ser encontrados enteramente rectos confirmando con hechos de rectitud, la rectitud de nuestra fe, amando a la Iglesia- Esposa, y amados del Esposo, nuestro Señor Jesucristo, bendito por Dios en los siglos.

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