Me da miedo

Buenos días te da Dios alma mía, sin embargo, la vida te contradice, tu prójimo te enfrenta tus debilidades. Tus debilidades parecen desbordarse y entras en conflicto. Cuanto importante es un prójimo para culpar o justificar el temor, aún al mismo Dios y su voluntad parece contradecir tu voluntad de paz y Amor.

Las carencias y las deudas parecen reproducirse como plaga y tu conciencia se colma de preocupaciones y temor. Temor por experiencias de desamor. Te ocupas en mirar los espacios vacíos del futuro, así la angustia y el enfado hacen su aparición en la conciencia. La tensión brinca por doquiera y la paciencia parece haberse mudado al prójimo que queda pasmado al verte angustiada. Alma mía la paz del Señor está contigo, pues nunca te abandona.

Tomas actitud de sumisión con el Señor y aunque le hagas mil caravanas y oraciones aprendidas, le temes y le escondes el reclamo de que la vida que enfrentas contradice tus deseos que “Son Buenos”, procuran el bienestar y el compartir el amor. Te sometes al Señor a regañadientes y la mente y el corazón parecen maquillarse adecuadamente para mirarlo, pero  tu conciencia tiene tristeza y desolación. Alma mía medita hasta encontrar la bendición de esta contradicción.

Mírate en la voluntad del Señor, es cruz y encrucijada, parece que el camino suave y terso de la cruz ha desaparecido y en verdad se ha vuelto agreste, boscoso, lleno de ramas y de igualdad sin distinguirse veredas aparente. Todo parece igual y le da igual lo que parezca a tu mente y corazón. Alma mía detente a escuchar al Señor, Él tiene el camino.

Detén tu mente obligándola a repetir la jaculatoria “Señor Mío y Dios Mío”, que se afane en mentalizarla y que no pida o muestre otra cosa ni en con la memoria o la imaginación. Que se arriende a tu necesidad y no que te inquiete con sus pensamientos. Alma mía detén tu mente invocando al Señor.

Detén tu corazón  respirando profunda y sosegadamente, como las olas del mar arribando a la playa de un mar calmo y en armonía y tiempo con la jaculatoria une el inspirar con “Señor Mío” y el espirar con Y “Dios Mío”. Hasta que sean un coro dirigido por tu voluntad que clama al señor deteniendo mente y sentimiento que aliente o perturbe. Alma mía detente y acúnate en el Señor.

En cada actividad que realices después de esta oración hacia ti, descubre el ritmo que une: mente, corazón y cuerpo en una danza que se ofrenda y enfoca al Señor. ¡Sí! en medio del bosque sin veredas, de la obscura incertidumbre, de la tentación de la separación y el juicio.  Así escucharás en lo profundo la voluntad y la verdad que te transforma, la vida que te sostiene, el camino que te lleva a la plenitud. Alma mía deja todo en manos del Señor, te entregará el camino, la verdad y la vida.

Buenos días te da Dios, alma mía, pero la bondad de Dios no cabe en la mente y el corazón, aún en tu espíritu  lo que recibes es la fuerza del amor del Señor. Por eso mira buscando el Amor que todo lo sostiene, aún en tu prójimo como en ti misma, paz y paciencia, detente y mírate en el Señor, mirándote. Mírate en Él y búscalo en ti, Alma mía el amor desvanece el temor, como la luz a la sombra. Sin importar cuantas veces caes en tentación, levántate una vez más.

 

 

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