¿Para qué necesito a Dios?

Hola mi Señor, se que estás solo en el sagrario, mi corazón me lo dice, mi razón no lo entiende.

Hay muchas preguntas que siempre tengo. Hoy quiero preguntarte: ¿Para qué necesito a Dios?

¿Para qué te necesito Señor? cuando todo está bien, tengo con qué comer, vestirme, trabajo, salud ¿para qué te necesito señor?. Sé que es una respuesta que está en mi corazón, pero juntos es más fácil encontrarla, pues mi mente me juega muchos trucos y camina por donde quiera.

¿Para qué te necesitamos aquí mi Dios?

¿Para la vida eterna? ni siquiera tenemos la certeza de la vida eterna.

¿Para el presente? Eso podría ser.

¿Para descubrirte en quien despreciamos? ¿Para sentir tu voz en el trueno y sentir que estás aquí?.

Muchos piensan que eres un impuesto de los príncipes de la Iglesia, un invento dirían algunos otros. Pero cuando siento mi respiración, descubro que éstas presente. Cuando siento mi cuerpo descubro que tú me sostienes. Cuando escucho la lluvia, siento que tu eres quien la estás creando. Tu estas aquí: Cuando tengo dudas y nadie me puede resolver. Cuando tengo miedo, rencores, resentimientos. Tu estas aquí: Mi gran compañero de la vida, la vida misma. el Amor de los amores, el Creador de las creaturas, el Padre Nuestro, el Niño en el Sagrario.

Señor eres la paz. Abrázame, pues soy pequeño, soy como un niño maleducado que anda en busca de la vida, la vida en que tu estas presente.

Hoy me acercas a San Antonio, pues es un hombre de quien quieres que yo le aprenda, como ser humano. Como cuando oró a los peces en Romini, donde la multitud de herejes no prestaba atención al sermón. Como cuando hizo doblar la patas delanteras de un burro hambriento por un largo ayuno, ante el altar del Santísimo Sacramento. Pues tú estás presente en el Santísimo Sacramento del Altar.

¿Para qué te quiero?

Simplemente te quiero y te quiero querer. Abrázame mi Señor, mi Padre, mi Hermano y en estos momentos en donde siento que mi fe tambalea. Si Señor, te quiero para tener fe. Te quiero para tener esperanza. Si Señor, te quiero para tener vida. Te quiero para tener luz perpetua. Te quiero porque te quiero, porque te quiero querer.

Padre ¿para qué?… no importa. ¿Por qué? tampoco importa. Simplemente aquí estas, aquí estoy, aquí estamos. Padre Nuestro

¿Quién eres?

Como una perla de luz que se extiende sobre las alas de la duda, de los temores, de la maldad, tu luz se extiende sobre esta obscuridad, como un destello, como un rayo extiende la luz. Así eres tú. Presente en la eucaristía, presente en la vida.
Luz en la luz en la luz en la luz en la luz en la luz que no acepta obscuridad, la obscuridad no existe en la luz.

¿Seguirte?

Mi niño del Sagrario. Gracias por la Virgen María que no pregunto por qué ni para qué, sencillamente aceptó. Gracias por todos los apóstoles., simplemente caminaron un extraño caminar, sin razones, y sin embargo con todo el entendimiento.
Te amo, amar, te necesito, porque eres el verbo amar, eres el amor. Te necesito, porque eres el amor y el amor no da razones, el amor se vive, se extiende, el amor se hace uno con el amor y se extiende como el árbol hacia las estrellas, como las estrellas hacia el árbol, como el rio hacia el océano. Como la vid en los sarmientos, el amor se extiende.

No te necesito.

Estás, por eso parece que no te necesito. Ahora me falta aprender a disfrutarte, porque tú estás. Porque nada más estoy viendo una parte miserable de mi vida, cuando estoy frente al rey de reyes. Tú eres el amor, tú eres la paz, tú eres la luz, tú eres la verdad. Sin amor, sin paz, sin luz, sin verdad, qué más da si hay arriba o abajo, o cielo o infierno. Tu estas aquí Señor. Tú estás en mí y estás en todos.

Ven

Venga tu reino de paz, de amor, de luz, de reconciliación. Vamos señor, hermoso corazón del Señor puesto en la cruz para resucitar, para darle luz al universo, a esta tierra, a esta canica azul, a este polvo en el universo, a estos hombres que están en el polvo del universo, a estas conciencias, a estos espíritus, hoy, muchos de nosotros, no sabemos ni por qué, ni para qué necesitamos a Dios. Pero tu estás en nosotros y nosotros estamos en Ti, simplemente como la vida, vivirte, vivirla. Y si estamos en Dios: Basta.
Abrázame Señor, acompañe en mi presencia, acompáñame en mi conciencia.

Te amo Señor.

Pequeño niño del Sagrario, amor de San Antonio, vamos a descubrir esta vida juntos y tu, pequeño niño tu me vas a enseñar lo maravilloso que es este universo, esta vida, este momento.
Vamos Señor, Vamos mi Niño, mi Padre, mi Hermano, vamos a la vida.

AMEN

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