Oración: "Padre me siento triste"

Señor por más que insisto en hacer oración, mi espíritu guarda rencor y tristeza, el temor al futuro desconocido cubre mi conciencia y la desolación es mi dolor y tristeza.

Te platico Señor cómo me miro, cómo te miro y siento la noche oscura abrazar mi habitación.

Padre Nuestro

¡Quiero sentirme hijo amado!

Que estás en los cielos

Padre nuestro, mis ojos no alcanzan el cielo en el polvo del recuerdo están clavados ¿cómo encontrarte en los cielos? ¡Quiero descubrir el cielo!

Santificado sea tu nombre

Padre misericordioso, al rezar escucho mis palabras como encerradas en el calabozo de la desesperanza y no alcanzan a santificar tu nombre. Mi voz retumba en el pequeño lugar de mi mente. ¡quiero llenar mis palabras de la santidad de tu nombre!

Venga a nosotros tu reino

Padre bueno mis ojos se cierran y no descubren tu voluntad ¿dónde está tu reino? El cielo prometido, donde el gozo de la plenitud y la paz surgen como manantial. No distingo el mando de tu reino, mi noche obscura y sin al menos una estrella. El gozo de tu reino parece flotar sin que pueda alcanzarlo. ¡quiero acunarme en tu reino!

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo

No me mueve el silencio para hacer tu voluntad. En el latido del corazón, apenas reconozco que me sostienes en vida. Pero el temor de las ideas que cultivo en campos futuros paralizan mis pasos en la tierra. La tierra ahora se ve lejana y el cielo es tan inmenso que no distingo tu Amor que lo ordena y sostiene. Todo parece un espacio vacío que me abraza. ¡quiero encarnar tu voluntad!

Danos hoy el pan de cada día.

Tengo hambre, mi espíritu está débil y sin fuerza para cargar tu yugo y tu carga. Mi egoísmo me debilita, es sólo ilusión sin Amor. ¡quiero alimentarme de ti!

Perdona nuestras ofensas.

Señor cada vez que olvido tu voluntad te ofendo. Dejo que mi mente, mis emociones, mi cuerpo y las personas sean quienes me guíen lejos de tus deseos, de tu deseo de que encarne el Amor y lo comparta. Juzgo, me resiento, me deleito, me pierdo sin escuchar la voz del pastor y corro como oveja descarriada ¡quiero hacer tu voluntad!

Como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden

Señor me miro como juez justo y en mi soberbia pienso que solo hay una manera de entender y realizar las cosas en el mundo. Sin conocer el corazón de mi prójimo lo condeno y esclavizo a mi voluntad y me muestro ofendido cuando me contrarían. ¿Qué sería de nosotros si tu respondieras a nuestras ofensas? Pero la rudeza no se queda en esclavizar a mi próximo, sino en marcarme reglas estrictas para ser feliz, para tener el gozo y si me equivoco o mi debilidad puede más que mi voluntad, también me maltrato en los juicios y condenas que me asigno. Me vuelvo esclavo de resentimientos y rencores hacia mi mismo olvidando que nos pides misericordia y compasión, que nos pides que nos levantemos de nuestras caídas y volvamos a andar olvidando nuestra parálisis. ¡quiero perdonar y perdonarme, bendecir y levantar al caído!

No nos dejes caer en tentación

Señor tu eres mi fortaleza en mi debilidad, poco a poco voy descubriendo el manto que he puesto entre tu y yo. Ese manto de rencores y resentimientos, de juicios y temores que construyo con mi egoismo y superficialidad. Tengo la tentación de no ir al fondo de mi corazón para descubrir tu presencia. ¡quiero acunarme en tus brazos y sentir tu bendición!

Y libranos del mal y del maligno

Tantas veces he dejado que el consejo del maligno me guíe como lobo que separa a las ovejas, tantas veces he caminado con espíritus que vagan por el mundo buscando la perdición de las almas. He dejado que me toquen, que me lleven, que me pongan en contra de tu voluntad, que me seduzcan con regalos que condenan. Señor no te separes, ayúdame a mantenerme en oración contigo, a ayunar los deseos y las condenas. Manda a tus ángeles a arrojarlos al infierno y protege a tus herederos ¡quiero librarme de aquellos que son tus adversarios!

AMEN

Señor renacer en tu voluntad es posible. Podemos resurgir de las cenizas con la divina sangre que pagaste por nuestra libertad. Levantarse de la parálisis, quitar la ceguera, curar la sordera, hacer hablar a los mudos, multiplicar los panes en la carencia, despertar a los muertos…todo es posible, en ti tengo fé, esperanza, eres mi Amor. Así eres el camino, la verdad y la vida. Así sea mi vida en tí.

Todo esto te lo pido Padre Nuestro en nombre de tu hijo Jesucristo que con el Espíritu Santo son un sólo Dios con la Santísima Providencia y misericordia.

¡Quiero que así sea! Amén Amen, ¡Amén!

Evangelio según San Mateo 9,14-15.

Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le dijeron: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?”.

Jesús les respondió: “¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.

Comentario del Evangelio por :San Pedro Crisólogo (c. 406-450), obispo de Ravenna, doctor de la Iglesia

Homilía sobre la oración, el ayuno y la limosna; PL 52, 320

“Entonces ayunarán”

Tres son, hermanos, los resortes que hacen que la fe se mantenga firme, la devoción sea constante, y la virtud permanente: la oración, el ayuno y la misericordia. Porque la oración llama, el ayuno intercede, la misericordia recibe. Oración, misericordia y ayuno constituyen una sola y única cosa, y se vitalizan recíprocamente. El ayuno, en efecto, es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Que nadie trate de dividirlos, pues no pueden separarse. Quien posee uno solo de los tres, si al mismo tiempo no posee los otros dos, no posee ninguno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le escuche, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le suplica.

Que el que ayuna entienda bien lo que es el ayuno; que preste atención al hambriento quien quiere que Dios preste atención a su hambre; que se compadezca quien espera misericordia; que tenga piedad quien la busca; que responda quien desea que Dios le responda a él… Díctate a ti mismo la norma de la misericordia, de acuerdo con la manera, la cantidad y la rapidez con que quieres que tengan misericordia contigo. Compadécete tan pronto como quisieras que los otros se compadezcan de ti.

En consecuencia, la oración, la misericordia y el ayuno deben ser como un único intercesor a favor nuestro ante Dios, una única llamada, una única y triple petición.

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