Estoy deprimido ¿que hago?

Deprimirse es una agresión hacia uno mismo. Haz de este día un día de retiro.  Perdónate, resucita  y camina en la vida levantando tu mirada al amor que te abraza en cada instante, en todo lugar. Aprovecha esté día que tienes en tus manos para iluminar tu conciencia con la luz del Espíritu Santo que entra a través de tu espíritu.

Hoy vive este ejercicio espiritual:

Hago una pausa y reflexiono sobre el Amor y la Gracia que Dios vierte sobre mí, creándome a su imagen y semejanza, transformándome en su templo…

Medita en los Dones que recibes

Señor Jesús, hijo del Padre Nuestro unido en el Espíritu Santo, Trinidad Santa en un solo Dios amoroso que viene a nuestro encuentro para formarnos a imagen y semejanza en la paz, la libertad y el gozo del cielo del amor manifiesto. Quiero desatar con tu ayuda las debilidades que me esclavizan en las sombras, el temor y el rencor. En ti espero transformar en bendición todo daño que he procurado o permitido a mi prójimo y a mí mismo. Quiero escuchar tu voz en mi conciencia, mirar tu creación en mi vida, proclamar tu amor en mi boca, crear con tu presencia en el mundo que me rodea.

Lee el Evangelio (Lc 10,21-24):

En aquel momento, Jesús se llenó de gozo en el Espíritu Santo, y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar». Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron».

Medita en el evangelio

Comentario: Abbé Jean GOTTIGNY (Bruxelles, Bélgica)

Te bendigo, Padre

Hoy leemos un extracto del capítulo 10 del Evangelio según san Lucas. El Señor ha enviado a setenta y dos discípulos a los lugares adonde Él mismo ha de ir. Y regresan exultantes. Oyéndoles contar sus hechos y gestas, «Jesús se llenó del gozo del Espíritu Santo y dijo: ‘Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra’» (Lc 10,21).

La gratitud es una de las facetas de la humildad. El arrogante considera que no debe nada a nadie. Pero para estar agradecido, primero, hay que ser capaz de descubrir nuestra pequeñez. “Gracias” es una de las primeras palabras que enseñamos a los niños. «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños» (Lc 10,21).

Benedicto XVI, al hablar de la actitud de adoración, afirma que ella presupone un «reconocimiento de la presencia de Dios, Creador y Señor del universo. Es un reconocimiento lleno de gratitud, que brota desde lo más hondo del corazón y abarca todo el ser, porque el hombre sólo puede realizarse plenamente a sí mismo adorando y amando a Dios por encima de todas las cosas».

Un alma sensible experimenta la necesidad de manifestar su reconocimiento. Es lo único que los hombres podemos hacer para responder a los favores divinos. «¿Qué tienes que no hayas recibido?» (1Cor 4,7). Desde luego, nos hace falta «dar gracias a Dios Padre, a través de su Hijo, en el Espíritu Santo; con la gran misericordia con la que nos ha amado, ha sentido lástima por nosotros, y cuando estábamos muertos por nuestros pecados, nos ha hecho revivir con Cristo para que seamos en Él una nueva creación» (San León Magno).

Platica con el Señor

Gracias por tu presencia, en verdad, en vida, en el camino. En el aliento puedo descubrirte, en la obscuridad extrema tú eres mi luz, en mis dudas tú me guías, en mi debilidad encuentro tú fortaleza, en mi caída tu mano me levanta, en mi enfermedad está tú curación, en mi perversidad y mis pecados está tu misericordia abrazándome. Cuando ofendo o ignoro a mi prójimo tu amor me lleva a la reflexión. Cuando encuentro ofensa o deuda tú me regalas tu perdón para que transforme en una bendición. Siempre está tu presencia y tu absoluto respeto por mis decisiones, tu anhelo infinito porque me decida por amar y viva en libertad como me creaste.

PIDE QUE RESUCITE EL AMOR.

Dios de amor, hoy quiero que resucite el amor.

Quiero resurgir y que resucite tu amor del que estamos hechos.

Quiero mirarme al espejo y también mirar al prójimo, con tus ojos de amor.

Quiero contemplarme con tu misericordia

Y resurgir tirando toda esa basura de resentimientos y rencores que impiden que tu amor y gloria fluyan en mi vida.

Ayúdame a descubrir tu Amor que limpia y me limpia el corazón: del grito, el regaño o el maltrato que recibí, algunas veces sin que me escucharan.

Con tu amor curo aquella agresión que me hirió física y emocionalmente.

Con tu amor miro diferente ese tiempo que no me dedicó.

Esas veces que no quiso estar conmigo, que no se interesó por lo que sentía.

Con tu amor, transformo aquellas situaciones y acciones que me hicieron tener miedo… aquellos momentos que me hicieron llorar.

Quiero que resucite tu amor por aquel momento que tal vez no recuerdan, pero que dejó en mi un dolor que todavía hoy tengo.

Dame tu Amor Resucitado para curar todo lo que de alguna manera me lastimó: Palabras…Acciones…. Silencios…. y actitudes…

Quiero que resucite Tu Amor en mi prójimo y en mi. Somos hijos del Padre Nuestro, hechos de su Soplo de Amor que vence hasta la muerte,

Amor que perdona y nos resucita.

Hecha la red

Que tu oración se extienda en la red de caridad del Señor, entrega esta flor de amor .

HOY LE DESEARE UN DIA DE PAZ A QUIEN ESTA DEPRIMIDO

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