Anímate te abraza, viene a tu encuentro y está presente en ti

Siembra esta Flor de Amor

Hoy le hablare del amor de Dios a 3 personas

Deja de querer explicar a Dios y experimenta el abrazo del Padre Nuestro en la brisa, viene a tu encuentro Consagrando el Pan y el Vino en su cuerpo, su Sangre y divinidad. Está presente en ti con su Espíritu Santo.

Cuando le invocas es al Dios Trino y uno a quien invocas, pues es creador, salvador y ánimo.

Cuando le invocas: «Padre Nuestro, «Señor mío y Dios mío», «Jesús en tí confío»,»Espíritu Santo Ven»… Nos abraza con la creación, viene a nuestro encuentro encarnándose en Cristo y anima el camino, la verdad y la vida con el Espíritu Santo que es el Amor del Padre en el Hijo y del hijo en el Padre. Es el Amor que nos crea, nos une y nos impulsa a compartirlo en el mundo que habitamos.

En el silencio de tu retiro descubre al Espíritu Santo: es el soplo divino que anima nuestra vida, es acción del Verbo, traductor de la sabiduría y el Amor de Dios Padre y del Hijo en la profundidad de nuestros corazones.

Mírate en el Padre y mira al Padre mirándote en el Hijo con el Espíritu Santo. Mírate en el Hijo del Padre Nuestro con el Espíritu Santo. Mírate en el Espíritu Santo que une al Padre con el Hijo. Mira a Dios en ti y deja que exprese su voluntad de Amor en ti. Dios es Amor y basta su presencia.

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  • > Gracias Papá
  • > Dios te bendice ¿Que te puede faltar?
  • > ¿Quién te crees que eres?
  • > Hij@, eres el Amor de Dios, su bendición, haz familia.

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junio-16-2019b

¿Qué te está diciendo el Señor?

El Señor me creó como primicia de sus caminos, antes de sus obras, desde siempre.

Yo fui formada desde la eternidad, desde el comienzo, antes de los orígenes de la tierra.
Yo nací cuando no existían los abismos, cuando no había fuentes de aguas caudalosas.
Antes que fueran cimentadas las montañas, antes que las colinas, yo nací, cuando él no había hecho aún la tierra ni los espacios ni los primeros elementos del mundo.
Cuando él afianzaba el cielo, yo estaba allí; cuando trazaba el horizonte sobre el océano, cuando condensaba las nubes en lo alto, cuando infundía poder a las fuentes del océano, cuando fijaba su límite al mar para que las aguas no transgredieran sus bordes, cuando afirmaba los cimientos de la tierra, yo estaba a su lado como un hijo querido y lo deleitaba día tras día, recreándome delante de él en todo tiempo, recreándome sobre la faz de la tierra, y mi delicia era estar con los hijos de los hombres.

Libro de los Proverbios 8,22-31.

Al ver el cielo, obra de tus manos,
la luna y las estrellas que has creado:
¿Qué es el hombre para que pienses en él,
el ser humano para que lo cuides?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y esplendor;
le diste dominio sobre la obra de tus manos.
Todo lo pusiste bajo sus pies.

Todos los rebaños y ganados,
y hasta los animales salvajes;
las aves del cielo, los peces del mar
y cuanto surca los senderos de las aguas.

Salmo 8,4-5.6-7.8-9.

Hermanos:
Justificados, entonces, por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
Más aún, nos gloriamos hasta de las mismas tribulaciones, porque sabemos que la tribulación produce la constancia;
la constancia, la virtud probada; la virtud probada, la esperanza.
Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado.

Carta de San Pablo a los Romanos 5,1-5.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora.
Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.
El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.
Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: ‘Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes’.»

Evangelio según San Juan 16,12-15.

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