Atiende al Amor: «elige la mejor parte, que no te será quitada».

Dios es Amor

Es nuestro eterno compañero y es un gusto compartirle nuestras emociones y pensamientos. Es alegre, amable, bondadoso y nos comparte su Amor que nos fortalece.

¿Qué te parece? Empezar el día con la bendición del Señor y concluirlo con el agradecimiento y el descanso en el Señor. Si Dios es Amor ¿Qué te parece? Empezar con la bendición del Amor y concluir agradeciendo y descansando en el Amor?

Para algunos resultará novedoso que el domingo(1) es el primer día de la semana, se conmemora la resurrección del Señor al tercer día y la Iglesia Católica propone que empecemos la semana con el Señor. Está propuesta me parece más sabia que sólo usar el Shabat (2) como tiempo de descanso y agradecimiento en el Señor. Una amiga que entró como maestra de una escuela judía, recibió la indicación que no se tocara nada relacionado con Jesucristo, a lo que la profesora replicó y como explicarles a los alumnos que el año oficial es 2019 que hace alusión al nacimiento de Cristo.

(1)Viene de dominicus: «día del Señor» El domingo es, tradicionalmente, el séptimo​ día de la semana civil en la mayoría de los países de habla hispana. … El domingo es el primer día de la semana litúrgica en la tradición cristiana, al igual que lo es en otras tradiciones culturales.

(2) “Shabat” es el ritual de descanso semanal de los creyentes del Judaísmo. El día de descanso semanal shabat hace referencia al día de descanso después de los seis días de trabajo para la creación del mundo, según el libro de Génesis de la Biblia. … El shabat se fija para el día sábado donde es obligatorio descansar.

Esto dice el Señor según San Lucas.

Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.

Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.

Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude».

Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada».

San Lucas (10,38-42)

Dios es Amor ¿Qué te parece? Empezar con la bendición del Amor y concluir agradeciendo y descansando en el Amor?

Como diría un amigo, Dios nos creo “todo terreno” y nunca se separa de nosotros, le gusta viajar con nosotros y llevarnos por el camino, la verdad y la vida, hace cantar a los pajaros y lleva la lluvia volando a buenos y malos. Es nuestro eterno compañero y me parece un gusto compartirle nuestras emociones y pensamientos. Es alegre, amable, bondadoso y nos comparte su Amor que nos fortalece. Nos entrega el Shalom que significa paz, bienestar. Jesús tiene esa forma de saludo o despedida entre los Judíos. La palabra shalom ​tiene origen en el idioma hebreo, שלום, y transmite un deseo de salud, armonía, paz interior, calma y tranquilidad para aquel o aquellos a quien está dirigido el saludo.

Te propongo una acción en los 5 minutos al despertarte: Saluda a Dios y medita en todo lo que aprendíste en tus caídas. Dale gracias a Dios y levantate. El domingo, haz el mismo ejercicio pero al ir a recibir al Señor en la Santa Misa.

Y además: Ya para descansar, puedes escuchar el rosario para dormir y acúnate con el Señor, agradece las bendiciones, pide perdón por aquellas acciones, pensamientos u omisiones que hiciste contrariando el Amor. Pide por las necesidades de una persona, recomienda tus necesidades y ruega por las ánimas benditas del purgatorio. Dios te Bendice, acúnate en sus brazos y descansa. El sábado haz el mismo ejercicio en diferentes momentos del día.

Atiende al Amor: «elige la mejor parte, que no te será quitada».

Hojita dominical del 28 de abril del 2019

Domingo de la Divina Misericordia

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  • Dale espacio al amor
  • Se que me equivoque y por eso: Jesús, en ti confío”
  • Ama en la oración
  • Dios de amor, hoy quiero que resucite el amor.
  • ¿Cómo Dios puede ayudarme?
  • Dale espacio al amor

Responsable: Juan Manuel D’Acosta L.
Consejero terapeuta en Misión de Amor.
Consulta por cel/Whatsap +52 1 734-1295-201

Señor, por tu dolorosa pasión ten misericordia.

Señor, Si he de proclamar mi fe, mi esperanza y mi Amor en ti, que eres el Padre Nuestro encarnado en Jesucristo por el Espíritu Santo en la Santísima Virgen. También reconozco que me has llamado y me has bautizado para ser tu cuerpo místico me compartes tu reino y reino contigo. Por el Agua de mi bautizo recibo tu sacerdocio en mi sacerdocio y bendigo, en nombre de tu Santa Trinidad, el agua, los alimentos, el día, el lugar y a las personas. Me compartes tu Espíritu Santo y soy profeta que proclama desde mi espíritu tu Espíritu Santo.

Soy expresión de tu Amor y Amor es lo que en verdad puedo dar. Amor es el camino que puedo continuar. Amor es la vida que puedo entregar. Soy uno en ti y en ti somos hijos del Padre Nuestro con el Espíritu Santo. Somos tu Amor para darle Amor a la vida y, como tu, dar la vida por Amor,

Recordad tu Pasión es más que conmover a nuestro corazón con la gratitud por tu sacrificio, es el tiempo de seguir tus pasos, de enfrentar el temor, de aceptar la voluntad del Padre, de abrazar nuestra cruz y resucitar en la vida y seguir como Dios Manda.

Tus pasos son nuestra guía y te confieso mis errores y debilidades, sé mi fortaleza en mi espíritu:

Ignoré tu deseo de unirnos para celebrar y compartir la Pascua en la Santa Misa.

Dejé de reconocer que te entregas en cuerpo, sangre y divinidad para ser nuestro aliado.

Te traicioné a cambio de orgullo, soberbia, por unas monedas y placeres.

Tu estás entre nosotros como el que sirve y quise que me sirvieras, ser más grande, sin comportarme como el menor, y gobernar, sin ser servidor.

Desprecié la realeza que nos conferiste de ser Hijos del Padre Nuestro.

Estaba dispuesto a ir contigo a donde fuera y te negué

No te reconocí entre los malechores y los pecadores.

No te invoque en oración ante la tentación.

«Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».

En la angustia y la desesperación hice mi voluntad

Preferí dormir que orar, para no caer en la tentación».

Te entregue a cambio de un beso.

Use la violencia olvidando tu voluntad

Te traté como ladrón de mi tiempo y mi vida.

Te niego tantas veces: “no te conozco”, “no soy tu seguidor”, “No siento Amor”.

Para creerte, te pido que hagas mi voluntad.

Si me respondes, no te creo que eres el Hijo de Dios

Eres Rey de reyes y te ordeno como mi si fueras mi Sirviente.

Si tu enseñanza va contra mi juicio, te expulso de mi conciencia

Dejo que las leyes y gobernantes guíen mi fe sobre ti

Si no me respondes te desprecio y pongo en ridículo

Actúo huyendo de mis temores y no para acercarme a tu Amor

Oh Mis Señor me rehúso a abrazar mi cruz y tu la cargas conmigo.

Me lamento de mi dolor humano y no reconozco tu Dolor Divino por que no compartimos tu Amor.

Me escandalizo que estés con malhechores

«Padre, perdónanos, porque no sabemos lo que hacemos».

Preferimos las vestiduras que mirar tu Espíritu Santo

Continuamos ofendiendo tu amor burlándonos de tu misericordia

No atendemos tu sufrimiento, ni tememos contrariarte.

Tú, con nosotros sufres la misma pena.

«Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino».

Y al reconocerte y pedir tu misericordia tu nos dices «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso».

«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu»

¿Qué hemos hecho con tu Amor?

Vienes a nuestra vida ¿Como te recibo?

Perdón Señor, por no aceptar y entregar tu Amor entre Nosotros, con mi familia, mis vecinos, la gente que pones en mi camino día a día.

En la verdad soy libre

Señor necesito escucharte y alzarme sobre el ruido:

Concentrarme en el silencio profundo, sin distraerme, preocuparme o pensar que hay algo más importante que estar contigo. Quiero sentir tu presencia en lo más intimo de mi ser, como río de agua viva que corre en mi espíritu para alimentar mi vida.

  • Dios mío. Necesito Escucharte.
  • Quiero darme cuenta cuando trates de decirme algo
  • Quiero darme cuenta de tu consejo y tu corrección
  • Líbrame de mis preocupaciones, para estar atento a tu presencia de amor

Hoy quiero abrazar tu amor en mi cruz, al liberarme con el perdón de todos aquellos errores que cometí, que te ofenden al lastimar tu creación y a mi prójimo como a mi mismo. Pues todos somos uno en tu creación.

Pasión de Nuestro Señor según San Lucas

(22,14-71.23,1-56)

Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo:

«He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión, porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios».

Y tomando una copa, dio gracias y dijo: «Tomen y compártanla entre ustedes.

Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios».

Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía».

Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes.

La mano del traidor está sobre la mesa, junto a mí.

Porque el Hijo del hombre va por el camino que le ha sido señalado, pero ¡ay de aquel que lo va a entregar!».

Entonces comenzaron a preguntarse unos a otros quién de ellos sería el que iba a hacer eso.

Y surgió una discusión sobre quién debía ser considerado como el más grande.

Jesús les dijo: «Los reyes de las naciones dominan sobre ellas, y los que ejercen el poder sobre el pueblo se hacen llamar bienhechores.

Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que es más grande, que se comporte como el menor, y el que gobierna, como un servidor.

Porque, ¿quién es más grande, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es acaso el que está a la mesa? Y sin embargo, yo estoy entre ustedes como el que sirve.

Ustedes son los que han permanecido siempre conmigo en medio de mis pruebas.

Por eso yo les confiero la realeza, como mi Padre me la confirió a mí.

Y en mi Reino, ustedes comerán y beberán en mi mesa, y se sentarán sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.

Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido poder para zarandearlos como el trigo,

pero yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos».

«Señor, le dijo Pedro, estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel y a la muerte».

Pero Jesús replicó: «Yo te aseguro, Pedro, que hoy, antes que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces».

Después les dijo: «Cuando los envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalia, ¿les faltó alguna cosa?».

«Nada», respondieron. El agregó: «Pero ahora el que tenga una bolsa, que la lleve; el que tenga una alforja, que la lleve también; y el que no tenga espada, que venda su manto para comprar una.

Porque les aseguro que debe cumplirse en mí esta palabra de la Escritura: Fue contado entre los malhechores. Ya llega a su fin todo lo que se refiere a mí».

«Señor, le dijeron, aquí hay dos espadas». El les respondió: «Basta».

En seguida Jesús salió y fue como de costumbre al monte de los Olivos, seguido de sus discípulos.

Cuando llegaron, les dijo: «Oren, para no caer en la tentación».

Después se alejó de ellos, más o menos a la distancia de un tiro de piedra, y puesto de rodillas, oraba:

«Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».

Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba.

En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo.

Después de orar se levantó, fue hacia donde estaban sus discípulos y los encontró adormecidos por la tristeza.

Jesús les dijo: «¿Por qué están durmiendo? Levántense y oren para no caer en la tentación».

Todavía estaba hablando, cuando llegó una multitud encabezada por el que se llamaba Judas, uno de los Doce. Este se acercó a Jesús para besarlo.

Jesús le dijo: «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?».

Los que estaban con Jesús, viendo lo que iba a suceder, le preguntaron: «Señor, ¿usamos la espada?».

Y uno de ellos hirió con su espada al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha.

Pero Jesús dijo: «Dejen, ya está». Y tocándole la oreja, lo curó.

Después dijo a los sumos sacerdotes, a los jefes de la guardia del Templo y a los ancianos que habían venido a arrestarlo: «¿Soy acaso un ladrón para que vengan con espadas y palos?

Todos los días estaba con ustedes en el Templo y no me arrestaron. Pero esta es la hora de ustedes y el poder de las tinieblas».

Después de arrestarlo, lo condujeron a la casa del Sumo Sacerdote. Pedro lo seguía de lejos.

Encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor de él y Pedro se sentó entre ellos.

Una sirvienta que lo vio junto al fuego, lo miró fijamente y dijo: «Este también estaba con él».

Pedro lo negó, diciendo: «Mujer, no lo conozco».

Poco después, otro lo vio y dijo: «Tú también eres uno de aquellos». Pero Pedro respondió: «No, hombre, no lo soy».

Alrededor de una hora más tarde, otro insistió, diciendo: «No hay duda de que este hombre estaba con él; además, él también es galileo».

«Hombre, dijo Pedro, no sé lo que dices». En ese momento, cuando todavía estaba hablando, cantó el gallo.

El Señor, dándose vuelta, miró a Pedro. Este recordó las palabras que el Señor le había dicho: «Hoy, antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces».

Y saliendo afuera, lloró amargamente.

Los hombres que custodiaban a Jesús lo ultrajaban y lo golpeaban; y tapándole el rostro, le decían: «Profetiza, ¿quién te golpeó?».

Y proferían contra él toda clase de insultos.

Cuando amaneció, se reunió el Consejo de los ancianos del pueblo, junto con los sumos sacerdotes y los escribas. Llevaron a Jesús ante el tribunal

y le dijeron: «Dinos si eres el Mesías». El les dijo: «Si yo les respondo, ustedes no me creerán, y si los interrogo, no me responderán.

Pero en adelante, el Hijo del hombre se sentará a la derecha de Dios todopoderoso».

Todos preguntaron: «¿Entonces eres el Hijo de Dios?». Jesús respondió: «Tienen razón, yo lo soy».

Ellos dijeron: «¿Acaso necesitamos otro testimonio? Nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca».

Después se levantó toda la asamblea y lo llevaron ante Pilato.

Y comenzaron a acusarlo, diciendo: «Hemos encontrado a este hombre incitando a nuestro pueblo a la rebelión, impidiéndole pagar los impuestos al Emperador y pretendiendo ser el rey Mesías».

Pilato lo interrogó, diciendo: «¿Eres tú el rey de los judíos?». «Tú lo dices», le respondió Jesús.

Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la multitud: «No encuentro en este hombre ningún motivo de condena».

Pero ellos insistían: «Subleva al pueblo con su enseñanza en toda la Judea. Comenzó en Galilea y ha llegado hasta aquí».

Al oír esto, Pilato preguntó si ese hombre era galileo.

Y habiéndose asegurado de que pertenecía a la jurisdicción de Herodes, se lo envió. En esos días, también Herodes se encontraba en Jerusalén.

Herodes se alegró mucho al ver a Jesús. Hacía tiempo que deseaba verlo, por lo que había oído decir de él, y esperaba que hiciera algún prodigio en su presencia.

Le hizo muchas preguntas, pero Jesús no le respondió nada.

Entre tanto, los sumos sacerdotes y los escribas estaban allí y lo acusaban con vehemencia.

Herodes y sus guardias, después de tratarlo con desprecio y ponerlo en ridículo, lo cubrieron con un magnífico manto y lo enviaron de nuevo a Pilato.

Y ese mismo día, Herodes y Pilato, que estaban enemistados, se hicieron amigos.

Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los jefes y al pueblo, y les dijo: «Ustedes me han traído a este hombre, acusándolo de incitar al pueblo a la rebelión. Pero yo lo interrogué delante de ustedes y no encontré ningún motivo de condena en los cargos de que lo acusan; ni tampoco Herodes, ya que él lo ha devuelto a este tribunal. Como ven, este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte.

Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad».

Pero la multitud comenzó a gritar: «¡Qué muera este hombre! ¡Suéltanos a Barrabás!».

A Barrabás lo habían encarcelado por una sedición que tuvo lugar en la ciudad y por homicidio.

Pilato volvió a dirigirles la palabra con la intención de poner en libertad a Jesús.

Pero ellos seguían gritando: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!».

Por tercera vez les dijo: «¿Qué mal ha hecho este hombre? No encuentro en él nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad».

Pero ellos insistían a gritos, reclamando que fuera crucificado, y el griterío se hacía cada vez más violento.

Al fin, Pilato resolvió acceder al pedido del pueblo.

Dejó en libertad al que ellos pedían, al que había sido encarcelado por sedición y homicidio, y a Jesús lo entregó al arbitrio de ellos.

Cuando lo llevaban, detuvieron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús.

Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él.

Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos.

Porque se acerca el tiempo en que se dirá: ¡Felices las estériles, felices los senos que no concibieron y los pechos que no amamantaron!

Entonces se dirá a las montañas: ¡Caigan sobre nosotros!, y a los cerros: ¡Sepúltennos!

Porque si así tratan a la leña verde, ¿qué será de la leña seca?».

Con él llevaban también a otros dos malhechores, para ser ejecutados.

Cuando llegaron al lugar llamado «del Cráneo», lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Después se repartieron sus vestiduras, sorteándolas entre ellos.

El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: «Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!».

También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: «Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!».

Sobre su cabeza había una inscripción: «Este es el rey de los judíos».

Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».

Pero el otro lo increpaba, diciéndole: «¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él?

Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo».

Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino».

El le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso».

Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde.

El velo del Templo se rasgó por el medio.

Jesús, con un grito, exclamó: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y diciendo esto, expiró.

Cuando el centurión vio lo que había pasado, alabó a Dios, exclamando: «Realmente este hombre era un justo».

Y la multitud que se había reunido para contemplar el espectáculo, al ver lo sucedido, regresaba golpeándose el pecho.

Todos sus amigos y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea permanecían a distancia, contemplando lo sucedido.

Llegó entonces un miembro del Consejo, llamado José, hombre recto y justo, que había disentido con las decisiones y actitudes de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios.

Fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús.

Después de bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro cavado en la roca, donde nadie había sido sepultado.

Era el día de la Preparación, y ya comenzaba el sábado.

Las mujeres que habían venido de Galilea con Jesús siguieron a José, observaron el sepulcro y vieron cómo había sido sepultado.

Después regresaron y prepararon los bálsamos y perfumes, pero el sábado observaron el descanso que prescribía la Ley.

Ama a tu pareja

En este número tenemos la tarea de  Amar a tu pareja, tal vez parezca difícil para tu mente, tus emociones pretenden alejarte, el cuerpo parece negarse y hasta los comentarios de la gente piden la separación. Sin embargo, si en el principio hubo enamoramiento, te tengo una buena noticia: Están unidos en el Amor.

Confía en el Amor que alienta tu espíritu donde se anida la presencia del Espíritu Santo. Dios es Amor y su Amor sabrá guiarte y llevarte a la plenitud de Amar.

Mira el Espíritu Santo en tí, es el Amor del Padre en el Hijo. Es el Amor que Jesús comparte con nosotros para que lo extendamos. Así cuando damos amor lo recibimos. Por eso Ama a tu pareja.

Aquí te dejamos algunos consejos

Juan Manuel D'Acosta L.
Consejero en Misión de Amor
Terapia personal y de pareja
Cel/Whatsap +52 (1) 734 1295 201

El Amor viene a tu encuentro

En este número tenemos la tarea de descubrir
la presencia del Amor de Jesús
que viene a nuestro encuentro.

Boletín en Misión de Amor
1-28 ene 2019

El Amor viene a tu encuentro

Consulta a tu consejero terapeuta.
Te ayudará a ordenar y entender tus diferentes sentimientos y problemas.
Así aprendes cómo manejarlos en tu vida diaria

Juan Manuel D’Acosta
Consejero Terapeuta en Misión de Amor
Terapia personal y de pareja en
Cel/Whatsapp +52 (1) 734-1295-201


El Amor ¿se acabó?

Una de las expresiones que escucho cuando doy terapia de pareja es: “El amor se acabó”. Cuando escucho esto me duele que la idea que tenemos del Amor sea tan limitada. De hecho, cada vez que escucho esta expresión le pido al Señor que nos perdone. Resulta triste matar el Amor, pues Dios es Amor.

Esta expresión que “el amor se acabó” significa que la presencia de Dios en su vida se acabó.

Dios es Amor

Dios es el Amor que viene a nuestro encuentro, somos su expresión de Amor encarnada en esta tierra. El Amor es nuestro origen, nuestro camino y nuestro destino. El amor es lo que en verdad podemos dar.

Dios Amor, el Padre nuestro, se encarna por medio de Jesús, el nos demuestra que el Amor viene a nuestro encuentro, nos confirma cuánto Amor nos tiene y quiere liberarnos de nuestros pecados.

Pero entonces ¿Cuál es la origen del pecado? ¿De que viene a liberarnos? Pues el pecado es la negación del Amor, la negación de la voluntad de Dios, la negación del Espíritu Santo, el Espíritu Santo es el Amor del Padre en el hijo y del hijo en todos nosotros.

El Amor nos une

El Amor es lo que nos une a Jesús, por eso en Nazaret cuando le presentaron el libro del Profeta Isaías y abriéndolo encontró el pasaje donde estaba escrito: “El Espíritu del Señor está sobre mí consagrado por la unción, me envió a llevar la buena noticia a los pobres a anunciar la liberación de los cautivos y la vista a los ciegos. Traer la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.

Cerró el libro, lo devolvió al ayudante y se sentó en la sinagoga tenían los ojos fijos en el Entonces comenzó a decirles hoy se ha cumplido este pasaje de la escritura que acaban de oír esto es palabra del señor noticias. Según San Lucas (Lc1,1-4.4,14-21)

San Pablo (Corintios 12,12-30) considera que el Espíritu es lo que nos une. El espíritu es el Amor y ese Amor es el que hace de familia sea un sólo cuerpo que se compone de muchos miembros: esposa, esposo y los hijos. Así como uno es marido y otro es hijo son un cuerpo familiar. Por eso no es posible la separación, es como si el pie dijera a la mano que no forma parte del cuerpo, de todas maneras seguiría siendo parte de el cuerpo.

Entonces cuando una pareja, según las leyes del hombre, diría que no es parte del matrimonio seguirá siendo el cuerpo de la familia. Y si el oído dijera ya que no soy ojo no formó parte del cuerpo como cuando los padres se divorcian dejarían de ser sus padres.

Todos funcionan en la familia

Dios ha dispuesto una función a cada uno de los miembros del matrimonio en la familia. Si todos fueran un solo miembro ¿donde estaría el cuerpo? ¿el esposo o la esposa? donde estaría la familia. Hay muchos miembros pero el cuerpo es uno sólo. Hay muchos miembros, pero la familia es parte del plan que Dios que ha dispuesto los miembros del cuerpo de familia. “Más aún, los miembros del cuerpo que consideramos más débiles también son necesarios, y los que consideramos menos decorosos son los que tratamos más decorosamente. Así nuestros miembros menos dignos son tratados con mayor respeto, ya que los otros no necesitan ser tratado de esa manera. Pero Dios dispuso el cuerpo, dando mayor honor a los miembros que más lo necesitan a fin de que no haya divisiones en el cuerpo, sino que todos los miembros sean mutuamente solidarios“.

¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido? Todos los demás participan de su alegría.

Somos el Cuerpo de Cristo

Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular miembro de ese cuerpo. En la familia en primer lugar han sido establecidos por Dios como esposos, papás, hijos. ¿Acaso todos son papá? ¿acaso todos son mamá? ¿acaso todos son esposo? ¿acaso todos son esposa? ¿acaso son todos hijos? pero cuando uno tiene diferentes dones. Uno puede tener el don de curar, otro tendá el don de las lenguas, entonces la familia tiene el don de las lenguas o de interpretarlas a través de uno de sus miembros, porque en el plan de Dios somos uno y el Espíritu que el Jesús nos comparte es para consagrarlo, llevar la buena noticia especialmente a quienes viven con nosotros y tienen carencias, para anunciar la liberación a quienes están cautivos del mal en pensamientos, palabras y obras, y que los hacen mirarse separados de la familia. El Espíritu del Señor ha venido a traer la vista a los ciegos, está en nosotros para dar testimonio de que Jesús se expresa su Espíritu Santo a través de en nosotros para dar la vista a los ciegos, la libertad a los oprimidos…

El Amor siempre vive en nosotros

Muchas veces nosotros estamos ciegos y no miramos el Amor, pensamos que se acabó la libertad, que hemos perdido el Amor al sentirnos oprimidos unos a otros. El Señor Jesús ha venido para que compartamos su Espíritu, su Amor, para darle libertad a los oprimidos, especialmente en nuestra familia, en nuestra pareja, en nuestros hijos dentro de la bendición de la familia.

Medita en ésta expresión de Amor del Señor, que quiere mostrarse a través tuyo. Permite que su Amor se exprese, no lo ocultes tras rencores, resentimientos y temores. Haz cómo lo hizo la Santísima Virgen María en la anunciación, pregúntale ¿cómo será posible esto?

 

Juan Manuel D'Acosta L
Consejero en Misión de Amor
Terapia personal y de pareja
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¿Cómo Dios puede ayudarme?

A pesar de que hemos visto su presencia, nos preguntamos muchas veces ¿Cómo Dios puede ayudarme?

Dios es Amor, entonces la pregunta sería cómo el Amor puede ayudarte. El Amor no convive con el Temor, así que podemos decidir mirar la realidad con Amor o con Temor, es decir expresar el Amor que nos sostiene o anima o negar su existencia. Amar es compartir la esencia de Dios, es reconocer que somos una expresión del Amor de Dios a imagen y semejanza. Sigue leyendo «¿Cómo Dios puede ayudarme?»

Oración en la Pasión de Cristo

  • «Vive hasta perder el aliento y vive en el aliento del Amor»

Señor, vives siempre y no pierdes el aliento, eres aliento en mi vida. Tu pasión continúa, te miro en tantas ocasiones mostrándome el ánimo, tu Amor se extiende y renueva cuando te contemplo, cuando te miro en mi prójimo y te acepto en mí. Sigue leyendo «Oración en la Pasión de Cristo»