Quiero entregarte mis vicios y apetitos

Señor quiero estar unos momentos en silencio, consciente de tu Presencia y tu Amor, del soplo de vida que me das y entregas a todo lo que me rodea… Cuando me abrazo a Ti, siento que está todo y no hace falta nada. ¿Sabes Señor? Cuando me enfoco en mi se despierta el hambre de satisfacerme, algunas veces con vicios y otras con excesos en la comida y la bebida. Ayúdame Señor a entregarme a tus brazos y controlar el egoísmo sobre mis apetitos.

Señor, me creaste para vivir en libertad. Tu misericordia infinita me entregó un espíritu libre para lanzarme en el vuelo del amor por la vida y gozar en la brisa del cielo amarte y sentirme amado, amar a mi prójimo y amarme a mí mismo. Que Tu Espíritu Santo me guíe para seguirte libremente. Quiero dejarle en tierra los apetitos que impiden que alce el vuelo en el cielo. Quitarme la atadura del cigarro, droga, bebida, medicinas, dulces, chocolates, comida, de cualquier cosa con que me haga dependiente y me amarre. Quiero soltar las amarras de mi gula, que también influye en la forma de relacionarme con mi prójimo

A veces me pregunto: “¿cómo está mi ser interior hoy día? ¿Está cansado, estresado, fuera de forma?” pero “¿cómo librarme de estas preocupaciones que me perturban?” ¿Cómo librarme de estas tensiones que hacen que me concentre en la debilidad de mi gula?

En mi debilidad te comienzo a retar ¿Qué puedes hacer? ¿Qué señal milagrosa haces tú, para que la veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Y tú contestas “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed”. Quiero ir a ti, quiero dejar de alucinar o relajarme con mis excesos te quiero a Ti, tu eres el verdadero pan del cielo, el pan que da vida. ¡Danos siempre de ese pan! La mujer samaritana le dijo: –Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga más acá a sacarla”. (Juan 4:1-42 )Eres el manantial de vida que hace que no volvamos a tener sed

Ayúdame a abrirme a tu Espíritu Santo que tiene la templanza que necesito, Quiero abrir mi oración para escuchar tu guía que orienta, modera y pone límite a mis placeres y mis deseos. Necesito dialogar más contigo y fortalecerme con tu Espíritu Santo, para que mantenga un sano equilibrio y dominio de mi voluntad sobre mis instintos y así oriente mis apetitos hacia obras de bien, de amor y salvación hacia mi prójimo. Dejar de condenarlo por mis apetitos desordenados.

Señor entregarte mis vicios y apetito, quiero aprender a vivir bien como diría San Agustín: “Vivir bien no es otra cosa que amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todo el obrar. Quien no obedece más que a Él (lo cual pertenece a la justicia), quien vela para discernir todas las cosas por miedo a dejarse sorprender por la astucia y la mentira (lo cual pertenece a la prudencia), le entrega un amor entero (por la templanza), que ninguna desgracia puede derribar (lo cual pertenece a la fortaleza)”. (S. Agustín, mor. eccl. 1, 25, 46). Te lo pido en nombre de Jesucristo tu Hijo amado, nuestro Señor, que vive y reina contigo en unidad con tu Espíritu Santo. Amen

La Palabra de Dios

Juan 6:30-35

Le dijeron a Jesús: “¿Qué puedes hacer? ¿Qué señal milagrosa haces tú, para que la veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, según dice la Escritura: Se les dio a comer pan del cielo”. Jesús contestó: “En verdad les digo: No fue Moisés quien les dio el pan del cielo. Es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. El pan que Dios da es Aquel que baja del cielo y que da vida al mundo”. Ellos dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Jesús les dijo: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed”.

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