Salta de alegría

Alma mía que descubras el gozo del Espíritu porque el Señor está contigo, brinca de alegría en el vientre de la tierra porque se encarnó para que resucite y conozcas el amor y la paz.

2015-12-11 23.59.22Salta de júbilo porque el Señor propicio a los seres humanos para encarnar su amor en la tierra. Ha querido cosechar amor en la humanidad. Brinca de gusto porque su misericordia te alcanza, aún en tus culpas, porque perdona que contradiga su voluntad y confía en que te levantarás para entregar a tu prójimo la caridad que te ha confiado.

Cree en el anuncio a la virgen, en el anuncio de Cristo, en el Espíritu Santo que te habla desde el fondo de tu Alma y se dichosa. Ve con tu prójimo y dile que el Señor ha sembrado su Espíritu en ti y mira como tu prójimo brinca de gozo al saber que el Señor está en ti.

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«Magnificar al Señor y saltar en Dios»

El Ángel había anunciado a la Virgen María los misterios. Para afianzar su fe mediante algún ejemplo, él anunció la maternidad de una mujer estéril y ya entrada en años, manifestando así que Dios puede hacer todo cuanto le place. Desde que lo supo, María se dirige a las montañas… con el regocijo de su deseo, como quien cumple un piadoso deber, presurosa por el gozo…La gracia del Espíritu santo ignora a los lentos… Bien pronto se manifiestan los beneficios de la llegada de María y de la presencia del Señor.«La criatura saltó de gozo en el seno de Isabel, y ella quedó llena del Espíritu Santo…¡Dichosa, dice ella, tú que has creído!»

P1420398Dichosos también vosotros, porque habéis entendido y creído; pues toda alma creyente concibe y engendra la palabra de Dios y reconoce sus obras. Que en cada uno resida el alma de María para glorificar al Señor; que en cada uno esté el espíritu de María para alegrarse en Dios. Porque si corporalmente no hay más que una madre de Cristo, en cambio, por la fe, Cristo es el fruto de todos; pues toda alma recibe al Verbo de Dios, a condición de que, sin mancha y preservada de los vicios, guarde castidad con una pureza intachable. Toda alma, pues, que llega a tal estado proclama la grandeza del Señor, igual que el alma de María la ha proclamado, y su espíritu se ha alegrado en Dios Salvador. Nosotros leemos en otro lugar:«Proclamad conmigo la grandeza del Señor»(Ps 33, 4).

El Señor, en efecto es engrandecido no porque la palabra humana le pueda añadir algo, sino porque él queda engrandecido en nosotros. Pues «Cristo es la imagen de Dios»(2Co 4,4; Col 1,15).Y por esto, el alma que obra justa y religiosamente engrandece esa imagen de Dios, -a cuya semejanza ha sido creada- y, al engrandecerla, también la misma alma queda engrandecida por una participación de la grandeza divina.

San Ambrosio (c. 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia
Tratado sobre el Evangelio de San Lucas, libro 2,19, 22-23, 26-27; PL 15, 1559-1562.

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