Llena tu altar de Amor y perdón.

Dios te bendice

Dicen que cuando se juntan los extremos se hace la historia y eso es lo que encontramos cuando unimos el nacimiento y la muerte. En el nacimiento comenzamos a morir y en la muerte comenzamos nuestro nacimiento.

Nuestra historia se inicia con el milagro de nuestra concepción, el milagro del Señor que con nosotros siembra en esta tierra su Amor. Si, somos su milagro, su amor encarnado, Amor es nuestro espíritu y en nuestro espíritu está el Espíritu Santo, el Amor del Padre y el Hijo, animando nuestras vidas. Es decir dándole ánimo, alma a nuestra existencia. Sin ánima nuestro cuerpo pierde sentido y regresa a la tierra. Sin ánimo nuestra mente y emociones vagan por la vida sin sentido, por eso le decimos que estamos desanimados, otra forma de llamarle a la depresión, a la experiencia de los rencores y los temores.

En nuestra concepción el mundo recibe el animo del Amor del Padre Nuestro y durante la vida vamos descubriendo el llamado del Espíritu Santo a realizar nuestra misión de Amar. Amar es lo que en verdad podemos dar y esa misión es la que Cristo nos muestra con su nacimiento, vida, padecimiento, resurrección y su Santa presencia en los Sacramentos.

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Cristo siempre con la mano extendida para unirnos a su cuerpo con el bautizo, para descubrir la misericordia y el perdón con la reconciliación, para sostenernos en el Amor con su cuerpo, sangre y Espíritu Santo en Sagrada Comunión. En Cristo es la unión de la familia desde que lo recibimos en el Matrimonio. Cristo es el camino, la verdad y la vida al consagrarte a su voluntad. Es la unción que sana los males para llevar nuestro espíritu a la casa del Padre Nuestro.

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Cada declaración por nuestros difuntos es entregar nuestro Amor para pedir que se anime su vida eterna, que sea plena y perpetua la luz y la existencia en el Amor. Nuestras oraciones son frutos que ofrecemos al Amor, desde el amor que nos sostiene y para el amor de nuestros seres queridos.

Celebremos que nuestros hermanos están en camino a la casa del Padre Nuestro, animemos su camino, que lleguen pronto al descanso eterno. Pidamos al cielo misericordia para sus errores. Pues el cielo está en nosotros y el Señor de la misericordia nos escucha y responde.

Es cierto, aún sabiendo que nuestro ser querido tendrá la gloria, nos cuesta trabajo no mirarlo, tocarlo y escucharlo. Ahora usaremos el lenguaje del espíritu y el Espíritu Santo nos enseñará que la vida en la tierra es sólo un instante en la historia del Amor pleno y perpetuo. Espera el dulce reencuentro en el Amor, ese es el camino, la verdad y la vida. Cristo nos lleva al Padre, el espíritu nos anima al Cielo y el Padre nuestro nos espera, sólo falta que aceptemos que somos un Amor en la tierra para sembrar, cultivar y cosechar frutos de Amor.

Dios te bendice, llena tu altar de ofrendas de Amor y perdón.

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