¿Donde está el Amor?

En el tiempo te da pena, tristeza, enojo, coraje, ansiedad, temor, desolación, rencor, etc., cuando dejas de relacionarte con el Amor. El Amor está en ti, pues tú, tu prójimo y todo el universo son una expresión del Amor del Señor. Eres su Amor encarnado. Eres un Amor. Pero ¿hacia donde dirigir nuestra conciencia para descubrir el Amor?. En este ejercicio buscaremos enfocar nuestra conciencia hacia donde está el Amor. Si fueras al espejo espacio verías la imagen del Amor encarnado. 

Tiempo de lectura: 9 minutos, tiempo del ejercicio: Libre (RDP) .
Tal vez tu mente, tus emociones o tu cuerpo se rebelen, llévalas sin forzarlas. En este ejercicio siempre serás dueño de ti, sólo acepta aquello que sea para el bienestar de tu alma.

Empieza a encontrar el Amor en el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo. Pon tu conciencia dirigida hacia el fondo de tu corazón, donde está tu espíritu y deja que el Espíritu Santo se exprese en tu espíritu.

Por un momento deja de mirar las cosas o las personas y observa el espacio que une las cosas (la materia). Mira el cuarto donde estás, es un espacio que une la materia. Ve el espacio que te une a tu  prójimo. Mira tu mano e imagina el espacio que une los átomos. Siente la tierra, que te sostiene inmersa en el espacio de las estrellas en el cielo. El espacio del Amor une pero en el egoísmo está el vacío del tiempo y la materia.

Concentra tu atención en el espacio es donde está el Amor. Detén a tu mente que mira materia y tiempo y dirige tu conciencia hacia este espacio. Hacia este espacio es donde se dirige el dialogo de la oración y descubres el Amor del Padre Nuestro que todo lo une en su creación.

Descubre el Amor del Padre en el Hijo, es el Espíritu Santo. El Espíritu que los une y los reúne en la trinidad perfecta y eterna. El Espíritu Santo que es ausencia de materia y tiempo y que se expresa en tu espíritu. Tu espíritu que es ausencia de mente, emociones, cuerpo y relaciones pero que te une con la creación, el prójimo y contigo. En el vacío de este mundo temporal está el espacio de la eternidad de la creación.

En la lectura del evangelio, reconoce en tu conciencia el espacio con que une la palabra de Cristo, su testimonio de vida que está presente en el vacío de la materia y el tiempo. Por eso siempre es actual, presente y eterno.

Observa el evangelio según San Lucas (17,11-19)  los espacios donde el Amor de Cristo se expresa. Distingue, en el vacío del mundo temporal,  la presencia del Amor.

Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea.

Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia y empezaron a gritarle: “¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!”.

Al verlos, Jesús les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Y en el camino quedaron purificados.

Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano. Jesús le dijo entonces: “¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?

¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?”.

Y agregó: “Levántate y vete, tu fe te ha salvado”.

Has escuchado la palabra de Cristo y conoces sus obras. Cristo siempre está presente pues la resurrección es en su eterna presencia. Su expresión Sacramental es un acto de misericordia que tiene con nosotros para levantarnos con su Amor. Su evangelio une la antigua herencia y el nuevo testamento. Su bautizo desvanece la antigua creencia de la separación por el pecado original.

Cristo confía en el Amor con que nos creo y sabe que equivocamos e incluso esquivamos la voluntad del Padre, que es Amar. Pues Dios es Amor y el Padre quiere vivir y expresarse en el hijo. El Padre quiere envolverlo con el abrazo del Amor y que nos decidamos por el camino del Amor. Cuando contrariamos el Amor, cerramos nuestra existencia al egoísmo y nos convertimos en esclavos del vacío de la materia y el tiempo, relacionándonos por temores, ofensas y deudas. El pecado es la negación de la voluntad del Amor. Al reconocer nuestros pecados en su presencia sacramental de reconciliación, entregamos nuestra carencia de amor a Cristo, que acude a nosotros.. Cristo perdona nuestras negaciones a la voluntad de Amar, nos entrega la misericordia de su presencia y llena con la gracia de su Amor la ausencia de amor que encarnamos en pensamiento, palabra, obra o en omisión.

Cristo es la presencia del Amor en la materia y el tiempo, por su voluntad recibe el pan y el vino de, nuestro ofertorio y los transforma en su cuerpo y su sangre. Está todo y no hace falta nada en la Sagrada Eucaristía: “pan de los ángeles, milagro del Señor, Sacrifica su propia majestad , o cosa admirable que se entregue al pobre, al mendigo y al villano, servidor humilde de nuestra humanidad” para entregarnos el camino, la verdad y la vida del Amor.

Cristo es el espacio que une a la iglesia en su cuerpo místico. Contempla cuando se consagra la iglesia en Cristo al compartirse en el Bautismo, la Confirmación, en el sacerdocio ministerial . Cristo es el espacio de unión en la pareja sacramental.

Encuentras a Cristo al unir en el Amor. Es el espacio entre Dios y el ser humano, el prójimo y en ti mismo. Mira el Amor con que unge a los enfermos. Su Amor Sacramental es la guía de la sanación de tu cuerpo doliente, tus emociones desbordadas y tu mente extraviada.

Para desviarte de la alabanza y la unión en el Amor, el adversario te equivoca alimentando tu egoísmo y señalando supuestos dones en la materia y el tiempo.

Dios trino y uno en el Padre el Hijo y el Espíritu Santo, son la providencia infinita de Amor . Amor que le da sentido a tu experiencia temporal en este mundo. Escucha su Espíritu Santo, siempre presente en toda la existencia y deseoso de que lo reconozcas en el espacio de tu conciencia. Aunque hayas equivocado tus decisiones, y no tengas el vestido para recibirlo sacramentalmente, su Espíritu Santo siempre está en ti, obsérvalo en tu espíritu: búscalo en tu alma, en el espacio del fondo de tu corazón, anímate en su consejo y re-anímate encarnando el Amor en tu vida: El Espíritu Santo es el Amor con que el Padre nuestro abraza tu espíritu, cuando aceptas ser su Hijo: el camino, la verdad y la vida

Cuatro acciones para descubrir el Amor

Has oración. La oración  es el puente dónde dialogas con el Amor, es la puerta que abres al Amor del Señor.

Medita su palabra, su presencia Sacramental o invócalo constantemente con una jaculatoria. Al meditar encuentras el espacio pleno de su presencia. Meditar es el regresar al presente donde estás y el Amor existe..En la presencia del Amor del Señor, encontrarás la bendición en la ofensa, te levantarás, para andar en el camino, la verdad y la vida.

Contempla: Mira en el espacio el Amor del Señor. mira al Señor, mirarte en el Señor, mira al Señor en ti y en tu prójimo. Mira al Señor uniéndote con el prójimo y todo el universo. Mírate en la creación del Señor. en el sacrificio de Cristo y en la presencia del Espíritu Santo.

Perdona. La misericordia del Amor es perdonar. Y recibes el perdón del Señor. Te pedirá cuentas del perdón que te entrega ¿Acaso eres más justo que el Señor? Perdona y bendice siempre a tu prójimo o a ti mismo, así descubrirás donde está el Amor

Dios te bendice, acúnate en el espacio de sus bazos.

 

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