Ayuda en nombre de Jesucristo

Señor tuyo soy concédeme reconocer tu gloria en el Padre. Tú que tienes autoridad sobre todo ser humano danos la vida eterna. Quiero la vida eterna: conocer al Padre, el único Dios verdadero, en Ti mi Señor Jesucristo. Señor Jesús has terminado la voluntad del Padre en la tierra. Eres glorificado, junto al Padre desde antes que el mundo existiera. Nos has dado el nombre del Padre, porque somos suyos pues somos de ti mi Señor Jesús al guardar tu palabra. Porque todo lo tuyo viene del Padre; nos has dado sus palabras y las recibimos, y las entendemos, pues en verdad vienes del Padre y creemos que te envió. Sigue leyendo «Ayuda en nombre de Jesucristo»

Señor tuyo soy concédeme reconocer tu gloria en el Padre. Tú que tienes autoridad sobre todo ser humano danos la vida eterna. Quiero la vida eterna: conocer al Padre, el único Dios verdadero, en Ti mi Señor Jesucristo. Señor Jesús has terminado la voluntad del Padre en la tierra. Eres glorificado, junto al Padre desde antes que el mundo existiera. Nos has dado el nombre del Padre, porque somos suyos pues somos de ti mi Señor Jesús al guardar tu palabra. Porque todo lo tuyo viene del Padre; nos has dado sus palabras y las recibimos, y las entendemos, pues en verdad vienes del Padre y creemos que te envió. Sigue leyendo «Ayuda en nombre de Jesucristo»

Rosario de las Lágrimas

Reza alma mía para que el Señor guíe tus pasos en este valle de lágrimas, que aún nuestra Madre Santísima a padecido el dolor de la vida antes de encontrar el gozo del cielo. En este Rosario de Lágrima confía tu duelo a las manos de la Santísima Virgen María. ¿Quien como ella? para interceder ante su amado hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Prepara un tiempo propicio y un lugar de recogimiento para que tu alma se ilumine de la luz de su gracia. Escucha y medita las palabras que tu boca proclaman y guarda silencio para que recojas los frutos de tu invocación a nuestro Señor Jesucristo por medio de nuestra madre del Cielo, que nos confió el mismo Jesús en la cruz.

Se reza un Padrenuestro y siete Ave Marías por cada dolor de la Virgen. Al mismo tiempo le pedimos que nos ayude a entender el mal que hemos cometido y nos lleve a un verdadero arrepentimiento. Al unir nuestros dolores a los de María, tal como Ella unió Sus dolores a los de su Hijo, participamos en la redención de nuestros pecados y los del mundo entero.

(Persignádose)

«Y a ti, Madre, una espada de dolor te atravesará el corazón…»
(Lucas 2, 35)

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
R. Amén.

Acto de Contrición

Señor mío, Jesucristo, me arrepiento profundamente de todos mis pecados. Humildemente suplico Tu perdón y por medio de Tu gracia, concédeme ser verdaderamente merecedor de Tu amor, por los méritos de Tu Pasión y Tu muerte y por los dolores de Tu Madre Santísima.

R. Amén.

Ofrecimiento:

Santa Madre te ofrecemos este rosario para que, por las lágrimas que derramaste, intercedas por esta necesidad (Decirla petición) ante Dios nuestro Señor

Creemos que tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor, honrar especialmente la invocación de tu dolor, más allá de eso, esperamos nos conceda los favores que te pedimos por los merecimientos de tu lágrimas.

Que este rosario alcance para la Conversión de muchos pecadores, especialmente de los poseídos por el demonio. Que este rosario derrote al demonio y destruya el poder del infierno. Que el Amor con que te lo ofrecemos sea nuestra armadura para la gran batalla.

Santa Madre:

  • Pon paz en nuestra familia.
  • Ilumínanos en los Divinos Misterios.
  • Consuélanos en nuestras penas
  • Acompáñanos en nuestros trabajos.
  • Protégenos en todos los instantes de nuestras vidas.
  • Recibe nuestra petición con tal que no se oponga a la voluntad de tu Divino Hijo y a la santificación de mi alma. (Decir la petición)

R. Amén.

Ofrecimiento a Jesús

Señor Jesús, al subir el Monte Calvario por nosotros encontraste las perlas preciosas en este mundo ¡Las Lágrimas de tu Madre! Dolor Infinito al mirarte clavado en lo alto de la Cruz. Tu la miraste llorando con tanta angustia.

Subiste el Monte Calvario para encontrar tu aliento en ellas…

Ayúdanos a subir por encima de nuestros vicios inclinaciones y voluntades, a despreciar el mundo de mentirosas promesas. Y encontrar en nuestra alma estas perlas preciosas que iluminan nuestro espíritu, porque tu Reino es todo Espiritual.

No es simple agua derramada de los ojos purísimos de Maria. Ayúdanos a recoger el fruto de sus angustias, el dolor de su alma y de su corazón maternal que derramó tantas lágrimas, a los pies de tu Cruz.

Somos tus hijos amados, por nuestra ignorancia ante tu sacrificio tu Madre derrama lágrimas, por sus perlas te pedimos (Decirla petición)

Que sean provecho para nuestra alma estas Lágrimas Benditas, que sirvan para la conversión y Santificación de nuestra vida.

Son perlas preciosas, porque con mucho Amor nos fueron dadas. Tu madre llora por nuestras almas, entrega sus lágrimas cooperando con tu Amor de Divino Hijo, para nuestra redención.

Oh Jesús derramaste tu Sangre y Nuestra Madre derramó sus Lágrimas. Que no sea estéril tanto sufrimiento.

R. Amén.

Oración Inicial

Jesús crucificado: Postrados a los pies de tu cruz, te ofrecemos las «Lágrimas y Sangre» de aquella, que te acompaña con tierno amor y compasión en tu vía-crucis. Concédenos la gracia, oh buen Maestro, de reconocer las enseñanzas contenidas en tu Sangre y las lágrimas de tu Santísima Madre, para cumplir Tu voluntad de tal manera, que un día seamos dignos, de alabarte y glorificarte por toda la eternidad.

R.- Amén.

Primer dolor:
Simeón te comparte tu profecía.

  • (Lucas 2:22-35)

Asimismo, cuando llegó el día en que, de acuerdo a la Ley de Moisés, debían cumplir el rito de la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, tal como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También ofrecieron el sacrificio que ordena la Ley del Señor: una pareja de tórtolas o dos pichones. Había entonces en Jerusalén un hombre muy piadoso y cumplidor a los ojos de Dios, llamado Simeón. Este hombre esperaba el día en que Dios atendiera a Israel, y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no moriría antes de haber visto al Mesías del Señor. El Espíritu también lo llevó al Templo en aquel momento. Como los padres traían al niño Jesús para cumplir con él lo que mandaba la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios con estas palabras:»Ahora, Señor, ya puedes dejar que tu servidor muera en paz como le has dicho. Porque mis ojos han visto a tu salvador, que has preparado y ofreces a todos los pueblos la luz que se revelará a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel.»

Su padre y su madre estaban maravillados por todo lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Mira, este niño traerá a la gente de Israel ya sea caída o resurrección. Será una señal impugnada en cuanto se manifieste, mientras a ti misma una espada te atravesará el alma.»

Nos unimos a María para escuchar las palabras de Simeón que unía el gozo y la triste sentencia. Qué grande fue el impacto en tu Corazón de Madre, cuando escuchaste las tristes palabras con las que Simeón te profetizó la amarga Pasión y muerte de tu dulce Jesús.

En nuestra oración, debemos confiar en el Espíritu para que nos ayude en nuestras elecciones; para que nos conduzca a nuestro verdadero destino.

Oh Jesús derramas tu Sangre en la Santa Eucaristía y Nuestra Madre derrama sus Lágrimas. Que no sea estéril tanto sufrimiento.

R. Amén.

Padrenuestro

Oh Jesús derramas tu Sangre en la Santa Eucaristía y Nuestra Madre derrama sus Lágrimas. Que no sea estéril tanto sufrimiento.

Santa Madre, obtén para mí un auténtico arrepentimiento por mis pecados. Que encontremos perdón y misericordia de tu Hijo por nuestros pecados.

Siete Ave María

Oh Jesús mío, mira las lágrimas de aquella, que te tiene el amor más grande en la tierra y en el cielo te ama con el amor más fervoroso.
(3 veces)

Segundo Dolor.-
Tu familia es obligada a huir a Egipto, escapando de Herodes que quería matar a tu Hijo Amado.

  • (Mateo 2: 13-15, 19-23)

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.» José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto». Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño.» Se levantó, cogió al niño y a su madre y volvió a Israel. Pero, al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y, avisado en sueños, se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret. Así se cumplió lo que dijeron los profetas, que se llamaría Nazareno.

¿Dónde está mi mente y mi corazón? ¿Es en la fragilidad del niño, la Palabra de Dios en peligro de desaparecer? ¿Es José, firme y fiel como padre? ¿En la inspiración de Dios que llega en el momento oportuno?

Santa Madre ¡Que agudo dolor! cuando, con José, huyeron repentinamente de noche, a fin de salvar a tu querido Hijo de la matanza decretada por Herodes. Cuánta angustia, cuántas tus privaciones durante tan largo viaje. Cuántos sufrimientos experimentaste en la tierra del exilio.

Oh Jesús derramas tu Sangre en la Santa Eucaristía y Nuestra Madre derrama sus Lágrimas. Que no sea estéril tanto sufrimiento.

R. Amén.

Padrenuestro

Oh Jesús derramas tu Sangre en la Santa Eucaristía y Nuestra Madre derrama sus Lágrimas. Que no sea estéril tanto sufrimiento.

Madre Dolorosa, alcánzame la gracia de perseverar en la confianza y el abandono a Dios, aún en los momentos más difíciles de mi vida. Que tu dolor nos libre de secuestrar a nuestros hijos, que al separarse como matrimonio, los separan de su padre o madre, para cobrar bienes o satisfacciones.

Siete Ave María

Oh Jesús mío, mira las lágrimas de aquella, que te tiene el amor más grande en la tierra y en el cielo te ama con el amor más fervoroso.
(3 veces)

Tercer dolor.-
Tres días buscaste a tu Hijo que lo daban por perdido.

  • (Lucas 2, 41-52)

Por las fiestas de Pascua iban sus padres todos los años a Jerusalén. Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según costumbre. Al terminar ésta, mientras ellos se volvían, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Pensando que iba en la caravana, hicieron un día de camino y se pusieron a buscarlo entre los parientes y los conocidos. Al no encontrarlo, regresaron a buscarlo a Jerusalén. Al cabo de tres días lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban atónitos ante su inteligencia y sus respuestas. Al verlo, se quedaron desconcertados, y su madre le dijo: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados”. Él replicó: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo estar en la casa de mi Padre?” Ellos no entendieron lo que les dijo. Regresó con ellos, fue a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en el favor de Dios y de los hombres.

Qué angustioso fue tu dolor de Madre cuando descubres de que habías perdido a tu querido Hijo. Llena de preocupación y fatiga, regresaste con José a Jerusalén. Durante tres largos días buscaron a Jesús, hasta que lo encontraron en la casa del Padre Nuestro.
“En la casa de mi Padre”. ¿Creo que la casa del Padre Nuestro se puede encontrar en mí? Si lo creo, tal vez pueda abrirme a una maravilla aún más grande:

Aquellos que me aman guardarán mi palabra, y mi Padre los amará, e iremos a ellos y haremos nuestra morada con ellos” (Juan 14:23)

María y José hicieron una angustiada visita al templo de Jerusalén, buscando al que habían perdido. Cuando hago oración voy al templo del Espíritu Santo dentro de mí, voy con la certeza de encontrar a Dios allí.

Oh Jesús derramas tu Sangre en la Santa Eucaristía y Nuestra Madre derrama sus Lágrimas. Que no sea estéril tanto sufrimiento.

R. Amén.

Padrenuestro

Oh Jesús derramas tu Sangre en la Santa Eucaristía y Nuestra Madre derrama sus Lágrimas. Que no sea estéril tanto sufrimiento.

Madre querida, cuando el pecado me lleve a perder a Jesús, ayúdame a encontrarlo de nuevo a través de la oración y el Sacramento de la Reconciliación. Defiéndenos en los combates espirituales con el enemigo infernal.

Siete Ave María

Oh Jesús mío, mira las lágrimas de aquella, que te tiene el amor más grande en la tierra y en el cielo te ama con el amor más fervoroso.
(3 veces)

Cuarto dolor.-
Encuentras a tu Divino Hijo cargando la cruz rumbo al Calvario.

  • (Lucas 2,34-35,51b)

Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestaran claramente los pensamientos íntimos de muchos.

Su madre conservaba estas cosas en su corazón.

Así se cumple la profecía donde la espada atraviesa tu corazón, me duele contemplar tan triste escena. Madre mía, tan dulce y amorosa, te encuentras con tu Hijo en medio de quienes lo arrastran a tan cruel muerte. Tremendo dolor que sintieron cuando sus ojos se encontraron y como Madre bendita intentas dar apoyo a tu Hijo en su calvario, la traición, el abandono, la burla, la condena, los temores y la ira.

Es tan fácil y “agradable”, ser egoísta, indiferente y hasta crueles con quienes nos rodean. Sin lugar a dudas. Jesús, cada día revives tu Vía Crucis, al mirar que el mandato del amor no lo practicamos. Vamos predispuestos mental y sentimentalmente para “cobramos” lo pasado, para hacernos los ofendidos o para burlarnos de alguien, siendo que es a Ti, mi Jesús, a quien ofendemos.

Oh Jesús derramas tu Sangre en la Santa Eucaristía y Nuestra Madre derrama sus Lágrimas. Que no sea estéril tanto sufrimiento.

R. Amén.

Padrenuestro

Oh Jesús derramas tu Sangre en la Santa Eucaristía y Nuestra Madre derrama sus Lágrimas. Que no sea estéril tanto sufrimiento.

Madre querida, que tus lagrimas reblandezcan nuestro corazón para que seamos hijos del Padre Nuestro: quiero acompañar a Jesús en Su Pasión, ayúdanos a reconocerlo en nuestros hermanos y hermanas que sufren, consolar al doliente, ayudar a quien lo necesita y apoyar al abandonado, especialmente si son niños, viudas y ancianos.

Siete Ave María

Oh Jesús mío, mira las lágrimas de aquella, que te tiene el amor más grande en la tierra y en el cielo te ama con el amor más fervoroso.
(3 veces)

Quinto dolor.-
Miras a tu Amado Hijo ensangrentado y agonizando tres horas hasta morir en la cruz.

(Juan 19, 25-27)

Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdalena. Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Después dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa.

Madre Mía, contemplas a Jesús sufriendo por nosotros, es la estrella que alimentaste con tu leche, acunaste y procuraste con tu amor; tu amor detiene la sangre en mi corazón, hiela mis huesos y eriza mis cabellos,

Incluso al momento de su muerte, el corazón de Jesús está abierto para aquellos que sufren. Él reconoce tu sufrimiento y el de Juan, y les pide que hagan espacio en sus vidas el uno para el otro.

Oh Jesús derramas tu Sangre en la Santa Eucaristía y Nuestra Madre derrama sus Lágrimas. Que no sea estéril tanto sufrimiento.

R. Amén.

Padrenuestro

Oh Jesús derramas tu Sangre en la Santa Eucaristía y Nuestra Madre derrama sus Lágrimas. Que no sea estéril tanto sufrimiento.

Madre Amada, te acepto como mi Madre y quiero recordar siempre que tú nunca le fallas a tus hijos. Que tus perlas de amor paguen la salvación de nuestros pequeños niños y nos ayuden a librarlos de ser asesinados con el aborto, por nuestra conveniencia, egoísmo o vergüenza.

Siete Ave María

Oh Jesús mío, mira las lágrimas de aquella, que te tiene el amor más grande en la tierra y en el cielo te ama con el amor más fervoroso.
(3 veces)

Sexto Dolor.-
Tu Amado Hijo, traspasado en el pecho por la lanza, es bajado de la cruz y depositado en tus brazos.

  • (Marcos 15, 42-46)

Ya al atardecer, como era el día de la preparación, es decir, la víspera del día de reposo, vino José de Arimatea, miembro prominente del Concilio (Sanedrín), que también esperaba el reino de Dios; y llenándose de valor, entró adonde estaba Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiera muerto, y llamando al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. Y al comprobar esto por medio del centurión, le concedió el cuerpo a José, quien compró un lienzo de lino, y bajando el cuerpo de la cruz, Lo envolvió en el lienzo de lino y Lo puso en un sepulcro que había sido excavado en la roca; e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.

Santa María, tu Corazón sentía el amargo dolor cuando el cuerpo de tu querido Jesús fue bajado de la cruz y colocado en tu regazo. Las perlas de tus ojos alimentaban la tierra. Oh, Madre Dolorosa, nuestros corazones se estremecen al ver tanta aflicción. Necesitamos de tu mirada tierna, tu mirada de Madre, esa que nos destapa el alma. Tu mirada está llena de compasión y de cuidado.

A ti, Señor Jesús, que muerto estuviste en sus brazos, queremos hoy agradecerte habernos dado ese regalo. Es María la ternura plasmada en su dulce mirada que acompaña nuestra vida y nos cuida las espaldas. Aleja de nosotros el miedo y danos siempre valor para mirar con cariño a quien merece compasión.

A ti, Jesús de la misericordia, y a ti Madre de piedad, todo honor y todo gloria con el Padre y el Espíritu, hoy y siempre por los siglos de los siglos.

Oh Jesús derramas tu Sangre en la Santa Eucaristía y Nuestra Madre derrama sus Lágrimas. Que no sea estéril tanto sufrimiento.

R. Amén.

Padrenuestro

Oh Jesús derramaste tu Sangre en la Santa Eucaristía y Nuestra Madre derrama sus Lágrimas. Que no sea estéril tanto sufrimiento.

Madre Amada, regálanos tu mirada. Haz que permanezcamos fieles a Jesús hasta el último instante de nuestras vidas. Asístenos en el momento de nuestra muerte: Muéstranos tu rostro Maternal.

Siete Ave María

Oh Jesús mío, mira las lágrimas de aquella, que te tiene el amor más grande en la tierra y en el cielo te ama con el amor más fervoroso. (3 veces)

Séptimo dolor.-
Cuando contemplaste el Cuerpo de tu Divino Hijo en el sepulcro

  • (Juan 19, 38-42)

Después de esto, José de Arimatea se presentó a Pilato. Era discípulo de Jesús, pero no lo decía por miedo a los judíos. Pidió a Pilato la autorización para retirar el cuerpo de Jesús y Pilato se la concedió. Fue y retiró el cuerpo. También fue Nicodemo, el que había ido de noche a ver a Jesús, llevando unas cien libras de mirra perfumada y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con los aromas, según la costumbre de enterrar de los judíos. En el lugar donde había sido crucificado Jesús había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie todavía había sido enterrado. Como el sepulcro estaba muy cerca y debían respetar el Día de la Preparación de los judíos, enterraron allí a Jesús.

Oh, Señora de la Pasión ¿por qué lloras? ¿Que esperanza podremos entonces percibir a través de nuestras lágrimas? Si ésta es la causa de tu angustia, qué ayuda, qué esperanza queda para nosotros sin ti dulce Señora.

Alcánzanos, sobre todo, oh Madre tierna y compasiva, la gracia de vivir y perseverar siempre en el servicio de tu Hijo amadísimo. Que tus lágrimas y dolores sean el pago para llevarnos de esta vida terrenal a la felicidad eterna. Y que tu Hijo Jesús se nuestro consuelo y alegría.

Señor Jesús al Amor de tu madre le encomiendas la tarea de cuidarnos como cuerpo místico. Como en Pentecostés, ella ora y sufre con nosotros y nos guía hacia tu presencia, tu camino, verdad y vida.

Oh Jesús derramas tu Sangre en la Santa Eucaristía y Nuestra Madre derrama sus Lágrimas. Que no sea estéril tanto sufrimiento.

R.Amén.

Padrenuestro

Oh Jesús derramaste tu Sangre en la Santa Eucaristía y Nuestra Madre derrama sus Lágrimas. Que no sea estéril tanto sufrimiento.

Madre Amada, intercede por nosotros y alcánzanos las gracias que te pedimos en esta oración.
(Decir la petición)

Siete Ave María

Oh Jesús mío, mira las lágrimas de aquella, que te tiene el amor más grande en la tierra y en el cielo te ama con el amor más fervoroso.
(3 veces)

Oración Final

Oh María, Madre del amor, de los dolores y de misericordia. Te suplicamos, reúne tus ruegos con los nuestros para dirigimos a Jesús y, por los méritos de tus lágrimas maternas, escuche nuestra súplica concediéndonos, las gracias que te pedimos y la corona de la vida eterna.

R. Amén.

Oh Madre dolorosa, que la sangre de tu amadísmo hijo y tus Lágrimas destruyan el reino del infierno. Por tu Divina mansedumbre,Oh encadenado Jesús, guarda al mundo de los errores amenazantes.

(Persignádose)
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
R. Amén.

Señor, por tu dolorosa pasión ten misericordia.

Señor, Si he de proclamar mi fe, mi esperanza y mi Amor en ti, que eres el Padre Nuestro encarnado en Jesucristo por el Espíritu Santo en la Santísima Virgen. También reconozco que me has llamado y me has bautizado para ser tu cuerpo místico me compartes tu reino y reino contigo. Por el Agua de mi bautizo recibo tu sacerdocio en mi sacerdocio y bendigo, en nombre de tu Santa Trinidad, el agua, los alimentos, el día, el lugar y a las personas. Me compartes tu Espíritu Santo y soy profeta que proclama desde mi espíritu tu Espíritu Santo.

Soy expresión de tu Amor y Amor es lo que en verdad puedo dar. Amor es el camino que puedo continuar. Amor es la vida que puedo entregar. Soy uno en ti y en ti somos hijos del Padre Nuestro con el Espíritu Santo. Somos tu Amor para darle Amor a la vida y, como tu, dar la vida por Amor,

Recordad tu Pasión es más que conmover a nuestro corazón con la gratitud por tu sacrificio, es el tiempo de seguir tus pasos, de enfrentar el temor, de aceptar la voluntad del Padre, de abrazar nuestra cruz y resucitar en la vida y seguir como Dios Manda.

Tus pasos son nuestra guía y te confieso mis errores y debilidades, sé mi fortaleza en mi espíritu:

Ignoré tu deseo de unirnos para celebrar y compartir la Pascua en la Santa Misa.

Dejé de reconocer que te entregas en cuerpo, sangre y divinidad para ser nuestro aliado.

Te traicioné a cambio de orgullo, soberbia, por unas monedas y placeres.

Tu estás entre nosotros como el que sirve y quise que me sirvieras, ser más grande, sin comportarme como el menor, y gobernar, sin ser servidor.

Desprecié la realeza que nos conferiste de ser Hijos del Padre Nuestro.

Estaba dispuesto a ir contigo a donde fuera y te negué

No te reconocí entre los malechores y los pecadores.

No te invoque en oración ante la tentación.

«Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».

En la angustia y la desesperación hice mi voluntad

Preferí dormir que orar, para no caer en la tentación».

Te entregue a cambio de un beso.

Use la violencia olvidando tu voluntad

Te traté como ladrón de mi tiempo y mi vida.

Te niego tantas veces: “no te conozco”, “no soy tu seguidor”, “No siento Amor”.

Para creerte, te pido que hagas mi voluntad.

Si me respondes, no te creo que eres el Hijo de Dios

Eres Rey de reyes y te ordeno como mi si fueras mi Sirviente.

Si tu enseñanza va contra mi juicio, te expulso de mi conciencia

Dejo que las leyes y gobernantes guíen mi fe sobre ti

Si no me respondes te desprecio y pongo en ridículo

Actúo huyendo de mis temores y no para acercarme a tu Amor

Oh Mis Señor me rehúso a abrazar mi cruz y tu la cargas conmigo.

Me lamento de mi dolor humano y no reconozco tu Dolor Divino por que no compartimos tu Amor.

Me escandalizo que estés con malhechores

«Padre, perdónanos, porque no sabemos lo que hacemos».

Preferimos las vestiduras que mirar tu Espíritu Santo

Continuamos ofendiendo tu amor burlándonos de tu misericordia

No atendemos tu sufrimiento, ni tememos contrariarte.

Tú, con nosotros sufres la misma pena.

«Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino».

Y al reconocerte y pedir tu misericordia tu nos dices «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso».

«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu»

¿Qué hemos hecho con tu Amor?

Vienes a nuestra vida ¿Como te recibo?

Perdón Señor, por no aceptar y entregar tu Amor entre Nosotros, con mi familia, mis vecinos, la gente que pones en mi camino día a día.

En la verdad soy libre

Señor necesito escucharte y alzarme sobre el ruido:

Concentrarme en el silencio profundo, sin distraerme, preocuparme o pensar que hay algo más importante que estar contigo. Quiero sentir tu presencia en lo más intimo de mi ser, como río de agua viva que corre en mi espíritu para alimentar mi vida.

  • Dios mío. Necesito Escucharte.
  • Quiero darme cuenta cuando trates de decirme algo
  • Quiero darme cuenta de tu consejo y tu corrección
  • Líbrame de mis preocupaciones, para estar atento a tu presencia de amor

Hoy quiero abrazar tu amor en mi cruz, al liberarme con el perdón de todos aquellos errores que cometí, que te ofenden al lastimar tu creación y a mi prójimo como a mi mismo. Pues todos somos uno en tu creación.

Pasión de Nuestro Señor según San Lucas

(22,14-71.23,1-56)

Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo:

«He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión, porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios».

Y tomando una copa, dio gracias y dijo: «Tomen y compártanla entre ustedes.

Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios».

Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía».

Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes.

La mano del traidor está sobre la mesa, junto a mí.

Porque el Hijo del hombre va por el camino que le ha sido señalado, pero ¡ay de aquel que lo va a entregar!».

Entonces comenzaron a preguntarse unos a otros quién de ellos sería el que iba a hacer eso.

Y surgió una discusión sobre quién debía ser considerado como el más grande.

Jesús les dijo: «Los reyes de las naciones dominan sobre ellas, y los que ejercen el poder sobre el pueblo se hacen llamar bienhechores.

Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que es más grande, que se comporte como el menor, y el que gobierna, como un servidor.

Porque, ¿quién es más grande, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es acaso el que está a la mesa? Y sin embargo, yo estoy entre ustedes como el que sirve.

Ustedes son los que han permanecido siempre conmigo en medio de mis pruebas.

Por eso yo les confiero la realeza, como mi Padre me la confirió a mí.

Y en mi Reino, ustedes comerán y beberán en mi mesa, y se sentarán sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.

Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido poder para zarandearlos como el trigo,

pero yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos».

«Señor, le dijo Pedro, estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel y a la muerte».

Pero Jesús replicó: «Yo te aseguro, Pedro, que hoy, antes que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces».

Después les dijo: «Cuando los envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalia, ¿les faltó alguna cosa?».

«Nada», respondieron. El agregó: «Pero ahora el que tenga una bolsa, que la lleve; el que tenga una alforja, que la lleve también; y el que no tenga espada, que venda su manto para comprar una.

Porque les aseguro que debe cumplirse en mí esta palabra de la Escritura: Fue contado entre los malhechores. Ya llega a su fin todo lo que se refiere a mí».

«Señor, le dijeron, aquí hay dos espadas». El les respondió: «Basta».

En seguida Jesús salió y fue como de costumbre al monte de los Olivos, seguido de sus discípulos.

Cuando llegaron, les dijo: «Oren, para no caer en la tentación».

Después se alejó de ellos, más o menos a la distancia de un tiro de piedra, y puesto de rodillas, oraba:

«Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».

Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba.

En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo.

Después de orar se levantó, fue hacia donde estaban sus discípulos y los encontró adormecidos por la tristeza.

Jesús les dijo: «¿Por qué están durmiendo? Levántense y oren para no caer en la tentación».

Todavía estaba hablando, cuando llegó una multitud encabezada por el que se llamaba Judas, uno de los Doce. Este se acercó a Jesús para besarlo.

Jesús le dijo: «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?».

Los que estaban con Jesús, viendo lo que iba a suceder, le preguntaron: «Señor, ¿usamos la espada?».

Y uno de ellos hirió con su espada al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha.

Pero Jesús dijo: «Dejen, ya está». Y tocándole la oreja, lo curó.

Después dijo a los sumos sacerdotes, a los jefes de la guardia del Templo y a los ancianos que habían venido a arrestarlo: «¿Soy acaso un ladrón para que vengan con espadas y palos?

Todos los días estaba con ustedes en el Templo y no me arrestaron. Pero esta es la hora de ustedes y el poder de las tinieblas».

Después de arrestarlo, lo condujeron a la casa del Sumo Sacerdote. Pedro lo seguía de lejos.

Encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor de él y Pedro se sentó entre ellos.

Una sirvienta que lo vio junto al fuego, lo miró fijamente y dijo: «Este también estaba con él».

Pedro lo negó, diciendo: «Mujer, no lo conozco».

Poco después, otro lo vio y dijo: «Tú también eres uno de aquellos». Pero Pedro respondió: «No, hombre, no lo soy».

Alrededor de una hora más tarde, otro insistió, diciendo: «No hay duda de que este hombre estaba con él; además, él también es galileo».

«Hombre, dijo Pedro, no sé lo que dices». En ese momento, cuando todavía estaba hablando, cantó el gallo.

El Señor, dándose vuelta, miró a Pedro. Este recordó las palabras que el Señor le había dicho: «Hoy, antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces».

Y saliendo afuera, lloró amargamente.

Los hombres que custodiaban a Jesús lo ultrajaban y lo golpeaban; y tapándole el rostro, le decían: «Profetiza, ¿quién te golpeó?».

Y proferían contra él toda clase de insultos.

Cuando amaneció, se reunió el Consejo de los ancianos del pueblo, junto con los sumos sacerdotes y los escribas. Llevaron a Jesús ante el tribunal

y le dijeron: «Dinos si eres el Mesías». El les dijo: «Si yo les respondo, ustedes no me creerán, y si los interrogo, no me responderán.

Pero en adelante, el Hijo del hombre se sentará a la derecha de Dios todopoderoso».

Todos preguntaron: «¿Entonces eres el Hijo de Dios?». Jesús respondió: «Tienen razón, yo lo soy».

Ellos dijeron: «¿Acaso necesitamos otro testimonio? Nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca».

Después se levantó toda la asamblea y lo llevaron ante Pilato.

Y comenzaron a acusarlo, diciendo: «Hemos encontrado a este hombre incitando a nuestro pueblo a la rebelión, impidiéndole pagar los impuestos al Emperador y pretendiendo ser el rey Mesías».

Pilato lo interrogó, diciendo: «¿Eres tú el rey de los judíos?». «Tú lo dices», le respondió Jesús.

Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la multitud: «No encuentro en este hombre ningún motivo de condena».

Pero ellos insistían: «Subleva al pueblo con su enseñanza en toda la Judea. Comenzó en Galilea y ha llegado hasta aquí».

Al oír esto, Pilato preguntó si ese hombre era galileo.

Y habiéndose asegurado de que pertenecía a la jurisdicción de Herodes, se lo envió. En esos días, también Herodes se encontraba en Jerusalén.

Herodes se alegró mucho al ver a Jesús. Hacía tiempo que deseaba verlo, por lo que había oído decir de él, y esperaba que hiciera algún prodigio en su presencia.

Le hizo muchas preguntas, pero Jesús no le respondió nada.

Entre tanto, los sumos sacerdotes y los escribas estaban allí y lo acusaban con vehemencia.

Herodes y sus guardias, después de tratarlo con desprecio y ponerlo en ridículo, lo cubrieron con un magnífico manto y lo enviaron de nuevo a Pilato.

Y ese mismo día, Herodes y Pilato, que estaban enemistados, se hicieron amigos.

Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los jefes y al pueblo, y les dijo: «Ustedes me han traído a este hombre, acusándolo de incitar al pueblo a la rebelión. Pero yo lo interrogué delante de ustedes y no encontré ningún motivo de condena en los cargos de que lo acusan; ni tampoco Herodes, ya que él lo ha devuelto a este tribunal. Como ven, este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte.

Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad».

Pero la multitud comenzó a gritar: «¡Qué muera este hombre! ¡Suéltanos a Barrabás!».

A Barrabás lo habían encarcelado por una sedición que tuvo lugar en la ciudad y por homicidio.

Pilato volvió a dirigirles la palabra con la intención de poner en libertad a Jesús.

Pero ellos seguían gritando: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!».

Por tercera vez les dijo: «¿Qué mal ha hecho este hombre? No encuentro en él nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad».

Pero ellos insistían a gritos, reclamando que fuera crucificado, y el griterío se hacía cada vez más violento.

Al fin, Pilato resolvió acceder al pedido del pueblo.

Dejó en libertad al que ellos pedían, al que había sido encarcelado por sedición y homicidio, y a Jesús lo entregó al arbitrio de ellos.

Cuando lo llevaban, detuvieron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús.

Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él.

Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos.

Porque se acerca el tiempo en que se dirá: ¡Felices las estériles, felices los senos que no concibieron y los pechos que no amamantaron!

Entonces se dirá a las montañas: ¡Caigan sobre nosotros!, y a los cerros: ¡Sepúltennos!

Porque si así tratan a la leña verde, ¿qué será de la leña seca?».

Con él llevaban también a otros dos malhechores, para ser ejecutados.

Cuando llegaron al lugar llamado «del Cráneo», lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Después se repartieron sus vestiduras, sorteándolas entre ellos.

El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: «Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!».

También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: «Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!».

Sobre su cabeza había una inscripción: «Este es el rey de los judíos».

Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».

Pero el otro lo increpaba, diciéndole: «¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él?

Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo».

Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino».

El le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso».

Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde.

El velo del Templo se rasgó por el medio.

Jesús, con un grito, exclamó: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y diciendo esto, expiró.

Cuando el centurión vio lo que había pasado, alabó a Dios, exclamando: «Realmente este hombre era un justo».

Y la multitud que se había reunido para contemplar el espectáculo, al ver lo sucedido, regresaba golpeándose el pecho.

Todos sus amigos y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea permanecían a distancia, contemplando lo sucedido.

Llegó entonces un miembro del Consejo, llamado José, hombre recto y justo, que había disentido con las decisiones y actitudes de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios.

Fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús.

Después de bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro cavado en la roca, donde nadie había sido sepultado.

Era el día de la Preparación, y ya comenzaba el sábado.

Las mujeres que habían venido de Galilea con Jesús siguieron a José, observaron el sepulcro y vieron cómo había sido sepultado.

Después regresaron y prepararon los bálsamos y perfumes, pero el sábado observaron el descanso que prescribía la Ley.

«Hora de Gracia» a María, Rosa Mística (8 de dic)

  • La Hora de Gracia se reza el día 8 de diciembre, se empieza a las 12 del mediodía, y continuará hasta la 1:00 p.m. (una hora completa de oración). Durante esta hora, bien sea en casa o en la iglesia, se evitarán toda clase de distracciones (no conteste el teléfono ni la puerta, ni haga nada, sino concéntrense totalmente en su unión con Dios, durante esta especial Hora de Gracia).

«Por mi venida a Montichiari deseo ser invocada y venerada como «Rosa Mística.

Historia de la Hora de Gracia

El día 8 de diciembre de 1947, en la Iglesia de Montichiari, ante una gran multitud, la Virgen apareció sonriente y, dijo:

«¡Yo soy la Inmaculada Concepción! «Yo soy María de la Gracia, esto es, la llena de gracia, Madre de mi divino Hijo Jesucristo».
«Por mi venida a Montichiari deseo ser invocada y venerada como «Rosa Mística.
“Deseo que cada año, el 8 de Diciembre al mediodía, se celebre la hora de gracia para todo el mundo; mediante esta devoción se alcanzarán numerosas gracias para el alma y para el cuerpo. Nuestro Señor, mi divino Hijo Jesús, enviará su desbordante misericordia si los buenos oran por sus hermanos pecadores»
La Hora de Gracia producirá grandes y numerosas conversiones. Los corazones fríos y endurecidos, serán tocados por la gracia divina, y se volverán a nuestro Señor en amor fiel”.

«Por mi venida a Montichiari deseo ser invocada y venerada como «Rosa Mística.

Deseo que cada año, el 8 de Diciembre al mediodía, se celebre la hora de gracia para todo el mundo; mediante esta devoción se alcanzarán numerosas gracias para el alma y para el cuerpo. Nuestro Señor, mi divino Hijo Jesús, enviará su desbordante misericordia si los buenos oran por sus hermanos pecadores»

La Hora de Gracia producirá grandes y numerosas conversiones. Los corazones fríos y endurecidos, serán tocados por la gracia divina,y se volverán a nuestro Señor en amor fiel”.

Entonces Nuestra Señora mostró a Pierina Su Corazón y le dijo:

“Mira este Corazón que tanto ama a la humanidad, y sin embargo no recibe más que ofensas de la mayoría de Mis hijos.
Si los buenos y los malos se unen en oración, obtendrán paz y misericordia a través de este Corazón.
El Señor aún protege a los buenos, y está deteniendo un gran castigo a causa de Mi intercesión.
Pronto será reconocida la grandeza de esta Hora de Gracia”.
“Tengo preparada una sobreabundancia de gracia para todos aquellos hijos que escuchan mi voz y toman mis deseos”.

Nuestra Señora pidió penitencia. Dijo:

“Penitencia es aceptar todas nuestras cruces diarias voluntariamente.
No importa que sean pequeñas, acéptenlas con amor”.

Pierina le preguntó cómo habría de prepararse para esta Hora de Gracia, a lo cual la Santísima Virgen le respondió:

“Con oración y penitencia. Reza el salmo 51 tres veces, con los brazos extendidos. Durante la Hora de Gracia, muchas gracias espirituales serán concedidas. Los pecadores con los corazones más endurecidos, Serán tocados por la gracia de Dios”.

La Santísima Virgen prometió que lo que fuera que una persona le pidiera durante la Hora de Gracia, (aún en casos imposibles) le sería concedido, si la petición estaba de acuerdo con la voluntad del Padre Eterno.

“El Santo Padre Pío XII debe ser pronto notificado que es mi deseo que la HORA DE GRACIA PARA EL MUNDO, sea conocida y extendida al mundo entero. Los que les sea difícil visitar una Iglesia, podrán orar en su casa al mediodía, y también recibirán gracias a través de Mí.
” Y si alguien viniera a orar con lágrimas de arrepentimiento sobre estas losas, encontrará una escala segura para ir al cielo, junto con la protección y los favores de mí Corazón maternal».

Hora de Gracia

(Persignádose)
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
R.Amén.

Comenzaremos rezando tres veces el Salmo 51, con los brazos extendidos.

SALMO 51

Confesión de los pecados y suplica de perdón
Misericordia, Dios mío

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:

Contra ti, contra ti solo pequé.
Cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.

Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.

Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.

Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:

Enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia.

Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:

Entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

(3 veces)

El resto de la hora puede ser empleado en comunicación silenciosa con Dios, meditando acerca de la Pasión de Jesús, rezando el Rosario, alabando a Dios a su manera, o sus oraciones favoritas, cantando himnos, leyendo otros salmos y meditándolos, etc.

Oración por el Amor de cada día.

Señor, mi Dios, gracias por el regalo de tu Amor de este día. Recibo tu palabra que es el Amor.

Hoy me entregas la semilla del Amor, como cada día. Ayúdame a escuché tu presencia. Ayúdame a dejar de ignorarte. Tú me estás hablando en cada día, en cada instante, en cada circunstancia, en mi prójimo y en mí. Sigue leyendo «Oración por el Amor de cada día.»

Oración para la reconciliación de pareja

Padre Nuestro ante ti somos quienes somos, pues has sido fiel a nosotros en lo prospero y en lo adverso, en la salud y la enfermedad, y nos has amado y respetado. Conoces nuestro pensamiento y sentimientos anidados hasta en lo más profundo de nuestro corazón. Nos amas hasta el extremo de dar la vida por nosotros.

Padre Nuestro creador del cielo y la tierra, de lo visible y lo invisible Todo lo sabes y todo es tuyo y sin embargo esperas pacientemente y con misericordia que te abramos la puerta para ayudarnos a poner en orden nuestra conciencia y retomar el rumbo del amor.

Padre Nuestro en Cristo, quiero reconciliarme contigo antes que a nadie: Te pido me perdones por no ponerte en primer lugar, amándote sobre todas las cosas. Tú eres el amor, origen, camino y destino de nuestra vida. Perdóname por olvidar amar. Perdóname por juzgar el bien y el mal y condenar y condenarme en mis juicios y justificaciones. Y hacerme esclavo de mis propias razones, como si todo lo supiera, como si conociera lo visible y lo invisible. Como si mi nombre fuera santificado. Perdóname por preferir el mundo al paraíso de tu amor. Perdóname por no cerrar mi puerta aunque fueran 10 minutos al día, para dialogar contigo.

Padre Nuestro clamo a tu Espíritu Santo, dame tu perdón para mirarme con el amor que me creaste y perdonarme por aquellos juicios que profería, por aquello que maldecía, por aquello que dejé de bendecir, por esa palabra que oculte, por esa ternura que detuve, por esa piedad que escondí, por esa soberbia y vanidad con que cubría la luz de tu amor en mí y en mi prójimo. Perdóname pues quiero perdonarme y transformar mis debilidades, mis defectos, mis ofensas, mis juicios en una bendición. Quiero bendecirme y bendecir a mi prójimo.

Padre Nuestro, Dios trino y uno, dame tu perdón para pedirle el perdón a mi prójimo, a mi pareja, pues también es tu amor mi prójimo. Ayúdame a perdonarle cualquier ofensa, de palabra, obra o de omisión. A quitar mis juicios, sentencias y castigos que le he impuesto y que me han esclavizado, nos han esclavizado y hemos perdido la libertad donde decidimos por el amor y así nos responsabilizamos de nuestros errores y aciertos. Ayúdame a descubrir el amor junto con mi pareja, para que reconciliados tú y nosotros limpiemos maleza, cochambre, tizne, resentimientos y rencores y caminemos en tu amor, hasta el fin de los tiempos.

En nombre de Jesucristo con tu Espíritu Santo te pido Padre Nuestro por esta reconciliación y ruego a Santa María Virgen, a los ángeles y a los Santos que intercedan por nosotros ante Dios nuestro Señor.

AMEN

Curso «Perdón»

ORACIÓN BREVE

Oh Jesús, a través de tu compasión, enséñanos a perdonar desde el amor, enséñanos a olvidar desde la humildad.

Ayúdanos a examinar nuestro corazón y a ver si hay alguna herida no perdonada, o alguna amargura sin olvido.

Permite que el Espíritu Santo penetre en mi espíritu y remueva todo rastro de enojo.

Derrama tu amor, paz y alegría en nuestros corazones, en proporción a nuestro vacío de propia complacencia, vanidad, ira y ambición .

Ayúdanos a cargar con ánimo la Cruz de Cristo.

Amén

Responsable de la publicación:
Juan Manuel D’Acosta López
Consejero Terapeuta en Misión de Amor

Rosario para la reconciliación de la pareja

Rosario para la reconciliación de la Pareja en Libro Electrónico y ADEMAS el MP3

Libro digital en PDF con el modo completo de rezar el rosario.
50 meditaciones enfocadas a la reconciliación de pareja.

No sé qué hacer “Jesús, en ti confío”

Quiero al papá de mi hija para ella, pero ya no sé qué hacer. A veces quisiera que las cosas se arreglarán rápido y más me desanimo. Ya no le voy hablar, por que me pongo mal cuando no me contesta. Sigue leyendo «No sé qué hacer “Jesús, en ti confío”»

Oración en la Pasión de Cristo

  • «Vive hasta perder el aliento y vive en el aliento del Amor»

Señor, vives siempre y no pierdes el aliento, eres aliento en mi vida. Tu pasión continúa, te miro en tantas ocasiones mostrándome el ánimo, tu Amor se extiende y renueva cuando te contemplo, cuando te miro en mi prójimo y te acepto en mí. Sigue leyendo «Oración en la Pasión de Cristo»