¡Cállate Satanás!

Cuando buscas a Dios, cuando proclamas su presencia, cuando vas a su encuentro, cuando te encaminas a la paz, aún cuando decides orar o adorar a Dios, Satanás se opone y busca la manera de sembrar su confusión y aún el temor para que no alcances tu destino, para que no llegues a Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Hay muchas maneras con las cuales se entromete en tu mente, en tus emociones o en tu imaginación y te aconseja. Es importante que reconozcas que sólo es un consejo, una tentación, de un ángel caido en desgracia. Y tambien tienes  el consejo y la bendicion de tu ángel de la guarda.  De tu decisión depende encarnar sus palabras y alejarte de Dios o vivir el amor, la paz, la libertad, el perdón y la armonia de Dios. Todo aquello que te lleve a la obscuridad, que te devalúe, desanime, encadene, separe o juzgue es consejo del príncipe de las tinieblas. Es de Dios todo aquello que te da paz, armonía, libertad, perdón, amor en cualquiera de sus expresiones. La decisión por el amor es la libertad que siempre tendremos, pues es un regalo que Dios mismo ha sembrado en nuestro espíritu para expresarlo en nuestra conciencia, en nuestra mente, imaginación y emociones. Para actuar o dejar de hacer, según la guía del amor.

El Demonio para confundirnos tiene entre otras mañas, señalarnos nuestros defectos y debilidades para devaluarnos, para que nos miremos indignos de recibir a Nuestro Señor en nuestra alma. Hay muchas mentiras que utiliza para desviarnos en el camino hacia la casa del Padre: El juzgar, el crear un ambiente de ruido, el uso de las adivinaciones y los sortilegios, los deseos de poder y riqueza. Siempre la mentira tiene algo de verdad, pues de otra forma sería un absurdo que nadie creería. El demonio quiere que creamos que somos superiores o inferiores. Autosuficientes y por encima de la ley de Dios.

No nos enganchemos con el gran mentiroso.

El demonio, detesta adorar a Dios sobre todas las cosas y someterse a la voluntad de Dios, aunque su origen sea el Amor de Dios, pues también es creatura del Señor. Este ser y todas las almas que buscan la perdición de las almas repudian a la Virgen María. Pues por la aceptación de María el verbo se hace carne y habita entre nosotros. Hija de Dios Padre, esposa del Espíritu Santo y Madre de Jesucristo. El sólo escuchar la invocación: “Dios te Salve María…” los aleja, pues es la mujer que aplasta su cabeza. Por Eva entró el pecado y la desobediencia en la humanidad, por la Santísima Virgen María, se encarnó en la humanidad la aceptación de la voluntad de Dios, la salvación y la reconciliación de la humanidad y le da la dignidad y la grandeza que la mujer tiene. Cristo rompe las cadenas de la esclavitud del pecado, perdonando nuestros errores y venciendo a la muerte para resucitar. Ella es la llena de Gracia, el Señor está con ella, es bendita entre las mujeres y bendito es el fruto de su vientre: Jesús. La Santa María, la madre de Dios, es quien ruega por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, y siempre así será.

Así la próxima vez que mires que el amor se convierte en temor en cualquiera de sus formas: Odio, rencor, resentimiento, venganza, menosprecio, caos, confusión, vanidad, pereza, gula, soberbia, ira, vicio, ruido, distracción, aburrimiento, lujuria, avaricia, envidia, etc. Dile al ángel caído que te quiere aconsejar: ¡Cállate Satanás! e invoca ala Santísima Virgen, Reina de los ángeles y los santos. Para que ruegue y nos proteja y encamine al Amor de los Amores en la fe, la esperanza y la caridad.

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