¿Cómo quitar el temor?

Alma mía, si el Amor es el camino, la verdad y la vida, entonces sólo podremos resolver una crisis al creer en el Amor. El Amor está siempre presente pues Dios es Amor, para resolver los temores hazlo invocando al Amor.

Dios es amor (Juan Juan 4:7-9)

Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros: en que Dios ha enviado a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de El.

Haz oración

Cuando haces de la oración un dialogo con Dios, necesariamente lo estás invocando, estás poniendo en tu conciencia el Amor que te creó, el camino y el destino. Amar y orar es la misma acción, pues al orar estás confiándote al Amor del Señor. Amor presente en la creación del Padre Nuestro. Amor presente en los misterios Sacramentales donde Jesucristo está alimentándonos como fuente de agua viva. Amor presente en nuestro espíritu con el Espíritu Santo, Amor del Padre y el Hijo en nuestra existencia.

Alma mía imagina que en tus manos ha llegado una carta de San Pablo (13,8-10), tú estás con los Romanos y escuchas que comienza diciendo:

Hermanos:

Que la única deuda con los demás sea la del amor mutuo: el que ama al prójimo ya cumplió toda la Ley.

Porque los mandamientos: No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquier otro, se resumen en este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

El amor no hace mal al prójimo. Por lo tanto, el amor es la plenitud de la Ley.

El temor es la ausencia de Amor, como la sombra es la ausencia de luz y el frío la carencia de calor. Si el Amor del Padre Nuestro y Jesucristo está presente en el Espíritu Santo que alienta tu espíritu. Entonces abre la puerta de tu conciencia que es tu espíritu.

Medita

El temor es un puente al futuro, por eso es necesario que regreses al presente donde si puedes transformar con el Amor. Con la oración invocas al amor y con la meditación regresas al presente para acunarte en el Amor: Detén tu pensamiento que alienta el temor, manda a tu mente que repita una jaculatoria como “Señor mío y Dios mío”. Calma tu emoción respirando suavemente y a inhalar que tu mente diga “Señor mío” y al exhalar “ y Dios mío”. Controla a tu cuerpo poniéndolo de forma cómoda: sentado, espalda recta, plantas de los pies bien apoyadas, manos sobre tus piernas, de tal manera que no te distraiga tu cuerpo mientras te acunas en el Amor del Señor. Diez minutos serán suficientes para comenzar a disipar el temor, pues comenzarás a tomar conciencia del Amor del Señor.

Perdona

Insiste en descubrirte en el Amor, sólo el temor de Dios es verdadero, temor de perder la vida que viene del Amor, temor de contrariar el camino de la voluntad de Dios, temor de mentirnos, que es el amor es el camino, la verdad y la vida. Cristo viene a que vivas la voluntad del Amor, deja que tu espíritu sea guiado por su Espíritu. Si equivocas, descubre el perdón, el Perdón es encontrarla la bendición y la lección de Amor que se oculta tras la ofensa. El perdón es vivir el Amor que dice”levantate, toma tu camilla y anda”.

El temor anuncia lo que “no es”, pero “Dios es y basta” (Poema de Santa Teresa de Ávila)

Nada te turbe,
nada te espante, todo se pasa,
Dios no se muda,
la paciencia todo lo alcanza,
quien a Dios tiene nada le falta
sólo Dios basta.

Contempla

Ante el temor contempla. Deja todo para encontrar el Amor:

Mira a Dios,
mírate en Él,
mira a Dios en Ti.

Ama a Dios,
ama su amor hacia ti,
ama el amor en ti,
ama con su Amor.

La buena noticia

Alma mía, escucha en el eco del silencio lo que el Señor te expresa. Imagina y que estás en el momento que relata San Lucas (14,25-33) en el evangelio:.

Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo:

“Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo.

El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.

¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla?

No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo:

‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar’.

¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil?

Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz.

De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.” ,

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