Inicia tu transformación con Ayuno y Abstinencia

Una sola comida fuerte al día, sólo agua, eso es ayuno.

Más que un sacrificio el ayuno y la abstinencia son una ofrenda de amor y gratitud al Señor. En lugar de concentrarte en comer, usa ese espacio para dialogar con el Señor. Deja de pensar en la carne y concentra tu atención en el espíritu. Enséñale a tu cuerpo que tu espíritu es quien anima la vida. Sacrifica los deseos de tu cuerpo, tu mente y tus emociones para que sean tu apoyo al descubrir la presencia del Espíritu Santo en tu espíritu.

En lugar de esos alimentos has oración:

Prepara tu ayuno dejando de comer y cenar el martes o bien deja el desayuno y la cena del miércoles. Y para la abstinencia no comas carne. Ni de vacuno, ni tus carnalidades, ni criticando al prójimo, arrepiéntete y vive la buena noticia en tu vida, es Miércoles de Ceniza, prepara el Viernes Santo y el domingo de resurrección.

1.- Agradece y bendice al Señor por todo lo bueno y todas las adversidades, como diría Job, si hemos de agradecer lo bueno, también bendigamos lo adverso.

2.- Reconciliate con el Señor. Has un examen de conciencia para mirar todas aquellas obras que han sido contrarias a la voluntad del Señor, aquellas que te han ocultado la vida del amor. Esos pensamientos que han ensombrecido la luz del Espíritu Santo en tu espíritu. Esas omiciones que has dejado de hacer, en lugar de sembrar los frutos de amor, paz, paciencia, fidelidad, autocontrol, amabilidad y gozo del Espíritu Santo en tu vida.

3.- Prepara un plan de hábitos que transformarás para gobernar tu vida. Piensa en aquellos vicios de comportamiento que son sacrificables para sembrar y cultivar el amor del Señor en tu vida. Escríbe una carta al Señor mirando en tu corazón el dolor de fallarle a su misericordia. Pídele su presencia en tu debilidad y subraya los propósitos de limpieza, reconciliación y misericordia que procurarás en esta cuaresma.

Inciamos un tiempo de conversión, todas las celebraciones y acciones de la liturgia estarán dirigidas a acompañarte en este tiempo de sanación. Especialmente en la relación con las personas que están cerca de ti, tus prójimos. ¡Espera la resurrección!

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