A Jesús por maría

Alma Mía corre al encuentro de La Santísima Virgen María, ella sabe cómo amar a Dios sobre todas las cosas; cómo amarlo al encontrar su voluntad, encarnarlo en su vida, apoyada en la verdad enfrentar los peligros y las críticas, sabe cómo recibirlo y entregarlo, siempre con Jesús, siempre hasta su cruz, muerte y resurrección. Corre y entrega todo a a Jesús por María.

Recuerdas alma mía cuando te enseñaron a escribir en la página de tus tareas las iniciales de ”AJPM” (A Jesús por María) recordando que la labor era ofrenda para Dios. Así como su vida, siempre ofrenda a la voluntad del Padre Nuestro, con el Espíritu Santo en Jesús.

Alma mía con tanta dulzura ella te llamaba hijo en tu orfandad y al aceptarla como madre entregada por el cielo en la cruz y la redención ella te entregaba a Jesucristo, su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad como el tesoro más grande de su existencia, como el consuelo más firme que el amor puede entregar.

Tantas veces ha estado presente junto a ti cuando la invocas en la oración del rosario y luego de reconocer siete veces su presencia, pedirle que ruegue contigo ante Dios nuestro Señor, ahora y en la hora de nuestra muerte. Y ella abrazando procura encaminarte abrazándote a la presencia del Padre el hijo y el Espíritu Santo del Padre con el hijo que la transformó.

Su silencio y su tierna presencia, su cobijo protector, sobre todo en los momentos de duelo, de debilidad y de carencias. A pesar de que no la mirabas e incluso llegaste a dudar de su presencia. Ella siempre como madre buena no permitía que tu dolor, tu sufrimiento, tu necesidad, tus temores te apartaran. Siempre presente junto a la consagración en la eucaristía, consagrada a consagrarte al consagrado por nosotros.

¿Te has mirado en el pesebre? Ese nacimiento es la cuna divina de la divinidad de tu humanidad. Esa inocencia en la pobreza y la fuerza en la carencia es la ofenda que te hace María con el resguardo de José

Mírate en la virgen que aceptó mirarse en la voluntad del Señor para darte la voluntad del amor de Dios encarnada en el Hijo, con el Espíritu Santo para salvarte, para darte dignidad. Acaso te gustaría recibir a Dios en el pesebre de tu corazón, acunarlo entre la paja de tu mente y el aliento de tus emociones contradictorias . Dejando que brille en tu espíritu el amor del Espíritu Santo que es uno con el Padre y el Hijo. Mira a María en tu corazón entregándote al Señor al templo de tu alma. Ahora son uno, somos uno con la humanidad al despertarla al amor, en la paz, la libertad y la abundancia de Dios en tu corazón como en el de tu prójimo

Ahora alma mía, déjate abrazar por su manto que desde el cielo viene a tu encuentro para interceder por ti, por los tuyos, por quienes te odian y te aman, por tus hijos, tu familia, tus difuntos, tus necesidades, tus deudores , por quienes te ofendes y te ofenden. Por quienes carecen del pan por los sacramentados en el bautizo y quienes no lo conocen. Nuestra madre siempre es misionera, siempre entregando a Jesús nuestras peticiones.

Conversa vuélvete hacia el espíritu maternal de María para que te lleve al Señor y abre tu corazón…

(PAUSA)

Contempla a María en el relato de Lucas, mírate ahí

Lucas 2:16-19

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón

 Reflexiones sobre la lectura de hoy

Los pastores podrían ser las últimas personas y las menos probables para ir con las noticias – y sin embargo acá están, llevando la buena nueva que cambiará el mundo! Yo puedo pensar de mí misma/o como un improbable anunciador del mensaje del Evangelio. Me recuerdo que esto no es acerca de mi solvencia, sino que yo he sido llamado a hablar la verdad como yo la conozco.

Si bien hay mucho de qué hablar, María, en silencio, lo sopesa en su corazón. Yo considero qué significa esto para mí, cómo podría yo reflexionar y traspasar a mi corazón las cosas que causan asombro. Le pido al Espíritu Santo que me ilumine y me lleve a la sabiduría y a la luz.

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