¡Regresa! te busca

Alma Mía, extiende la red de flores de amor del Señor y regresa a sus brazos, haz un espacio de oración preparando el alimento para alguien. Contempla como lo planeas, vas por todos los ingredientes, ordenas la receta y guisalos, para luego entregar ese tiempo a una persona.

De la misma forma el Señor lo hace para ti, a pesar de que muchas veces sólo comes y ni gratitud tienes con el Señor. Te busca de una y tantas formas. Quiere que regreses para que te nutras de todo el amor que te entrega. Date el tiempo y toma conciencia de ese amor entregándolo al hacerle de comer a alguien, preferentemente quien esté alejado y mejor si eres tu quien lo ha rechazado.

Hoy al medir los ingredientes pon en la balanza “la separación en el temor” o “la unión en el amor”. El amor tiene dolor y amargura, sobre todo cuando el egoísmo está presente en tu conciencia… Pero toma la oportunidad y prepara el alimento para alguien, pero lo harás dialogando con el Señor. El te está esperando y te busca cuando te pierdes para que le des sabor a la vida.

Alma mía el temor sepáralo del amor del Espíritu de Dios. Ilumina las sombras de rencor en tu conciencia ¿cuantas veces has perdido el rumbo al oscurecerte?

De pronto estás como oveja perdida en el monte porque por curiosidad o necedad abandonaste tu sueño. Olvidaste el despertar del amor y seguiste el consejo de personas que, tal vez bien intencionadas, recomendaron que huyeras, que abandonaras, que ignoraras, que decidieras separarte. En el fondo sabes el camino, pero el egoísmo es una gran muralla de cosas que oscurecen la fuente de la luz que hay en tu corazón. ¿acaso es posible ?

Tu eres una expresión del amor de Dios, eres amor encarnado, luz del Espiritu Santo en tu espiritu para transformar la tierra. Pusiste frente a la luz del amor tantas cosas que sólo miras la penumbra. Pero la luz del amor, la fortaleza, la paz y la misericordia está dentro de ti. Deja de separarte como cabra loca y HOY PREPARA ALIMENTO PARA ALGUIEN.

Evangelio según San Lucas 15,1-10.

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.

Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”.

Jesús les dijo entonces esta parábola:

“Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla?

Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría,

y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: “Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido”.

Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse”.

Y les dijo también: “Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla?

Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: “Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido”.

Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte”.

(RDP)

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