Miércoles de ceniza significa: Inicia la limpieza profunda

Aunque muchos planean su viaje de Semana Santa para descansar, otros descansan limpiando la basura acumulada en la historia personal, para resucitar en el Amor. En la liturgia de la iglesia católica hay dos momentos para limpieza de la conciencia: El primero es el adviento, preparándose para recibir la vida que viene del Amor. El segundo tiempo es la Cuaresma y se inicia con el Miércoles de Ceniza.

Ama también a tus enemigos

Queridos hermanos y hermanas: El mensaje del Evangelio de este domingo lleva consigo un contenido rico en enseñanzas de vida para los cristianos. La enseñanza es profunda y novedosa: Jesús invita a sus discípulos a amar a los enemigos.

Tal enseñanza era desconocida por el mundo judío y extraña para el mundo griego. Era una novedad que expresaba el amor con el que Dios ama a los hombres.

El Evangelio nos invita a aspirar a la perfección y nos presenta la radicalización más clara y total del ser del hombre. Se nos invita simple y complejamente a amar a nuestros enemigos, a hacer el bien a los que nos odian, a no odiar al hermano ni en lo secreto del corazón, a no vengarnos y guardar rencor y a rogar por los que nos persiguen y calumnian para ser verdaderos hijos de nuestro Padre celestial.

La ley del Talión: Ojo por ojo, diente por diente, es una ley que nació para limitar la venganza indiscriminada de los pueblos orientales en aquellos tiempos. Jesús conoce esta ley y quiere romper con esa espiral de violencia que se genera al responder con la misma moneda. Jesús opone al instinto de venganza, la no violencia como respuesta activa; a la brutalidad, la bondad; al egoísmo, la generosidad.

Jesús  nos está presentando su proyecto de hombre perfecto. Su enseñanza, en realidad, puede ser dimensionada como una exigencia en mucho superior a la Ley de Moisés y a cualquier tipo de legislación. Desde un juicio humano, ecuánime y sincero, esta invitación a no vengarnos del que nos hace un mal, a darle al que nos pide, a no darle la espalda al que quiere un préstamo y a orar por los enemigos pueden y deben ser considerados como una especie de caminos difíciles de transitar y como preceptos no fáciles de practicar, sin la ayuda y la gracia de Dios.

Como podemos percatarnos, el humano que Jesús concibe es un ser humano al que le es exigido mucho más que a nadie (puesto que las exigencias que sobrevienen con el amor y con la misericordia de Dios son las exigencias más radicales), pero simultáneamente, y aunque pueda parecer contradictorio, a este hombre también le es exigido mucho menos que a nadie: pues el único precepto que se le da es el mandato del amor, y el Amor no es otra cosa sino la más profunda verdad que Jesús nos ha enseñado sobre el hombre, y la más radical de las exigencias.

No olvidemos que el Amor es el distintivo fundamental de toda persona humana: sólo el ser humano es capaz de amar. Amor verdadero es el amor humano y amor eminente es el amor divino. Se trata de un amor que ennoblece a Aquel que lo da y que enriquece a aquel que lo recibe. Y es que el ser humano cuando ama se parece más a Dios. Jesucristo es el profeta del amor.

Para conocer qué es el amor verdadero, cuáles son sus características y cuáles son sus cualidades, es necesario ver a Jesús, su vida y su conducta. Jamás las palabras dirán tanto sobre el amor como aquello que nos enseñan los hechos.

En Cristo hemos comprendido que el amor, en su sentido estricto, es la entrega personal y desinteresada a favor de otra persona, y con ello hemos comprendido que el Amor se manifiesta a través de las obras y del bien.

Si se nos invita a amar a nuestros enemigos, ¿qué tendremos entonces que hacer con aquellos que no son nuestros enemigos sino nuestros amigos y familiares? Si se nos invita a devolver un bien por un mal, ¿qué tendremos que hacer con aquellos que nos hacen el bien diariamente?

Un enemigo es el que quiere destruirnos y permanentemente nos hace el mal. No es alguien que nos trató mal o nos hizo sentir mal. Nosotros, muchas veces, nos detenemos, permítanme decirlo así, en tonterías, en descuidos, en faltas de atención, en torpezas en las relaciones humanas y en la comunicación. ¡A mí no me grita nadie! ¡A mí nadie me habla así! ¡Conmigo te topas! ¡A mí, él que me la hace me la paga y al doble! Sí, hermanos y hermanas, hoy tenemos que reconocer con humildad que el orgullo en el ser humano es una pasión grande que brinca por todas partes y que tenemos que someter, amando a todos sin distinción alguna.

Refiere un pensamiento anónimo que amar:

Es el silencio, cuando nuestras palabras pudieran hacer daño

Es la paciencia, cuando nuestro prójimo se muestra áspero

Es la sordera, cuando se extiende el escándalo

Es la consideración, hacia las tribulaciones ajenas

Es la presteza, cuando nos llama el deber

Es el valor, cuando estamos abatidos por el infortunio.

Puedes entonces preguntarte: ¿Para qué te ha puesto Dios nuestro Señor al enemigo en las manos? ¿Para matarlo? ¿Para acabar con él? ¿Para aniquilarlo? ¿Para que sacies tu sed de venganza? ¿O te lo pone al alcance de la mano para que le ofrezcas amor y ayuda?

Por ello dice el Evangelio:

Amen a sus enemigos

Hagan el bien a los que les odian

Bendigan a los que les maldicen

Oren por los que les injurian.

El Señor no tan sólo nos está invitando a dejar pasar al enemigo sin hacerle nada, sino que se trata de encontrarnos con él y no le dejemos ir sin hacerle algo, el bien. Debemos entonces comprender que un buen cristiano no es aquel que no hace mal a nadie, sino aquel que hace el bien a todos sin distinciones, aún a los que le odian.

Termino esta reflexión dominical recordando a Francis Bacon, el filósofo inglés no el pintor, cuando refiere en uno de sus célebres pensamientos que: "Vengándose, uno se iguala a su enemigo; perdonando, amando uno se muestra superior a él." Pero, en la apreciación cristiana, no se trata de la superioridad de alguien que pudiera sentirse orgullosamente virtuoso y digno de ser imitado, sino que se trata de la superioridad que acompaña a alguien que ha logrado acceder a la gracia de Dios para que así podamos aspirar a la perfección porque nuestro Padre celestial es perfecto.

Finalmente recordemos lo que dijo el Papa Juan Pablo II, de feliz memoria, en su mensaje del 1 de enero de 1997:

"Es verdad que no se puede permanecer prisioneros del pasado: es necesaria, para cada uno y para los pueblos, una especie de purificación de la memoria, a fin de que los males del pasado no vuelvan a producirse más. No se trata de olvidar todo lo que ha sucedido, sino de releerlo con sentimientos nuevos, aprendiendo, precisamente de las experiencias sufridas, que sólo el amor construye, mientras el odio produce destrucción y ruina. La novedad liberadora del perdón y el amor debe sustituir a la insistencia inquietante de la venganza. Pedir y ofrecer perdón es una vía profundamente digna del hombre y, a veces, la única para salir de situaciones marcadas por odios antiguos y violentos".

Porque, si ustedes aman sólo a los que los aman ¿qué hacen de extraordinario? No hacen eso mismo los publicanos. Y si saludan sólo a sus hermanos ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Ustedes sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto. Así sea. .

Escrita por:
Pbro. Armando De León Rodríguez


 

Evangelio del domingo día 19 febrero, 2017

Evangelio: Mateo 5:38-48

38 «Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.39 Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra:40 al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto;41 y al que te obligue a andar una milla vete con él dos.42 A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.43 «Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.44 Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan,45 para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos.46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos?47 Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles?48 Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.

 


Definición de perfección

Si queremos conocer, en primer lugar, el origen etimológico del término perfección, tenemos que irnos, simbólicamente hablando, hasta el latín. Y es que deriva de la palabra “perfectio”, que puede traducirse como “la acción de dejar algo acabado” y que se encuentra compuesta por tres partes diferenciadas:
-El prefijo “per”, que es equivalente a “por completo”.
-El verbo “facere”, que es sinónimo de “hacer”.
-El sufijo “-ción”, que se usa para indicar “acción y efecto”.

Perfección es un concepto que se refiere a la condición de aquello que es perfecto. Lo perfecto, por su parte, es lo que no tiene errores, defectos o falencias: se trata, por lo tanto, de algo que alcanzó el máximo nivel posible.

La idea de perfección puede variar de acuerdo a la concepción filosófica. Para los católicos, lo único perfecto es Dios: no existe perfección fuera de Él. En este sentido, es imposible alcanzar la perfección en ninguna acción o creación del ser humano.

Es posible, sin embargo, afirmar que algo ha alcanzado la perfección cuando se desarrolla tal cual estaba previsto. En este caso, la perfección se asocia a un objetivo cumplido, sin que se registren fallos.

Autores: Julián Pérez Porto y María Merino. Publicado: 2013. Actualizado: 2015.
Definicion.de: Definición de perfección (http://definicion.de/perfeccion/)

 

Padre, escucha mi confesión

Señor, cuando veo las filas para recibirte en la Sagrada comunión, te pido que seas misericordioso con aquellos que van al banquete vestidos indignamente por sus pecados. Te pido por aquellos sacerdotes que no comparten la preparación de este sagrado encuentro con tu Sacramento de la Reconciliación. Sigue leyendo «Padre, escucha mi confesión»

Olvidar, aceptar y perdonar

Cuando se trata de una ofensa hay tres palabras que parecen las mismas, pero tienen un efecto diferente en nuestras conciencias. Por un momento pidámosle a Dios su conciencia para descubrir lo que hace con  nuestras ofensas ¿Las olvida? ¿Las acepta? ¿Las perdona?

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La oración como puente

La Oración es un puente que nosotros ofrecemos para que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo lleguen a nuestro hogar, a nuestra conciencia. Con la oración dejamos que el Padre manifieste su creación hacia nosotros. El Padre se relaciona con la creación a través de la oración. Nos permite observar su mano divina, donde expresa su amor. Su Espíritu Santo es el amor transformador, el amor para manifestarnos la presencia y despertarnos la conciencia la divinidad.

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¿Dónde está el Amor?

En el tiempo te da pena, tristeza, enojo, coraje, ansiedad, temor, desolación, rencor, etc., cuando dejas de relacionarte con el Amor. El Amor está en ti, pues tú, tu prójimo y todo el universo son una expresión del Amor del Señor. Eres su Amor encarnado. Eres un Amor. Pero ¿hacia donde dirigir nuestra conciencia para descubrir el Amor?. En este ejercicio buscaremos enfocar nuestra conciencia hacia donde está el Amor. Si fueras al espejo espacio verías la imagen del Amor encarnado.  Sigue leyendo «¿Dónde está el Amor?»

Dame una respuesta

Quieres una respuesta de Verdad. Me parece muy pretencioso que te tomes el tiempo para leer lo que te escribo, pero te tengo una buena noticia: El Señor te bendice. Y me gustaría que te sintieras bendecido y te acunes en sus brazos y te sientas hijo amado y te mires en su amor infinito. Me gustaría que sintieras el gozo que por ti vale la pena dar hasta la última gota de sangre y por ti vale la pena realizar el milagro más grande de la humanidad: Encarnarse una y otra vez para entregarte su divinidad para divinizar tu humanidad. Sigue leyendo «Dame una respuesta»

¿Por qué arrodillares frente a Cristo en la Eucaristía?

Tal vez las personas que permanecen de pie en el momento de la consagración estén mal informadas o pretendan guardar una actitud de respeto solamente ante este evento. Pero déjenme afirmarles que el evento más importante para la humanidad es precisamente la consagración de nuestro Señor en la Eucaristía. Sigue leyendo «¿Por qué arrodillares frente a Cristo en la Eucaristía?»