Detén mente y emociones, te pueden llevar a su antojo.

Hoy sacrificaré un gusto o un vicio por los pobres

En la consulta terapéutica es común que nuestros pacientes enfrenten los riesgos de tener la mente y emociones sin el control de su espíritu. Sin la presencia de tu espíritu personal, tanto la mente como las emociones te conmueven y llevan a su antojo envueltos en ideas, juicios o condenas, sin mirar que hay otras oportunidades o camino presente para resolver el momento en que atravesamos.

El presente lo ocultamos con resentimientos y juicios y NO miramos el regalo que el Señor nos presenta en ese instante. Para abrir el presente que nos regala es necesario, detener nuestra mente y emociones y mirar adentro, cuando esto ocurre, nuestro espíritu nos descubre en la consciencia la verdad que está presente. Esto es meditar (enfocar atentamente la consciencia a la consideración de algo. O bien tener conciencia plena).

Cuando María Magdalena llegó al sepulcro y vio que la piedra había sido removida, la primera idea que a su mente se le ocurrió fue:

“Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos donde lo han puesto”

Así les dio el testimonio a Pedro y a Juan. Su mente estaba oscura por el impacto del “Viacrucis”, Se quedó llorando junto al sepulcro escuchando la tristeza que en su memoria, el temor que se había credo en su mente que ocultaba con el pasado el día en que vivía, el día de la resurrección.

Pero cuando se asomó al sepulcro, vio dos ángeles . Este evento es muy significativo: “se asomó al sepulcro”, se detuvo a estar presente, miró hacia adentro, hacia lo que estaba presente.

En ese instante vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.

Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?». María respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».

¿Acaso era mucho pedir que descubriera el milagro que el Señor le entregaba en este instante?

Ya no era su mente quien contestaba la experiencia del presente. Era el presente lo que descubría

Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo».

Jesús le dijo: «¡María!». Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir «¡Maestro!».

San Juan 20,1-2.11-18.

De esta forma ella fue experimentando la presencia del Señor, custodiada por dos ángeles. Así su espíritu reconoció la presencia del Señor ahí donde y cuando está el camino, la verdad y la vida, . El Espíritu Santo le respondió al pensamiento que deformaba la presencia de Cristo, pensando que era el cuidador.

Así, el espíritu de María Magdalena, al escuchar su nombre pronunciado por Jesús, se llenó de gozo.

Este es el efecto de meditar al detener la mente y las emociones para estar presente y de este modo: cuando y donde estés descubrir al Señor que siempre está presente. Al Dios que es el Padre Nuestro, que nos hermana en Cristo y nos guía con su Espíritu Santo al gozo de su presencia cuando todo está oscuro, juzgamos a otros, mientras lloramos, sentimos la ausencia del Señor y no sabemos donde encontrarlo.

Al detener tu mente y emociones descubrirás tu presencia en el Señor y experimentarás al Señor presente.

Medita invocando a Jesús, confiando en su presencia. Al inhalar invoca a“Jesús” y al exhalar reconoce su presencia diciéndole: “en tí confío”

Si es necesario mil veces al día que tu mente solo se ocupe de decir “Jesus, en tí confío” que tu respiración contenga tus emociones respirando al ritmo suave y sosegado de las olas del mar. Mil veces “Jesus”(al inhalar) “En ti confío”(al exhalar).

Hasta que en consciencia plena que escuches a Jesús decir tu nombre y tu le reconozcas como ¡Maestro! en el camino, la verdad y la vida..

En conciencia plena, confía en Jesús, Dios te bendice y viene a tu encuentro.

Deja un comentario