Señal en el camino, la verdad y la vida

Alma mía, muchas veces esperas una señal que te indique el rumbo. El temor nos lleva a buscarla en artificios de adivinación, desviamos nuestra vista del Camino, la Verdad y la Vida. Dejamos de tomar conciencia lo que la bendición por la señal de la Santa Cruz conlleva. Alma mía, al persignar (poner el signo) y bendecir, niégate a ti, acepta la cruz en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y sigue los pasos de Cristo.

Recibe tu señal

La señal que tiene confianza y rumbo está en ti, está frente a ti y te abraza con el universo.

La señal universal que te abraza está en el Padre Nuestro: Amor que crea y cría el universo, siente su abrazo en la brisa suave, en los colores que admiras, en el agua que te refresca y renueva tu cuerpo.

La señal frente a ti está en Cristo, la encarnación del Padre, míralo en los sacramentos, siente la reconciliación, la presencia viva en la Eucaristía, en tu matrimonio, en tu confirmación, en la unción de los enfermos, en tu bautizo. El Hijo del Padre Nuestro, Cristo que también está en el prójimo, como diría la Beata Madre Teresa de Calcuta: “Cada vez que menospreciamos a uno de nuestros hermanos porque es pobre o enfermo, es a Cristo a quien humillamos”. Cristo es la señal que buscas del Amor, te lo dice en el evangelio de Mateo (25,31-46): “Porque tuve hambre, y me diste de comer; tuve sed, y me diste de beber; era forastero, y me acogiste; estaba desnudo, y me vestiste; enfermo, y me visitaste; en la cárcel, y viniste a verme.” presente en el prójimo. Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida del Padre Nuestro, es señal del Amor.

La señal de Cristo es el Amor en la humildad “Con el Amor al prójimo el pobre es rico…, sin Él el rico es pobre…”

San Agustín de Hipona

Alma mía, todo tu entender, luz y dones vienen de lo alto y lo encuentras en la profundidad de tu espíritu. Y como diría San Agustín de Hipona “Si quieres saber si recibiste el Espíritu…, pregunta a tu corazón…, si encuentras en él el amor al hermano, estate seguro…, porque no puede darse el amor sin el Espíritu de Dios…”.

”Toda verdad, la diga quien la diga, viene del Espíritu Santo”

San Ambrosio

“Todos nosotros, una vez recibido, el único y mismo Espíritu, a saber, el Espíritu Santo, nos fundimos entre nosotros y con Dios.”

San Cirilo de Alejandría

Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”. (Jn 20, 22-23)

“Yo os digo: no seréis vosotros los que hablaréis sino que el Espíritu Santo hablará por vosotros.” (Mt 10,20)

La Señal en tu espíritu es el Espíritu Santo. “El don precioso que el Espíritu Santo trae a nuestro corazón es la confianza profunda en el amor y en la misericordia de Dios.” “El Espíritu Santo nos hace ver de modo nuevo a los demás, como hermanos y hermanas en Jesús, a los que hemos de respetar y amar.” “El Espíritu Santo verdaderamente nos transforma y cuenta con nosotros para transformar el mundo en que vivimos. “. “El Espíritu Santo transforma y renueva, crea armonía y unidad, da fuerza y gozo para la misión”. (Papa. Francisco)

La Señal de la Cruz

Vuelve y siempre bendice con la Señal de la Cruz y hazlo meditando todos lo dones que entregas y compartes. Dones que has recibido.

Dios te bendice:

Por la señal de la santa cruz +

de nuestros enemigos +

líbranos, Señor, Dios nuestro +

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo +

Amén.

PERSIGNARSE

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Cristo es de los anawim, pobre gente, gente humilde, que busca en Dios su salvación, y en él la encuentran, no en los hombres (Sal 40,18; 102,1; Sof 2,3; Is 41,17; 49,13; 66,2)

La Señal del Mesías salvador es Él mismo, será humilde, tomará forma de Siervo (Is 42,1s; 53), se presentará ante el pueblo humildemente, «montado en un asno», la montura de los pobres (Zac 9,9), tendrá la gran mansedumbre de Moisés (Núm 12,3; Eclo 45,4), y será enviado precisamente para la salvación de los pobres y desvalidos (Sal 72; Is 11,4; 61,1).

Jesús es «anaw», pobre y humilde. De una familia modesta, nace en un lugar para animales, sufre exilio en Egipto, vive largos años en un pueblecito ignorado de la montaña galilea, no adquiere títulos académicos, elige como compañeros a gente sencilla, entra en Jerusalén sobre en un jumento, muere desnudo y difamado en una cruz, y es enterrado en un sepulcro prestado. Pero aparte y además de estas circunstancias exteriores, interiormente Jesús es «suave y humilde de corazón (prays kai tapeinos)» (Mt 11,29). Siendo rico, se hizo pobre, para enriquecernos en su pobreza (2 Cor 8,9). Siendo divino, se hizo humano, y aceptó la humillación de la muerte, y muerte de cruz (Flp 2,6-11).

Jesús es acogido sobre todo por la gente sencilla y humilde, en tanto que los sabios y poderosos le rechazarán y le llevarán a la muerte (Lc 10,21; Jn 7,48-49; 1 Cor 1,26-28).

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