¿Cómo aumentar mi fe?

Alma mía, la fe es una acción de tu conciencia que mira con los ojos de lo profundo hacia la altura del Señor para transformar el mundo. Es un Don que nos regala el Señor, pídele que aumente tu fe, que ilumine la seguridad de que el Amor que crea el cielo y la tierra está presente n tu vida para hacerse presente en la vida que te rodea, a imagen y semejanza. Te dueles y te confundes por la ausencia de fe cuando dejas de estar en contacto con el Señor en Oración, permites que el mundo te invada y olvidas darle espacio y tiempo al Señor . Alma mía limpia el brillo de la fe, retírate en el Señor.

En la conciencia la presencia de Dios viene y va como las olas del mar hasta que no tomas conciencia plena de que el océano y aún la esencia de la tierra y el universo están presentes en tu vida. Dejas que apenas toque tu conciencia como una simple ola y te regocijas del gozo de sentirlo, pero el mundo terrenal se interpone y parece que se aleja de ti la fe en el Señor y la fortaleza, consuelo y gozo del amor parece desvanecerse.

El Señor nunca nos abandona, somos nosotros quienes abandonamos en conciencia al Señor. Alma mía hagamos un plan para ir abriendo la conciencia de la fe, día a día hasta que te llegue el día de la desencarnación y sea plena la fe en tu conciencia alma mía. Sabes entonces que la fe no es tu decisión, luego entonces la conciencia de la fe si lo es, debemos formar nuestra atención para que mire la fe y la observe cuando pierda presencia. Alma mía día a día entrégate al encuentro con la  fe.

1.- En la mañana has de saludar al Señor. antes de siquiera levantarte, dirigiendo tu conciencia a su presencia en ti, mirándote en el Señor. Luego extenderás el saludo a tu prójimo si puedes usar la oración pequeña de: “Buenos días te dé Dios” o la fórmula breve: “Buenos días” tomando en tu conciencia de que el Señor también está en su espíritu. EL tercer paso es mirarte y saludarte deseándote los buenos días despertando en tu conciencia la certeza de que Dios te bendice y está contigo y  te abandonará. Así pasarás 10 minutos para meditar el evangelio del día o bien hacer el ejercicio espiritual del día.

2.- Habiendo alimentado tu conciencia, ve a la mesa al desayuno y entonces bendice los alimentos que vas a comer, bendice al Señor que permite que los tengas a tu disposición diciendo: “Bendice Señor estos alimentos que vamos a comer, tú nos los das por quien eres, no porque los merezcamos, bendice a quienes trabajaron para que disfrutemos de este alimento. Bendice a nuestra familia, a quienes nos quieren y no nos quieren, a nuestros difuntos. Apoya a quienes piden que intercedamos por ellos. Bendice la labor de nuestro día (añade las peticiones y agradecimientos que creas convenientes). Dale pan al que tiene hambre y hambre de ti a los que tenemos pan”. Invítalo a sentarse en tu mesa, con nuestra madre la Santísima Virgen. Si tienes oportunidad comparte el alimento con quien no lo tiene.  Has esto en cada alimento que el Señor te regale durante el día.

3.- Si tienes oportunidad asiste al encuentro del Señor en el Sagrario o que mejor al milagro más maravilloso que la humanidad tiene: “La Santa Misa del día” donde Cristo bien en el nombre del Señor a consagrarse para que tu te consagres al Señor, lo recibas en su palabra, en tu corazón y sea alimento de cuerpo y espíritu. EN caso de que no puedas recibirlo por alguna razón, has una comunión espiritual, pero nunca te separes del Sagrario sin recibirlo. Durante el día recibe también a Cristo en tu prójimo, sobre todo en el doliente, en quien sufre.  Lleva a tu conciencia la presencia del Señor en tu prójimo como en ti mismo, especialmente en los niños a quienes nunca escandalizarás por ningún motivo.

4.- Al llegar al fin de tu día, dale las buenas noches al Señor, al prójimo y a ti alma mía.

5.- Ya en tu lecho de descanso, harás tus oraciones para encomendarte al dormir y concluirás con el Santo Rosario, harás un acto de conciencia sobre los misterios de gratitud, dolor, perdón, necesidad, etc., que fueron más relevantes en tu día y son los que te llegan en la noche. Misterio por tu familia, especialmente por quien necesita que intercedas, misterio por el doliente que encontraste, por el trabajo, por las ofensas que tienes que perdonar, dedica un misterio por el descanso eterno de las benditas ánimas del purgatorio. Alma mía, haz este piadoso ejercicio para clamar al Padre Nuestro en compañía de la Santísima Virgen que ruega por nosotros y con nosotros.

La Palabra de Dios

Lucas 17, 1-6

Dijo Jesús a sus discípulos: «Es imposible que no haya escándalos y caídas, pero ¡pobre del que hace caer a los demás! Mejor sería que lo arrojaran al mar con una piedra de molino atada al cuello, antes que hacer caer a uno de estos pequeños. Cuídense ustedes mismos. Si tu hermano te ofende, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo. Si te ofende siete veces al día y otras tantas vuelve arrepentido y te dice: “Lo siento”, perdónalo». Los apóstoles dijeron al Señor: «Auméntanos la fe». El Señor respondió: “Si ustedes tienen un poco de fe, no más grande que un granito de mostaza, dirán a ese árbol: Arráncate y plántate en el mar, y el árbol les obedecerá”

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