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Seamos uno en el Amor

Cuando acercas tu corazón a Dios y haces una oración. ¿Que buscas? ¿Certeza? ¿Paz? ¿Un día sin muerte? ¿Que todos seamos uno?

Levántate en Verdad

En el Evangelio del día está la respuesta y la tarea de cada día. Lee dos veces la primera para enterarnos, la segunda para conocer la respuesta y la tarea del día que nos propone el Espiritu Santo en la palabra de Jesús.

Entérate

San Juan nos comparte la buena noticia, escuchemos para enterarnos:

Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo:

“Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros.

Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura.

Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto.

Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno.

Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad.

Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo.

Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad.”

San Juan (17,11b-19)

Levántate en Verdad

Ahora vuelve a leer para conocer la respuesta y la tarea del día que nos comparte nuestro Señor Jesucristo. Escuchemos al Espíritu Santo

Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo:

“Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros.

¿Quienes somos para Jesús?

Señor somos tu cuerpo místico, sacerdotes ministeriales y sacerdotes bautismales pues fuimos entregados por la unción sacerdotal y Bautismal.

Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura.

¿Quienes se perderán cuando equivocan o caen en el camino?

Solo aquellos que están destinados a no levantarse para cumplir las escrituras

Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto.

Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

¿Porqué puedo levantarme y aspirar a alcanzar el perdón para alcanzar el cielo?

Porque Jesús se hizo hombre para que el ser humano encuentre el gozo perfecto de ser hijo del Padre Nuestro, para levantarse con la palabra de Jesús, pues somos espíritus que habitamos este mundo, pero no pertenecemos, ni gozamos con las cosas temporales de este mundo, ni el mundo puede impedir que nos levantemos.

No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno.

Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad.

Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo.

¿Porque nos levantamos en verdad?

Cuando reconocemos que somos consagrados en verdad, misioneros enviados por la verdad y la verdad siempre es. Nada derribará a la verdad, nada impedirá que nos levantemos en verdad. Pues lo que no es no puede impedir que surja la verdad que es. El maligno no puede derribar la verdad pues su reino es en temporal, en el pasado que no es, en el futuro que no es. Solo este día es verdad y en la verdad está el Señor que te dice Levántate en Verdad.

Escucha al Espíritu Santo

Esto es palabra de Dios.

Lee el comentario del Evangelio que hace San Agustín (354-430)

«Digo esto en el mundo para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida»

Habiendo dicho a su Padre: «Desde ahora ya no voy a estar en el mundo…; mientras yo voy a ti» (Jn 17,11), nuestro Señor recomienda a su Padre aquellos que van a estar privados de su presencia física: «Padre santo: guárdalos en tu nombre a los que me has dado». En cuanto hombre Jesús pide a Dios por los discípulos que de Dios mismo ha recibido. Pero, atención a lo que sigue: «Para que sean uno como nosotros». No dice: Para que sean uno con nosotros, o: Para que no seamos, ellos y nosotros, más que una sola cosa, como nosotros somos uno, sino: «Para que sean uno como nosotros». Que sean uno en su naturaleza, tal como nosotros somos uno en la nuestra. Estas palabras, para ser verdaderas, exigen que Jesús haya hablado primero de forma que se comprenda que él tiene la misma naturaleza divina que su Padre, tal como lo dice en otro lugar: «Yo y el Padre somos uno» (Jn 10,30). Según su naturaleza humana, él había dicho: «El Padre es más que yo» (Jn 14,28), pero como que en él Dios y el hombre no son más que una sola y la misma persona, comprendemos que es hombre porque ora, y comprendemos que es Dios porque es uno con aquel a quien ora…

“Y ahora voy a ti y digo esto en el mundo para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida”. Aún no había dejado el mundo, estaba todavía en él, pero puesto que muy pronto iba a dejarlo, es, por así decir, como si ya no estuviera en él. Pero ¿cuál es esta alegría que quiere que sus discípulos tengan cumplida? Lo ha explicado ya más arriba, cuando dice: “Para que sean uno como nosotros”. Esta alegría que es la suya y que les ha dado, les predice su cumplimiento perfecto, y es por ello que habla de ella “en el mundo”. Esta alegría, es la paz y la felicidad del mundo venidero; para obtenerlas es preciso vivir en este mundo de acá en la moderación, la justicia y la piedad.

Obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia en sus Sermones sobre san Juan, nº 107

¿Qué buscas”

Cuando acercas tu corazón a Dios y haces una oración. ¿Que buscas? ¿Certeza? ¿Paz? ¿Un día sin muerte?

Señor, te pido la certeza, da seguridad a mi mente con ello podría tener sentido cada paso de mi camino. Dame la paz y así descubrir la fortaleza para enfrentar las contrariedades y compartir las bendiciones. Dame Señor, un día sin muerte. Que reconozca que mi espíritu está en tu Espíritu de Señor Dios. Dame un día sin muerte, de Amor pleno y permanente.

Dios eres Amor y tu Amor vence a la muerte. Cuando voy a Misa que es lo que encuentro ¿Certeza? ¿Paz? ¿Un día sin muerte?

Ayúdame cuando sea el anuncio de las lecturas a descubrir la certeza, escuchar con el espíritu abierto y traspasar mis dudas.

Enseñame en el ofertorio del pan a entregar mi trabajo y con el vino entregar mi sufrimientos, mis contrariedades, rencores y resentimientos, todo aquello que ha secuestrado mi paz. Señor, recibe mis ofrendas y transformarlas. Quiero entregarme como ofrenda viva: Mi cuerpo y mi sangre, mi trabajo y mi dolor para resucitar en ti Señor

Ten misericordia y permite que en la consagración contemple como resucita tu Amor para mi. De la muerte del grano y el fermento de la uva resurge el Amor. Que mi cuerpo y mi espíritu reconozcan este día.

Si tu quieres: saname Señor. Vence la muerte de mi cuerpo sepultado en vicio y debilidades.

Señor mío y Dios Mío, despojarme del manto de muerte de mis juicios que condenan y oscurecen el pensamiento.

Creo Señor pero ayuda a mi incredulidad. Mueve la piedra del sepulcro de mis rencores y resentimientos.

Que seamos uno, como Tú lo eres en Padre, en el Hijo con el Espíritu Santo. Eternamente presentes en un día sin muerte.

Todo esto te lo pedimos, Señor nuestro, en el nombre de Jesucristo tu hijo, nuestro Señor, que con el Padre Nuestro y el Espíritu Santo son un mismo Dios, un mismo Señor. Amen

Por Juan Manuel Dacosta

Consejero Terapeuta en Misión de Amor >
Estudios Universitarios: >
Comunicación UIA >Desarrollo Comunitario: UNADM >Diplomado en Psicoterapia de Pareja: Instituto de la Pareja A.C.

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